martes, 24 de noviembre de 2015

OREJERO CLASICO CONTRA OREJERO MID CENTURY.





 
 
 

  Patas Chippendale, volutas en brazos y en orejas, reposabrazos en media luna. La descripción de un orejero clásico, las señas de identidad del sillón en el que todos hemos reposado, el sillón de lectura, el sillón de la siesta digna, el de la cabezada fugaz, el sillón eterno que todos conocemos y que permanece en nuestra memoria, el sillón amigo que se contrapone al peculiar estilo del Mid Century, que el esqueletero recupera creando un modelo original que bebe de la serie Contour de Grant Featherston.
 

 
   En el Mid Century las líneas son fluidas, sinuosas, no hay cortes ni baches no hay volutas y el pecho de paloma que inspira las Chippendale varía hasta convertirse en una cruceta de patas ligeramente cónicas. Origen australiano, aires escandinavos para una futura tapicería muy distinta a del orejero clásico, ceñida al armazón, pegándose a la madera, el relleno justo, se rinde culto a las formas de la materia prima. Pero el cliente español desconfía y viéndolos juntos se decanta por el orejero clásico, por sus reposabrazos, por las orejas que llaman al reposo y a la intimidad del momento en el que se retrepa contra la riñonera, contra el respaldo generoso y mullido.
   El Mid Century es delgado, insinuante, pero no tiene la calidez que despiertan los recuerdos, es demasiado novedoso y puede que ni tenga historia, no se ancla a nuestra infancia, a las tardes con los abuelos, al despacho de papá o al reposo de mamá cuando escuchábamos su corazón pegado a nuestra oreja y cuando nos escondíamos de las miradas, detrás des esas otras orejas, las del orejero clásico.
 
 
 
 
 
 
 
 

 



martes, 17 de noviembre de 2015

UNA SONRISA DE SATISFACCIÓN.





     
 
Durante hoy he sonreído en varios momentos mientras montaba los dos Hybrid que he vendido, pero no sonreía por la venta en si, sonreía por la satisfacción que me producía el hecho de que dos personas hubiesen elegido  mi sillón para llevárselo a sus hogares.
    Realmente es una venta ridícula, es algo casi insignificante a nivel económico, pero me ha hecho sonreír, me ha hecho trabajar con entusiasmo y con alegría y me ha devuelto algo de esperanza.
 
 




      

viernes, 6 de noviembre de 2015

LA DAMA DE ZANUSO Y EL ESQUELETERO.



                                                                              



       Siempre es así, me pongo el caso, escucho el sonido en frio del motor en V de la 535, suena el típico clonk al engranar primera y viajo en el tiempo, aterrizo en la tapicería de Juan Vicente, después de salir del túnel, contengo la respiración y allí mismo, justo en el rincón en el que conocí a Joseph Hoffman y a Charles Eames, me encuentro con el Lady  (1951) de Marco Zanuso.

                                                    
 



    Pequeño, de asiento bajo, dulce, de perfiles muy suaves y líneas casi tímidas. Me acerco a la creación mas celebre y conocida de Zanuso y me siento, me recreó, me sorprende la escasa altura del asiento, veo a mis rodillas demasiado altas pero me encuentro cómodo, mis brazos reposan relajados y sonrío dejándome acoger por un diseño mítico, por un Bel Design que reposa actualmente en el Moma y en algunos hogares privilegiados, pero eso si, reposa siempre sutil, inofensivo, sin una sola arista, sumiso, callado, siempre a la espera, siempre dispuesto a mitigar nuestra fatiga, aunque también es capaz de mostrarnos un rostro oculto, una vista contundente cuando te agachas frente a él y lo contemplas a ras de las baldosas, a ras del terrazo, a ras del parqué.


                                               




 

lunes, 2 de noviembre de 2015

EL SILLON MAS FAMOSO DEL MUNDO.




 

 
 

       Se habla mucho de innovar, de buscar nuevos diseños,  de plantear nuevos enfoques, de idear nuevos planteamientos, de abrirse a otros estilos, a otras estéticas, a otras formas de concebir la decoración o la tapicería...., pero al final resulta que lo que funciona es lo de siempre, lo de toda la vida.


 


 
   Desde hace un par de años he replicado alguno de esos iconos famosos del diseño, disfruté con el Papa Bear, me gustó la peculiar estética del Pelikan, la poesía del Poeten, la frescura y gracia del R-160 o la leyenda que envolvía al modelo perdido de Finn Juhl, pero todos esos diseños fueron cayendo lentamente en el olvido, sin embargo, los orejeros de toda la vida que he hecho hoy se siguen vendiendo pese a todo, pese a su estética clásica, pese a estar hartos de verlos en las casas de nuestros abuelos o en los despachos de nuestros padres, pese a encontrarlos en las casas de nuestros amigos, en la casa de los padres de la novia o en salón de la casa de los padres del novio, están en todas partes, quizás por eso se siguen vendiendo sin apenas haber variado sus formas en lo esencial.
   El orejero de siempre nos es tan familiar y conocido que se sigue vendiendo pese a las modas y las tendencias, con aires mas o menos serios, mas o menos clásicos, con faldón o con patas Chippendale sencillas, sin tallas pero con un toque de clase que añade distinción al anónimo orejero de toda la vida, con telas modernas y simpáticas, con acabados mas actuales o con aires renovados como el RO de Jaime Hayon...., pero creo que el secreto está en la comodidad intrínseca y en la familiaridad.
    Por cierto, Rosa Herrero, en uno de los mejores post jamás escritos sobre sillones orejeros, ya nos cuenta que esta querencia por los orejeros data de la Edad Media, los señores feudales pasaban largas horas sentados en ellos, frente al fuego y a salvo de las gélidas corrientes de aire que barrían los enormes espacios abiertos de sus castillos....,