domingo, 23 de octubre de 2016

WEGNER Y EL OREJERO DESCONOCIDO.







      
 El Papa Bear lo vió todo, me vió inclinado sobre los planos, cortando con las tijeras, dudando, observando. Me vio alejarme hasta la sierra de cinta y también vio a Ángela Ferrer cuando entró en el viejo taller de esqueletaje y me sorprendió excitado, encolando las orejas del curioso sillón de aires antropomorfos que me habían encargado. Una pieza que me recordaba al sillón de Freud y a los despachos de primeros de siglo en los que predominaba la caoba, el nogal y el cuero rojizo o verdoso.
 

 
 
    Y el Papa Bear me sigue observando cuando termino de montar la banqueta a juego del sillón desconocido. Alzo la vista y lo veo observándome, llego a creer que está vivo y que no estoy solo en el taller, incluso cuando cierro los ojos  veo sillones, veo formas, a veces imágenes que no me gustan, entonces adelanto la mano y trato de corregir las plantillas, o me angustio porque lo que veo no me gusta. Veo sillones incluso reflejados en los coches, o proyectando sombras, veo esqueletajes proyectados sobre mis parpados cerrados y el resto se difumina.
 

 
 
 
   Los miro y me entretengo observando la diferencia de los estilos, las curvas del sillón desconocido y las peculiares proporciones del Papa Bear, apenas curvas pero transmiten la sensación de escape, de huida de esas líneas rectas que parecen vivas, que incluso me hipnotizan y de nuevo llenan mi visión y mi mente... el resto se difumina.

jueves, 20 de octubre de 2016

UN PAPA BEAR CHAIR VIENE A VERME.






         El delantero se arquea y las patas ligeramente cónicas se inclinan firmemente encastradas en la pieza a caja y espiga. Aprieto con el gato, sonrío cuando la cola blanca rebosa y después encajo la pieza entre los costados, también cajeados, de nuevo el gato las une y la cola vuelve a escapar entre las juntas.
      Me alejo unos pasos y siento un escalofrió... con ese detalle el Papa Bear se parece mas que nunca a la mítica pieza de Wegner. La siento mas digna, mas cercana, mas honesta y eso me hace sentir bien, me proporciona un placer difícil de explicar.

 
 
 

   Lo observo ya terminado y sigo envuelto en la magia, en el placer íntimo que me proporcionan sus formas, sus desproporciones, las mismas que me causaron repulsión cuando lo vi por primera vez. En aquel momento me pareció extremadamente feo, sin armonía, casi grotesco... se alejaba tanto de los sillones que fabricaba normalmente. No era un orejero clásico ni un sillón moderno de líneas rectas, era algo diferente, extraño, deforme... y desde luego, en aquel momento no podía ni imaginar que ese icono del vintage danés iba a inspirar una novela que se titularía "La decoradora".
  Y es curioso, de la misma forma que el monstruo da una lección de vida al muchacho, el Papa Bear apareció en mi vida para ayudarme a tratar de ser un mejor esqueletero.