domingo, 13 de septiembre de 2015

EL DANÉS SIN NOMBRE.

    

  
Sergio entró en el viejo taller de esqueletaje caminando despacio y puede que mirando con sorpresa a los cuatro R-160 dispersados por todo allí, me imagino que en aquellos instante debió sentir cierta sorpresa,  los tenía ante él y no tras la pantalla del ordenador. En aquellos momentos yo no lo sabía, pero Sergio había leído “El esqueletero que admiró a Grant Featherston” y debía saber que ese modelo cambió mi vida.
    Cuando le vi le hice una seña con la palma de la mano para que esperase unos momentos mientras terminaba de regruesar los largueros de un par de sofás con la universal. Unos minutos después, apagué la máquina y pudimos hablar.
   - Hola, me llamo Sergio y te he visto por internet…, estaba buscando modelos de sillón para mi dormitorio y apareciste, luego vi que el último post era muy reciente y que encima estabas muy cerca de casa y eso, que me he acercado a verte y a que me comentes como funciona esto de pedirte un sillón o un sofá.
  - Ah…, bueno, esto es muy fácil, dime cual te gusta y si podemos hacerlo…, pues lo hacemos o por lo menos lo intentamos.

   Sergio sonrió y charlamos sobre el R-160 y sobre el giratorio que había diseñado antes del verano, a Sergio le gustaba, pero resultaba un poco grande para la habitación, estuvimos hablando también de la posibilidad de ponerle una base giratoria al australiano, hablamos de precios y al final Sergio se marchó sin tener claro que modelo haríamos pero fuimos adelantando y le envié a Esver Tapizados para que fuese viendo telas, aunque esta vez le advertí que escogiese una tela con presto y que fuese elástica para poder adaptarse bien a las curvas. Y esa observación resultó ser una premonición porque un par de días despues Sergio regresó, con su madre y su hermana y con un cuarto invitado sin nombre del que solo sabíamos que era danés y que lo había fabricado Soren Willadsen, aunque el modelo destilaba un aire a los diseños de Finn Juhl demasiado obvio.
    - Me gusta este, Pedro, ¿se puede hacer….?.
    - Si, se puede hacer –balbuceé- la verdad es que es bonito, el perfil me recuerda a una taza de café humeante.
    -  Ah y pensado que como no tiene nombre, Juan Carlos y tu podias bautizarlo como Casper -apuntó Sergio.
    - Coño, es verdad, se le da un aire.





      Sergio sonrió y por la noche me envió el resto de las fotos por mail, entonces pude ver el modelo con detalle, fijarme mejor en las hechuras y descubrir unos minutos después que se trataba de un extraño modelo que diseñó Finn Juhl en 1950 y del que se fabricó una serie limitada y desde luego numerada. Soren Willadsen fue quien dio forma a las ideas de Juhl, pero parece que nadie bautizó al modelo, un precioso sofá que bebía de las formas del Poeten pero que exageraba los perfiles de los reposabrazos y que vaciaba su cintura y la riñonera, creando un puente elegante y vistoso sobre el asiento.





    - El danes sin nombre… -murmuré imaginando el titulo para el post mientras me invadía una placentera sensación. Íbamos a resucitar un modelo extinguido, que no fabricaban los chinos, que no aparecía en las webs que vendían réplicas de los iconos del diseño y que en las subastas podía alcanzar los 17.000 euros, tratándose de uno de aquellos originales numerados.
  
   
   


      

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