miércoles, 31 de diciembre de 2014

TELARAÑAS EN EL VIEJO TALLER DE ESQUELETAJE.





       Mas de una vez alzo la vista  y veo las telarañas que cuelgan del techo acolchado de la sala de maquinas, también observo los espesos velos grises que se anclan entre el canalón de desague y la pared de ladrillo visto. Las arañas habitan ahí y todas las mañanas desesperan porque las únicas presas que caen en sus redes son las motas de serrín que flotan en la atmosfera del viejo taller de esqueletaje. Contemplarlas me recuerda la vejez del taller y a veces me parecen que anuncian la inevitable decadencia
  Los sutiles hilos de seda que tejen con sus ocho patas tardan poco en convertirse en filamentos gruesos, en hilos o cuerdas que terminan formando una tela capaz de cortar hemorragias y de taponar cortes, me lo decía un vecino que se quedó inmóvil en medio del taller, mirando los techos y aspirando el aroma de los tablones de pino talados en las Landas francesas.
     - Joder..., cuantos recuerdos me trae este olor..., y las telarañas, me acuerdo que el oficial que nos enseñaba nos curaba con ellas las heridas cuando nos hacíamos un corte. Cogía un listón y descolgaba del techo una de las telas, nos envolvía el corte con ellas y después nos enviaba al hospital.
   Le escucho alucinado y vuelvo a mirar a las telas de araña, sonrió y el taller me parece menos decadente con ellas colgando de techo, forman parte del paisaje, de mi entorno, de ese hábitat en el que paso la mayor parte de mi tiempo y de mi vida.
  El vecino cabecea recordando aquellos trece primeros años de mi vida y me observa montando el ultimo esqueletaje, un sillón Chesterfield, que casualidad.
   - Es un Chester... -le comento.
  Y me vecino vuelve a sonreír, vuelve a aspirar el aroma de la madera y apreta contra si  mismo a su hija de unos ocho años, es china y le encanta hacer dibujos con el serrín.

 
 
 

lunes, 15 de diciembre de 2014

ESQUELETAJES Y TOTEMS.




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
     Un armazón de línea clásica y elegante, intemporal y cómodo. Líneas armoniosas, dulces y tímidas, sin estridencias. Albergará cojines en el asiento y en el respaldo, sus patas serán de haya pulimentada y conjuntará en cualquier salón, señorial o sencillo, vintage o moderno. Es cuestión de telas, de vivos o de costuras, de color nogal o plateado.
   Y junto a él, un tótem que me encarga una amiga, me pide algo casual, algo que surge de los restos, del despiece que se acumula en sacos para terminar ardiendo en la chimenea o bajo una paella el próximo domingo.
   El ente se yergue junto al modelo de toda la vida, escuálido, oscilante, sin brazos ni piernas, sin ojos, sin ser nada...., pero atrae la vista y sugiere, si se mira se pueden ver esos restos, incluso se toca con el suplemento del Ro y por abajo, cual pértiga de funanbulista, se arquea el brazo fallido de un The Pelikan..........., esqueletajes y tótems.
 
   



jueves, 27 de noviembre de 2014

MODELO "RO" de Jaime Hayon.



 
 
 
 
 
 


    Cuando me encargaron el R-160 de Grant Featherston supuso un bonito reto que me hizo pensar, que sacó lo mejor de mi y que me permitió trabajar con ilusión y con entusiasmo. Algo parecido me ocurrió con el Poeten y con el Pelikano de Finn Juhl y con el Papa Bear de Hans Wegner, sin embargo, cuando me pidieron el Ro de Jaime Hayon me sentí un poco incomodo.



  Busqué algo de información y me encontré con un diseñador joven que estaba trabajando para Fritz Hansen, encontré también varios post y reportajes sobre la presentación del Ro en sociedad y me dio la sensación de que era un sillón tan joven como su diseñador y tan vivo como el mismo. Sentí que ese sillón era parte de él y que yo no tenia derecho a copiarlo.
  Quizás por eso repliqué el Ro con la mayor honestidad posible, tratando de conseguir su elegancia y su rebelde personalidad, que a veces recuerda al orejo clásico y otras al baquet de un bólido.
   Aquí...., mi recreación del Ro de Hayon, con todos mis respetos.
  


