

La semana pasada un amigo y vecino me pidió que subiese a su casa para darle mi parecer sobre el sofá que debía ocupar el salón de la casa. Me confesó que habían estado visitando bastantes tiendas de mobiliario pero no encontraban nada que encajase en las especiales medidas de la casa y con el problema de tener que mover el sofá, un par de veces al día, para poder tender y recoger la ropa.
Me encontré con un salón decorado con gracia pero con un pequeño hueco de 1,35 metros donde encajar una rinconera, de sección redonda que iría separada del sofá de 1,95 m., provisto de ruedas ocultas y de un asidero, disimulado tras los cojines del respaldo, para poder mover la pieza.
Tomé medidas y antes de marcharme me enseñó el resto de la casa, incluso las habitaciones de sus hijos, chica y chico. En la de la niña me encontré con un detalle que me hizo sonreir y que me emocionó.


Mi amigo había hecho para su hija, una barra de danza muy especial, una barra de metacrilato repleta de juguetes, de cachivaches que se iban guardando cada vez que merendaban fuera de casa o cada vez que compraban un huevo kinder. Por unos instantes imaginé a la chiquilla haciendo sus ejercicios de la mano de esos juguetes que la observaban desde dentro del tubo, aunque lo que mi amigo no sabía, es que alguna noche, esos muñequitos desenroscaban las tapas de los laterales y trataban de imitar a su hija bailando encima de la barra..., quizás por eso, alguna mañana, Cristina se preguntaba que hacían los muñequitos encima de la alfombrilla, allí caidos y fuera de la barra de danza.

Me encontré con un salón decorado con gracia pero con un pequeño hueco de 1,35 metros donde encajar una rinconera, de sección redonda que iría separada del sofá de 1,95 m., provisto de ruedas ocultas y de un asidero, disimulado tras los cojines del respaldo, para poder mover la pieza.
Tomé medidas y antes de marcharme me enseñó el resto de la casa, incluso las habitaciones de sus hijos, chica y chico. En la de la niña me encontré con un detalle que me hizo sonreir y que me emocionó.


Mi amigo había hecho para su hija, una barra de danza muy especial, una barra de metacrilato repleta de juguetes, de cachivaches que se iban guardando cada vez que merendaban fuera de casa o cada vez que compraban un huevo kinder. Por unos instantes imaginé a la chiquilla haciendo sus ejercicios de la mano de esos juguetes que la observaban desde dentro del tubo, aunque lo que mi amigo no sabía, es que alguna noche, esos muñequitos desenroscaban las tapas de los laterales y trataban de imitar a su hija bailando encima de la barra..., quizás por eso, alguna mañana, Cristina se preguntaba que hacían los muñequitos encima de la alfombrilla, allí caidos y fuera de la barra de danza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario