lunes, 27 de agosto de 2012

AD, Architectural Digest, número 72. Septiembre 2012




Voy a confesar que el color de la portada de AD me ha hecho comprar la revista sin vacilar, ilusionado y animado por ese amarillo intenso, aderezado con titulares en rojos, verdes y negros que hablaban de lo mismo, del color y su influencia, hasta el punto de compararla con los efectos del popular Prozac.
Y siguiendo con las confesiones, ya en el Editorial, la directora de AD, Montse Cuesta, nos invita a fundirnos en los universos de color que nos prepara en este número que ya se asoma al otoño, puede que escapando de un verano caluroso y envuelto con la angustia de esa crisis, a la que la misma directora se refiere sin tapujos al titular el editorial con un titulo muy claro y directo.
“EL COLOR EN TIEMPOS DIFÍCILES”
Pero pese a esos tiempos difíciles o puede que impulsados por ellos, en las siguientes páginas me encuentro con un caudal inagotable de colores, de ideas, de muebles, objetos, salones, dormitorios,  habitaciones inundadas por esos colores que tanto influyen en nuestros estados de ánimo. Incluso, los animales encuentran su sitio en ese cosmos colorista que AD ha recreado para nosotros y podemos ver la cornamenta de un gamo colgada de una pared azul cobalto, casi como si fuese un cielo, el cielo de un paraíso en el que surgiese la vida animal, en la que un coatí y un ibis comparten silencio, junto a la mirada de Zaza, la mascota de Florian Seyd y Ueli Signer, en Amsterdam. 
Sin embargo, de entre todos esos animales, algunos disecados y otros hechos de resina, me quedo con esta maravillosa fotografía de mi amigo Goyo, de ARS NATURA. La impresionante cabeza de un rinoceronte blanco surgido tras décadas a la intemperie y de entre las manos de la propia naturaleza.



Verdes, rojos, anaranjados, azules, amarillos, rosados…, todos los tonos y gamas parecen tener un lugar de la mano de decoradoras y decoradores con gusto y con ánimos de renovar el presente con piezas del pasado, con estilos de otras épocas que, curiosamente, irrumpen en el nuevo siglo cargados de fuerza y expresión. Incluso, el peculiar tono de la piel, el tono de cuero tiene una página especial en la seccion Buscador AD titulado “Cuero quiero”, nos descubre la tienda A Fleur de peau, en pleno mercado de Las Pulgas, en Francia. Describen el mimo con que sus propietarios fabrican, tapizan y restauran la piel de los llamados sillones Club, siempre manteniéndose fieles a los estilos y tendencias que marcaron las modas de los años 20 a los 60.

Durante unos instantes observo los modelos de las fotografías y puedo concluir que los he hecho todos y que los sigo haciendo. De vez en vez, los clientes vienen con alguna fotografía de esos sillones Club y a los pocos días ya tienen el esqueletaje, de la misma forma que en la revista me encuentro con un par de Chesters que también me son muy familiares, sigo viendo sus estructuras interiores de madera y no puedo dejar de murmurar por lo bajo.
- "Ésos los puedo hacer…"

Igual que muchas de las butacas y de los sofás que aparecen en AD, casi todos ellos vestidos con telas a tono con el lema de este mes, con tejidos coloristas, vivos, llenos de luz y reflejos, como la versión en azul de un sillón que recuerda mucho al Papa Bear de Hans Wegner.

Esta imagen pertenece al reportaje gráfico que ilustra un interesante artículo titulado "El rastro de Madrid renace"
Y como buena revista de decoración, AD, recoge la nueva tendencia en cabeceros, el clasicismo eternamente elegante del capitoné y las orejeras, en el modelo de la fotografia esas orejas se insinuan como dando pistas de por donde irá la estetica de los dormitorios.

lunes, 20 de agosto de 2012

UN SOFA DE 7000 EUROS.



