viernes, 13 de mayo de 2016

LA DECORADORA. DESCARGATE LA NOVELA





   

 
 
 
   Le dolía el cuerpo, le dolían las costillas y el labio, recordaba el olor de esa mano que le barrió el rostro, muy de hombre, intenso, los restos de alguna colonia impresa en esa piel que había erosionado la de su rostro. Le dolía la cabeza y tenía una especie de quemadura en la sien, como si el puñetazo hubiese sido de refilón, como si ese golpe tan solo hubiese buscado marearla y no dejarla sin sentido.
   Sara se curaba las heridas de la cara con la yema de los dedos, se untaba crema  para intentar disimular las manchas violáceas que comenzaban a aflorar y trataba de dejar de llorar…, tan solo lo conseguía cuando asomaba la reclusa y un deseo brutal la empujaba a cargar varios bidones de gasolina en la C15 para vaciarlos en el rastro del bosnio…, ya lo había buscado en Google.
   Le dolía el corazón, le dolía el alma y aún se estremecía cuando recordaba el empujón, el ruido de la puerta de chapa, sus propios golpes, sus gruñidos, la voz del hombre con un leve acento extranjero, pero también la calma de esa voz, el aplomo, la autoridad con que impidió que le robasen la Thonet… demasiada autoridad, demasiado aplomo para que fuese un simple delincuente. Ese hombre conocía el valor del Papa Bear y también parecía conocerla a ella.
 
 

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