viernes, 16 de marzo de 2012

EL MUEBLE, número 597.


Hace tiempo que descubrí de que manera tan intensa me     influían los colores, pero no sabía lo que el especialista, en cromoterapia, Mariano Bueno, cuenta en el número 597 de "El Mueble" sobre la influencia de los colores en el estado de ánimo.
" Hoy sabemos que tenemos fotoreceptores en toda la extensión de nuestra
piel, que perciben las ondas electromágneticas de la luz asociada a los colores..."
En el artículo se habla de esa capacidad de la luz y los colores para variar nuestro estado vital, nuestro humor pero, sobre todo, para poder modificar los ambientes de la casa, para lograr sensaciones agradables, de relax o descanso o un efecto contrario, vigorizante, animoso y vital.
Mariano Bueno aún da mas pistas sobre el por qué de esa importancia y yo, como es habitual, trato de explicarlo con la prehistoria, con la Evolución.
Los colores nos han acompañado desde siempre, pero alcanzaron su máxima importancia en el momento en que nuestra adaptación fue mermando los otros sentidos a favor del visual.
Los humanos podemos distinguir tal gama de colores que estamos sujetos a ellos psicológicamente, asociamos los días luminosos a la alegría, a las ganas de vivir y los días cubiertos como oscuros, como grises tristes y apagados. El verde intenso de la primavera invita a moverse, a reír, a correr, mientras que el ocre y el amarillo del otoño nos arranca una sonrisa melancólica y nos invita a recogernos dentro de las casas.
El artículo nos sigue ilustrando sobre cómo manejar esos tonos y acabados, nos dice cuales están marcando tendencia y hacia el final del reportaje nos expone una útil tabla en la que se nos explica cómo influyen en nuestro tono ideal, esos colores.
Pero El Mueble me reservaba otros artículos, otros reportajes y docenas de buenas fotografías que no he podido evitar comentar.
Observo el sofá y veo su armazón, éste es todo un clásico en tapicería, tengo clientes que lo bautizan como Ascot o Sendra y es una pieza elegante, ligera de líneas y con buena capacidad, sus brazos no son muy anchos y permiten unas holgadas plazas.
Una colorista rinconera, enfundada y con vivos rojos rematando cojines y la misma funda. Pagina 4.
Y en la página 2, una composición moderna, pura y sustentada por unas patas de acero cromado. La observo y también vislumbro su armazón, su esqueletaje, su hechura interior. Incluso me atrevo a idear como ensamblaría las patas en una estructura igual, o similar, hecha por mi. No sería difícil, una recalada en inglete entre asiento y consola de brazo y en su interior se remataría la tapicería y se encajaría la pata. Sí, se podría hacer, claro que sí.
Un cabecero clásico en capitoné y con orejas...¡¡¡, si, si. Hace unos meses hice uno para Sirna, una prestigiosa firma de decoración de Alcácer, en Valencia. Pero mi cabecero era bastante más audaz y airoso. Sus orejas se abrían hacia los lados y el copete declinaba, formando una vaguada que llenaba de movimiento y ligereza a un cabecero de más de dos metros y medio de longitud. Página 6.

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