 









viernes, 14 de noviembre de 2014

HOY HE CONOCIDO A CHARLES EAMES.



    
 
 Estoy empezando a pensar que montar en Duna es viajar en el tiempo, viajar hacia momentos gratos, agradables, emocionantes y a veces tan excitantes como los instantes que he vivido hoy, tras una semana gris en la que me he ido apagando lentamente.
   Esta mañana, una leve lluvia ha sacado un resbaladizo brillo al asfalto de la ciudad y ha vuelto a velar la luz de un sol que andaba jugando al escondite entre las nubes. A veces se asomaba y yo sonreía tras la visera del casco y otras se escondía y mi rictus volvía a ser serio, inexpresivo, ausente, casi triste.
  En montado sobre Duna con cuidado, atento a las resbaladizas marcas viales, cruzando sobre los pasos de cebra con la custom lo mas vertical posible, hasta parar en la tapicería de Juan Vicente Comes.
  He dejado a Duna en la puerta, me he quitado el casco y nada mas entrar la he visto. Mis ojos se han ido hacia ella, iluminados, destellando y llenos de una súbita vida.
 


 
 
 


  - ¡¡ Joder, la Longue Chair de los Eames...¡¡¡ -he gritado tan excitado que he asustado a Isabel, la mujer de Juan.
   Ha sido un momento irrepetible y apenas si he tardado unos segundos en abalanzarme hacia el icono, mientras el instinto me decía que no estaba ante una copia china. Algo me decía que esos acabados tan perfectos y mimados..., no podían ser falsos, no podían ser una imitación.
   - ¿Y el puf...?, ¿Dónde está el puf...? -he preguntado nervioso y empezando a rastrear por la tapicería hasta que el dado con el otoman, pero tapizado en una piel beige muy parecida al color de Duna, tanto que los he presentado.
   - Duna..., te presento a Charles Eames
  El puf escondía su secreto discretamente y yo sonreía.
 
 
  

martes, 4 de noviembre de 2014

ESQUELETAJES ADMIRADOS.


   

 
 
   Creo que en el viejo taller de esqueletaje jamás se le hizo una foto a un armazón, si que puedo recordar a mi padre observando alguna de ellos y asintiendo varias veces satisfecho de su trabajo, incluso recuerdo una anécdota que me contó pocas veces.
  Un cliente le encargó un sofacito a medida para colocarlo bajo el hueco de la escalera de un portal, creo que era de estilo o puede que una Mariantonieta. En aquella época era normal encontrarte portales que recordaban al zaguán de una vivienda y que invitaban a esperar al vecino o amigo, acomodado en algunos de esos sofás o sillones, contemplando los tapices o los oleos que solían decorar las paredes, mirando hacia la calle viendo el trasiego de la gente o cruzando algunas palabras con el portero o con la portera.
  De niño pensaba que  esos porteros y porteras vivían en las entrañas de los edificios, pensaba que esos matrimonios que entraban  y salían por las puertas del entresuelo, habitaban los patios de luces y las salas de las calderas. Les tenia cierto temor, nunca nos dejaban jugar cerca de sus portales y conocían a nuestros padres, incluso conocían los secretos de aquellos edificios y los de sus moradores.
  Papá no llegó a hacerle una foto a aquel sofacito, pero si le dedico muchas miradas y muchas sonrisas de satisfacción, tantas miradas y tantas sonrisas que uno de esos días, papá volvió al despacho, rompió la factura que ya tenia hecha y preparó otra con un precio algo mayor. Pero el cliente seguía sin aparecer y papá seguía contemplando aquel sofacito todos los días, seguía sintiéndose orgulloso de él, tanto que volvió a romper la nueva factura y el precio subió de nuevo.
  Cuando el  cliente apareció por el taller se deshizo en elogios y se llevo el sofacito del zaguán feliz y satisfecho, pensando ya en como tapizarlo para que todos los vecinos y visitantes de aquel edificio pudiesen contemplarlo dignificando aquel lugar tan poco glamuroso, bajo el hueco de la escalera.
 


