miércoles, 15 de enero de 2014

SEDERE..., UN FASCINANTE VIAJE AL MEJOR DISEÑO DEL SIGLO XX.



                               Sedere..........................., del latín "estar sentado".


   Duna y yo rodabamos lentamente por la calle Grabador Esteve de Valencia y al llegar a la altura del número15  paramos, giré la cabeza y sonreí ante la fachada acristalada de Sedere.


   - Mira Duna..., ahí estan todos... - murmuré mientras la voluptuosa silueta del Egg de Arne Jacobsen destacaba en un universo de colores y formas, en un cosmos de diseños geniales- Eames, Pauchard, Wegner, Breuer, Saarinen, Panton...., están todos, venga vamos a verlos.
    Entré lentamente, titubeando y sonriendo como un niño desbordado ante un tornado de juguetes que giraban a su alrededor, casi como lo estaban haciendo en esos momentos todos los iconos del diseño del siglo XX, incluso algunos me  recordaban a aquellos miticos aereoplanos de tela y madera que se elevaban vacilantes despues de lanzarse temerariamente sobre caminos de tierra apelmazada...., pero no eran aereoplanos, eran las Shell Chairs de Hans Wegner, unas magnificas piezas concebidas con madera contrachapada curvada y tapizadas sutilmente. Wegner huía de los tapizados y prefería mostrar la madera en toda su plenitud, aunque con su conocido Papa Bear se entregó a un tapizado casi integral.

 

   Pero finalmente las Shell Chair despegaron y empecé a sentirme como un piloto de observación de la Primera Guerra Mundial. Realmente sobrevolaba toda la tienda y me deleitaba contemplando a los poderosos Egg, esos sillones ovales que Jacobsen diseñó como espacios intimos y personales para ser expuestos en espacios abiertos y publicos como el SAS-Royal Hotel de Copenhague, allá por los años 70.

 

 El paseo aereo continuaba y mis ojos se deleitaban contenplando la mezcla de materiales, casi como los mosaicos de las campiñas europeas vistas desde el aire, madera, fibras de vidrio y resinas, acero, piel. 



A veces, el aereoplano pasaba entre el laberinto de patas y soportes ideados por los Eames y, en otras ocasiones, daba un amplio giro y volvía a mirar hacia esos sillones de formas futuristas, casi como nidos en los que cobijarse, espacios que robaban protagonismo a las propias viviendas donde estaban alojados, piezas de diseño que desde los años 30 llegaban hasta los inicios del siglo XXI con más vigencia que nunca.
  Estaban vivos y seguían siendo ejemplos a seguir, diseños que siempre nos iban a inspirar, modelos que pervivían al paso del tiempo y de las modas.  


   El vuelo no podría tener fin pero el motor ha comenzado a toser y soltar fumarolas negras, he visto como la hélice daba sus últimas vueltas y he tenido que aterrizar, he tenido que volver a la realidad, después de ese viaje entre los mejores diseños del siglo XX, pero aún quedaba algo más que reposaba abierto como un abanico sobre el cojín de uno de los Egg..., era el catálogo que Bea, Diana y Rafa habían diseñado para presentar todas esas piezas míticas. Una auténtica minienciclopedia repleta de información, repleta de historia y de vivencias y anécdotas de aquellos diseñadores que seguirían asombrando al mundo décadas después.


  Anécdotas como la que vivió Carlyle Wilton cuando vió como su silla Navy era lanzanda por una ventana por el general Wilton. La silla se precipitó al vacío. Más tarde, el militar la examinó y decidió conceder el contrato a Wilton, la silla Navy estaba intacta y, por tanto, era apta para equipar a la marina de EE.UU.
  La visita a Sedere ha sido un placer y aprovecho para darles las gracias a Bea, a Diana y a Rafa por habernos dado la oportunidad de ver y tocar estas réplicas, estas piezas fantásticas que marcaron hitos en la historia del diseño y que nos hablan de personas audaces, de miras infinitas y llenas de pasión. Todas estas piezas guardan unas historias fascinantes que debemos conocer para poder apreciar el valor de estas creaciones, para saber un poco más de la evolución del diseño y de los conceptos que movían a crearlas, de los resortes mentales que saltaban cuando alguna idea surgía de una visión, como la que tuvo Marcel Breuer al fijarse en las curvas del manillar de una bicicleta allá por los años 30..., a partir de ese momento el famoso sillón Wassyli empezaba a tomar forma en su mente.

2 comentarios:

  1. Bonito rincón Pedro, te imagino con sonrisa bobalicona danzando entre las réplicas, hace nada me pasó lo mismo, debía tener una cara tonto haciendo fotos... pero creo que eso es lo que nos diferencia de la gran mayoría ;)
    Un abrazo Pedro, bonita entrada.

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    1. Je, je, je..., así fue Tapesrtry, iba yo saltando gracilmente ( con cuiado de no patear ninguna de las piezas) y señalando aquí y allá, por cierto, en los Egg se notaban las puntadas a mano con la aguja curva tal cual se veía en el video. Pero fue una bonita experiencia, desde luego, ya tenía ganas de ver todos esos modelos en vivo.

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