
"Chester y Bañera abierto o cerrado"…, recuerdo haber escuchado esas palabras a mi padre, al viejo ebanista, ya desde pequeño, cuando bajaba por las tardes a la carpintería a jugar con mis amigos. Andaría yo por los nueve o diez años…, aún me quedaba mucha vida por delante y ahora, casi 40 años después de que yo escuchase a mi padre hablar de Chesters o de Bañeras abiertos o cerrados, los sigo fabricando y los sigo viendo fotografiados en las revistas de decoración, junto a otros modelos que he descubierto ahora y que han resultado ser auténticos iconos del diseño, como la silla CH 24 de Hans Wegner, el sillón Wassily, las sillas de los hermanos Eames, la silla de Verner Panton, el sillón Egg de Arne Jacobsen, los sillones Acapulco o como el australiano R-160 de Grant Featherston.
Las sillas más vistas de los hermanos Eames, junto a la Longue Chair, obviamente.
Y abajo, las sinuosas y excitantes linea de la silla de Verner Panton
Predominan las sillas, quizás porque son muebles con los que se tiene un contacto directo, porque son muebles que percibes, directamente, sobre tu piel y que inducen al descanso, a la ensoñación o a la charla, al intercambio de miradas, a las tertulias, a saborear unos licores o un buen café, espeso, denso y fuerte, como a mi me gusta. No obstante, ese primer icono del mueble tapizado, el sofá Chesterfield no nació con esa intención, todo parece indicar que fue encargado por el cuarto conde de Chesterfield a un ebanista con la premisa de que el modelo no admitiese posturas poco decorosas al sentarse.
Concebido para decorar los salones de los exclusivistas clubes ingleses del siglo XIX, el encargo del conde tomó forma en un sofá de respaldos y reposabrazos al mismo nivel, sin inclinaciones en la riñonera y tapizado en capitoné.
Hoy en día el Chesterfield se sigue fabricando y versionando y, necesariamente, ya no se viste con ese capitoné con el que nació y casi que es una pena. El capitoné es una auténtica obra de arte, algo bello y que atrae la mirada hacia esas decenas de botones que deforman los rellenos, la piel o las telas de una manera armoniosa y hermosa. Pero es posible que al mundo de la tapicería también haya llegado la maldición de la inmediatez, de la premura enfermiza o de la asepsia de las líneas rectas y aparentemente puras.
Las líneas redondeadas seguirán llenando de calor y pasión al Chesterfield, seguirán recordando al útero materno o a su propia leche como lo hace el sillón Egg o las envolventes formas del R-160 de Grant Featherston, que tuve el placer de replicar.
Mi versión en un precioso azul del R-160.
Arriba, sillón Egg, de Arne Jacobsen.
Pero como el diseño es innovar, explorar y romper moldes…, llegó el metal, el acero, las resinas, las fibras de vidrio, los plásticos y dieron forma a creaciones y a modelos que hoy en día se siguen fabricando y vendiendo con éxito.
Marcel Breuer y su Wassily.
El sillón Wassily, de Marcel Breuer es mi favorito, quizás porque me he podido sentar en uno de ellos y sentir su comodidad, su especial forma de acogerte. Cuando te sientas en un Wassily te deslizas sobre las cinchas de piel hacia el respaldo, es como si el sillón cobrase vida…, y contraponiendo la madera y la pita, al acero curvado y a las cinchas de piel, me encuentro con otro modelo de silla que protagoniza muchos de los salones que aparecen fotografiados en las revistas de decoración, es la silla CH 24 o silla Wishbone. Realmente, esta silla representa algo mas que un diseño acertado, es el fruto de algo que hoy en día se está perdiendo, es el fruto de la colaboración, del trabajo en equipo de una manera sincera y auténtica, sin clasismos de por medio.
La CH 24 surgió de la mente creativa de Hans Wegner y de las manos hábiles y magistrales de Karl Hansen, el ebanista que fabricó los más de 500 modelos de sillas que ideaba la mente de Wegner.
Es posible que el éxito, mas allá de las ventas o de la popularidad, radica en esa colaboración, en la unión íntima entre las personas, en el calor humano, en la ilusión.
Puede que esté empezando a divagar, pero no me imagino a Hans Wegner enviando retales de papel a Karl Hansen, sin apenas medidas y con el esbozo de alguna de esas 500 sillas, para luego decirle.
- ¡¡¡Pero que mierda me has hecho…!!!.
¿O será que eso me ha ocurrido demasiadas veces….?.
Es triste pero, por lo menos, en el entorno en el que yo trabajo no se percibe esa dignidad, ese amor o ese orgullo por la creación, por cada pieza que se fabrica…, puede que porque también escuchamos demasiadas veces frases como esta.
- ¿Y de eso que me vas a cobrar…?.
- ¿ De eso….?, ¿qué es eso…?
Joder, que razón tienes Pedro...
ResponderEliminar¡Cuánto mal ha hecho IKEA! ;)
Me quedo con el último párrafo, han desechado la ilusión que intentamos plasmar en nuestro trabajo pero eso no implica que dejemos de sentirla y plasmarla en cada pieza.
Yo sólo se hacer mi trabajo de una manera, le guste al mundo o no... y espero que mi jefe piense lo mismo ;)
Un abrazo Pedro.
Bueno Tapestry y yo me quedo con tu ultima frase "Yo solo se hacer mi trabajo de una manera...", pero que sepas que ya formamos parte de los "ultimos....", tapiceros, esqueleteros...., mohicanos y de de Filipinas.., je, je, je.
ResponderEliminarInteresantes reflexiones. Los diseños que han sobrevivido en la historia son pocos, es como en la Historia del Arte, ni son todos los que están ni están todos los que son. Aunque suene a algo manido, lo importante es poder hacer tu trabajo con mimo, dedicarle el tiempo necesario, ser meticuloso, conocer el oficio... y cuando lo entregas al cliente, saber que tiene "todo" lo que tiene que tener, que es una obra completa, sin fisuras.
ResponderEliminarTe puedo decir que en mi campo actual, los jabones, ocurre exactamente lo mismo. Ya puedes explicar sobre este u otro ingrediente, sobre el tiempo de curado, etc, etc, pocos se fijan en esos detalles.
Pero ahí seguimos.
Saludos
Hola Julia,tienes razón, he seleccionado una breve muestra de lo que se ha hecho en los ultimos 70 años, de lo que ha perdurado sin perder la fuerza con el paso del tiempo e incliso ganando mas presencia, mas actualidad. El Arte y yo pienso en la pintura, tiene otro recorrido,es puramente emocional, igual que los jabones, puede ser que no importe esa mezcla de esencias,ese mimo y cuidado al crearlos,me refiero al cliente, pero si importa y mucho el tacto,los aromas y los olores que desprenden o con los que te impregnas al usarlos. El aroma del jabón despiertamuchos recuerdos, muchos momentos, incluso crea un estado de animo cuando te vistes y ese olor de acompaña,en la ropa o en la piel.
ResponderEliminarUn abrazo Julia.
Muy buenoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarGracias por tu comentario y por tu visita,Sex Shop...., por cierto, yo también te he visitado....,je, je,je.
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