Este mes de agosto la revista ¡HOLA! edita un número especial sobre decoración. La he comprado y lo que más me ha llamado la atención ha sido el precio de uno de los sofás que Cristina Ybarra recomienda en una sección titulada "a la manera de CRISTINA YBARRA". En la página muestran desde una banqueta de estilo isabelino, pero un estilo isabelino algo descafeinado, hasta un sofá de Christopher Guy valorado en 7078 euros. Y ciertamente me he puesto las gafas de cerca y después de examinarlo no he podido justificar esa salvajada de precio por ninguna parte. Admito, al mismo tiempo, mi imperdonable ignorancia al no saber quien es Christopher Guy pero lo que si sé es cómo hacer ese sofá.

En la imagen, el sofá de más de 7.000 euros....¡¡¡¡¡¡
La base es de madera vista, con una talla muy ligera y con patas al estilo Chippendale pero con las aristas vivas. Esa base la haría Jaime Fabra con una mano atada a la espalda. El dorado que se aprecia lo podría hacer, sin ningún problema, Vicente Boluda utilizando pan de oro auténtico. Obviamente yo me encargaría del esqueletaje y de sacar las plantillas, aunque realmente, la forma del reposabrazos recuerda bastante al modelo que diseñé y fabriqué para mi amiga Mariangeles.
¿Y quién lo tapizaría...?, un pregunta tonta, podría tapizarlo mi amigo Tapestry, Julián y José Gémez, José Castillo, Juan Vicente Comes, Miguel María..., cualquiera de ellos podría vestir ese sofá de manera exquisita y sin envidiar nada a ese original..., y así, a
bote pronto casi me atrevería a decir que podría salir por unos 2.500 euros.
En fin, cosas del diseño y del prestigio...,pero bueno, de la revista también me han gustado algunos de los rincones de la casa de Benedetta Tagliabue. Es una especie de estudio, algo caótico pero, al mismo tiempo, armonioso. Me gusta, sobre todo, la mesa hecha con dos tablones en los que se pueden apreciar los nudos y la forma original del árbol y una discreta mecedora que aparece a la izquierda. Se trata de otra creación de los hermanos Eames, es la conocida mecedora RAR (rocket rocking arm). Curiosamente esta silla no va a ser la única pieza de los Eames que encontramos en la casa, en otra de las estancias nos encontraremos con la longue chair Eames.


Y en las primeras páginas, en la sección de novedades me he fijado en dos piezas, en una especie de Chester de
Poltrona Frau, que no aporta nada y que dista mucho de lo que es un auténtico Chester, como los que ha utilizado Cristina Ybarra para decorar uno de los salones del Palacio de Portocarrero. En la foto se puede apreciar la forma de herradura de los reposabrazos, el capitoné y una curiosidad, el asiento fijo sin cojines.


Pero regresando a esa sección de tendencias también me he fijado en un cabecero de madera vista con orejas, que parece que va a marcar tendencia. A mitad de julio, hice uno de estos cabeceros con orejas, pero hasta septiembre no empezará a tapizarlo Juan Vicente Comes, si consigo fotos habrá post, pero de momento una imagen del esqueletaje del cabecero.




martes, 14 de agosto de 2012

SOFA DE DISEÑO MAS CHAISE LONGUE.



Manolo ya me preguntó hace unas semanas si podía hacerle un conjunto de sofá más chaise longue para su hijo, como ya conté, vino una tarde y me enseñó la lámina, pues bien, antes de irme de vacaciones empecé a trabajar en él, justo a mediados de julio, cuando el telefono se muere, cuando enmudece, cuando se calla y termina entrando en un inquietante letargo estival para desperezarse en septiembre; siempre ha sido así y espero que siga siéndolo.
El armazón parece que pierde impacto junto a los gigantescos reposabrazos, realmente es lo que más destaca de este conjunto, pero cuando esté tapizado aún será más espectacular porque en esos mismos reposabrazos irán encajados unos cojines que deberán recrear una continuación de los cojines de los asientos.
Y precisamente por esa anchura tuve que encolar varios tablones, como siempre, cola blanca, gatos de apriete, fieles y callados, firmes, tenaces, inamovibles.



Después venía marcar las consolas y cortar en la sierra de cinta, hasta ahí todo era relativamente fácil, la complicación venía a la hora de ensamblarlo al bastidor. Un reposabrazos con ese vuelo resulta una eficaz palanca para sentarse en él y arrancarlo. Fue necesario fijarlos antes de montar el armazón con cola y tirafondos.