 
 
 
  

martes, 21 de octubre de 2014

SOFÁ CHESTER, DISEÑANDO Y FABRICANDO UN ICONO.













 
   


 De las paredes del viejo taller de esqueletaje cuelgan centenares de plantillas de cartón, sobre algunas de ellas, el serrín lleva posado casi que varias décadas, muchas de ellas cuelgan del mismo clavo casi que varías décadas y la mayoría de ellas fueron hechas por mi padre.
  Todos los días me emociono al encontrarme con su letra sobre el cartón envejecido, con su trazo enérgico y seguro, pero también artístico y elegante.
  Siento que deseo llorar y me pregunto que es todo esto que nos rodea. No llego a entender que papá siga ahí pese a que se marchó hace ya  mas de tres años, incluso las plantillas de su Chester siguen colgadas del clavo oxidado. Era un esqueletaje que montábamos para Villa Garnelo, una prestigiosa firma de mobiliario valenciano que lleva varias décadas vistiendo las casas mas adineradas de Valencia. Su propietaria es Maria Francisca y papá apostilló con su nombre los patrones.
  Pero esas plantillas ya pertenecen a otro tiempo y creo que es el momento de diseñar mi popio Chester, me imagino que a papá le gustaría y quizás por eso decidí plantearlas de madrugada, con el taller en calma y con la mente mas lucida, llegando a creer que a él le gustaría andar por ahí mirando..., pero ya sin corregirme, ya sin decir aquello que solía abatirme.
   - ¡Deja, que vale mas hacerlo que mandar hacerlo...¡

 

 
 

  Era una expresión demasiado dura, pero a papá le habían enseñado a trabajar, nadie le enseñó a enseñar y conmigo tenia poca paciencia, aunque yo tampoco era  muy despierto, la verdad.
    Pero las plantillas del nuevo Chester fueron apareciendo sobre el cartón y después sobre los tablones de pino.



  Al final de la tarde me vi  dándole vueltas al armazón y tratando de volver a pensar como un tapicero, hasta el punto de tener que desmontar la gabia o aldaba para dejar mas espacio para el relleno y para que las manos del tapicero puedan moverse entre ellas, moldeando, atando los muelles, dando tensión, adaptando la piel, creando paso a paso el mítico capitoné, otro icono de la tapicería, igual que el  imperecedero Chesterfield.
  





 

miércoles, 8 de octubre de 2014

ESQUELETAJES VIRTUALES Y PEDALADAS POR LA SERRANIA.




 

  Cuando pedaleo por carretera apenas si puedo abstraerme, tengo  que estar atento al tráfico, a la circulación, a los automóviles..., pero cuando pedaleo por la sierra Calderona con la bici de montaña todo cambia, desaparece el ruido de los motores y tan solo escucho el murmullo de los neumáticos sobe la tierra, mi propia respiración cuando trepo por alguna de sus rampas y el canto de la alondra cuando paro en alguna de sus fuentes. Después sigo pedaleando y mi mente se va a ese sofá que me han pedido y que no tengo claro como hacer, voy pedaleando ensimismado y pensando en como plantearlo hasta que la Calderona me da la respuesta, en ese momento sonrío, vuelvo a parar y escucho el viento entre sus pinares o rozándose contra sus riscos y  contra sus paredes de rodeno.
   En esos momentos me siento un poco como Julio, como el protagonista de esta novela que tenía que escribir a esta serranía que tanto me a dado y que tanto tiene que ofrecer a las personas que sean capaces de amarla y respetarla como se merece
    Si a alguien le apetece leerla tan solo tiene que seguir el enlace y descargársela gratuitamente.

   "El hombre de la sierra Calderona" ,  así se titula la aventura de un hombre que renuncia a la sociedad y a la compañía de los humanos y que se refugia en otra sociedad, compuesta por tres podencas, por una galga, por un ratonero valenciano y por toda la Sierra Calderona. 





















viernes, 3 de octubre de 2014

"TRAZOS DE MADERA", SILLEROS Y EBANISTAS.





   





  Nunca he ocultado mi admiracion y mi respeto por los ebanistas y por los los silleros y cada vez que visito a los hermanos Blazquez, en su fabrica de Silla, aumenta mi admiracion hacia todos los oficiales y artesanos que trabajan la madera vista. Son oficios difiles y que necesitan de mucha atención y de mucho mimo, de unos ajustes perfectos y de una dedicación absoluta.
  Yo como esqueletero tengo muchas mas ventajas que Maria José, que Emilio o que Juan, a la hora de fabricar un armazón que finalmente ira cubierto por rellenos y rematado por hermosa telas. Puedo equivocarme y rectificar porque las huellas de mis torpezas no se verán. Puedo grapar, atornillar y crear curvas y formas complejas con relativa facilidad, sin embargo, el ebanista y el sillero trabaja con todo en su contra, no se puede equivocar lo mas minimo porque su trabajo está desnudo ante los ojos del cliente y ante los suyos. Tampoco puede usar cuaquier madera, necesitan una materia prima noble, sin grietas, sin nudos, sin imperfecciones y ante todo necesita de unos ajustes impecables, de unos ensambles que se fundan intimamente, desafiando a las vetas y a las garceas, desafiando a la propia madera que algunas veces moverá o se abrirá, delatando la junta o dejando aflorar una extraña huella cuando el pulimentador le aplique el color.





   Por todo eso me maravillo cuando visito las ebanisterias y mas cuando me encuentro con un clan familiar trabajando al unisono, como son los Blazquez, con Juan, el patriarca, a la cabeza y con Juan, Emilio y Maria José continuando con la tradición, pero añadiendo, innovación, valentía y creatividad.
   En Trazos de Madera llegan mas allá y se atreven con cualquier mueble y con cualquier objeto de deseo que se pueda fabricar en madera. Son capaces de afrontar grandes series o pequeños pedidos, gracias a sus dos controles numericos o  a las manos de sus oficiales.












 






viernes, 19 de septiembre de 2014

DOS BUTACAS A RAYAS Y UN PASEO EN CUSTOM.



   

     Durante unos instantes me quedo escuchando el sonido de Duna, mi custon del color del desierto y despues recorro la calle sintiendo el aire caliente en mis antebrazos y en las piernas desnudas, el pantalon corto se arremagan hacia arriba de los muslos y deja ver la raya blanca que deja el culotte de ciclista de montaña.
  Unos minutos despues el calor empieza a escapar de los cilindros en V y decido acelerar un poco por la Avenida del Cid, el aire alivia un poco el calor, pero es al tumbar trazando la curva del tunel cuando percibo algo de aire fresco, despues, al emerger de nuevo a la ciudad, el aire caliente vuelve a envolverme. Acelero, salto de un caril a otro, noto como la vieja Virago empuja desde su V-twin y me desvio a la derecha, paro frente a la tapiceria de Juan y enseguida distingo las dos butaquitas que le serví la semana pasada, pero ya tapizadas en una desenfadada tela a rayas rojas y blancas, que se van sucediendo entre los reposabrazos y los cojines, entre el respaldo y el asiento, con elegancia y gusto.






  Vicente esta fondo del taller, sentado en su banqueta de siempre y repasando las ataduras de unos muelles cobreados que en su dia dieron forma y elasticidad al asiento de un bañera cerrado, algo recto de lineas y lejos de las hechuras de mi padre.






 Frente a él descansan media docena de sillas ya terminadas, también vestidas con un tejido a rayas, pero mas discreto y mas acorde con el estilo de las sillas.




  Es viernes, estoy algo mas relajado que durante la intensa semana y durante unos minutos observo las manos de Vicente yendo y viniendo de muelle en muelle y entre nudo y nudo.