Hoy he montado sobre Duna y he visitado a Juan Vicente Comes, un tapicero de toda la vida, un cliente de toda la vida y un amigo de siempre. Juan abre las puertas de su tapicería en pleno centro de Valencia, en la calle Conde Altea.
Ya desde esas puertas se puede ver lo que hay, un taller artesano que no esconde nada, los clientes entran y pueden ver a los dos oficales de Juan, Rafa y Vicente, trabajando coco con codo. También a Isabel, su mujer, concentrada en la máquina de coser.

La pieza terminada y delicadamente embalada, lista para devolver al cliente.

Pero esta mañana me esperaba una sorpresa, Rafa estaba retapizando dos sofás hechos por mi padre, hace unos 25 años. Cuando me he acercado y he reconocido el trazo nervioso de sus letras y de sus marcas..., he sentido un escalofrío. Ahí estaba la impronta de algo bien hecho, perdurando en el tiempo y satisfaciendo de nuevo a quien lo compró en su día.




Pero esta mañana me esperaba una sorpresa, Rafa estaba retapizando dos sofás hechos por mi padre, hace unos 25 años. Cuando me he acercado y he reconocido el trazo nervioso de sus letras y de sus marcas..., he sentido un escalofrío. Ahí estaba la impronta de algo bien hecho, perdurando en el tiempo y satisfaciendo de nuevo a quien lo compró en su día.



Muestrarios, es dificil decidirse entre tantos colores, entre tantas texturas entre tantos estampados.....
..que emocionante encontrarte con una madera acariciada por tu padre... ufff, los pelos como escapias...no conocía esa tapicería gracias!!!
ResponderEliminarPues si Justicia, sentí algo especial..., pero es que encima, mi visita no estaba anunciada, fue una casualidad que apareciera allí y me encontrase con esos sofás.
ResponderEliminarY gracias a ti por dejar el comment y por unirte al escalofrio que sentí al ver esas piezas perfectamente conservadas.