Las consolas o reposabrazos ya unidos a los largueros y traseros.


La chaise longue recibiendo los brazos.


El sofá en el que se pueden apreciar las cartelas separadas del respaldo para permitir introducir la tela y los rellenos por la junta.





domingo, 5 de agosto de 2012

NUEVO ESTILO, NÚMERO 413, AGOSTO.



Nuevo Estilo viste su portada de agosto mirando a las plácidas costas mallorquinas desde la terraza de una casa de ensueño, los vasos azules y la tapicería del mismo color parecen salpicaduras de ese Mediterráneo, de ese pedazo de mar cargado de historia y de vida. Pero en este número no solo nos muestra esta casa, bautizada en la misma portada como casa oasis; en las páginas interiores nos invitan a visitar más casas de ensueño, nos invitan a asomarnos a miradores que se vuelcan de nuevo sobre las aguas del Mare Nostrum, en las que predominan los blancos y los azules, en las que predomina el movimiento, el ir y venir de las olas o el trasiego subacuático de las corrientes marinas. Pero una vez dentro de este sueño de casa, no termina de gustarme la decoración, exceso de blancos, ausencia de tonos cálidos y, sobre todo, ausencia de algo que relacione la abundancia de vida del mar y su diversidad biológica con esa misma decoración, pero bueno, éso es una cuestión de gustos y los míos son algo raritos.


Incluso la piscina resulta contradictoria en una vivienda a orillas del mar o puede que ese mismo mar se halla convertido en el fondo...., en otra pieza de la decoración.

Sin embargo, en otra de esas casas descubro el lado extremo, todo piedra, todo sobriedad orgánica, todo esencia como reza el titulo del artículo. Su pétrea fachada me gusta, a mi es la que más me gusta, insisto, quizás por esa abundancia de piedra, quizás por esos jardines en bancales retenidos por muretes de más piedra encajada, quizás porque las aberturas de la fachada mantienen viva la esencia de esta casa y su funcionalidad básica de palomar y establo.



En su interior, la piedra vuelve a llenar todo lo que podemos ver, asoma la viguería de madera pero el material básico, el material de la tierra, está omnipresente y a mi me llega a recordar los pasillos de un monasterio o a sus propias celdillas. La decoración es casi tan sobria como la piedra, como los imponentes muros que nos rodean y nos envuelven, ni siquiera hay armarios en la cocina y los útiles cuelgan de una placa métalica, que trata de aligerar esa maciza dominancia de la piedra, realmente es un guiño a la pulcritud y limpieza que debe de reinar en una cocina.



En el exterior, apenas si hay cobertura que nos proteja del sol, los centenarios olivos transplantados necesitarán de otros cien años para poder cobijarnos bajo su sombra y de nuevo, los muretes fraccionan los espacios y unas tumbonas de madera invitan a reposar junto a una piscina serena y envuelta por los guijarros y la eterna piedra.




Quizás esta casa desentona con el resto de los contenidos de la revista, con las casas burbujas plantadas en mitad de los bosques o con todas las sutilezas decorativas que nos muestra entre sus páginas, desde la pureza del córvido que decoraba el salón de la Eames House hasta la recreación en arce sin pulimentar de los hermanos Boroullec, de esa misma pieza.


Pero como el oficio deforma la mirada, no puedo evitar fijarme en los tapizados de este número estival y ya en la sección Verlo y Quererlo, descubro dos piezas interesantes, un sofá de los años 50, diseñado por Bengt Ruda y, justo en la página anterior, una silla que me recuerda muchísimo a la serie Contour de Grant Featherston, esa cruceta inferior y las líneas fluidas vuelven a llevarnos a la década de los cincuenta.



Y otro articulo interesante ha sido la reseña biográfica de Joe Colombo, según describe Ana Isabel Hernández, “Fue un visionario, un creador sin parangón que siempre miró hacia el futuro…”, y leyendo este magnífico artículo descubres que siempre han existido personas que se adelantaron demasiado a su tiempo. Colombo se obsesionaba con la multifuncionalidad y creaba ambientes tan futuristas y prácticos que solo podían surgir de una mente inquieta y que veía los entornos de una forma especial, diferente, única.