Y, poco a poco, el sillón orejero va tomando forma, ahora sólo queda ensamblar los costados y montar las orejas.
Las costados, brazos y orejas recién mecanizados entre la famosa y siniestra tupi y la universal.
Las piezas junto a los respaldos y delanteros, listas para montar.
El Capri ya montado y bien sujeto con los gatos, los mismos que usaba mi padre y que han apretado varios miles de piezas entre butaquitas, pufs, banquetas, sillones, sofás, divanes, sillas, silloncitos.
El orejero a falta de pulimentar las patas, después llegará el turno del tapicero, de las telas, del hilo, de los rellenos, de las cinchas elásticas, del gusto y del mimo de sus manos.
Y justo cuando terminaba los tres orejeros, Joaquín me llamaba para confirmarme que la clienta había decidido colocar también un hermano mayor de los sillones, un sofá orejero de 1.60 m.
En la imagen se puede ver ya con las patas pulimentadas.
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