viernes, 14 de junio de 2013

FRANCESC RUIZ, UN TAPISSER DE LA TERRA.


    

   A veces uno desea callar, agachar la cabeza y desaparecer como un eslizón entre la maleza, o como una rana entre las remansadas aguas de los arrozales.
    A veces los ánimos se van al fondo y uno no tiene ganas de escribir ni de ver, no tienes ganas de sentir, tan solo anhelas que llegue la noche para dormir y olvidar durante el sueño todo eso que durante el día te aplasta, pero al final ocurre algo que te obliga a hacer eso que te gusta hacer, a contar tus vivencias, a hablar de alguien..., y hoy quiero hablar de Francesc Ruiz, un tapisser de la terra, que hace unas semanas me encargó la replica de un sillón basculante y giratorio. Una pieza muy especial recuperada en un rastro y que Francesc queria relanzar.



                                             

  Y esta mañana he conducido hasta Sueca, hasta unos de esos pueblos valencianos de la Ribera Baixa, planos y rodeados por arrozales infinitos, envueltos por esas tablas de aguas mansas, que el viento de levante suele rizar y que según pasan los meses se vuelven verdes con los brotes del arroz, después el color de las pajas tras la siega los vuelve marrones y tristes, llegan las quemas y culmina todo ese proceso que forma parte de la vida y de la sangre de estos valencianos que hablan con dulzor y que aman su tierra y sus costumbres por encima de todo.
  Francesc es uno de ellos, uno de esos hombres que sienten el arrraigo de la tierra y de los origenes y que se sienten plenos con su familia, con su trabajo, con el sol del mediterraneo y con esa luz que siempre inunda a estas poblaciones costeras.
   He observado desde la ranchera los campos de arrroz y no he podido evitar recordar mi infancia junto a mi padre, las jornadas de pesca en el Perellonet o en la Albufera, mis correrías entre los juncos y los carrizos, el olor de la harina de maiz mezclado con aceite de higado de bacalao, el olor de las carpas o de la llisas, el olor del salitre.
  Se lo contaba a Francesc y él sonreía en su despacho mientras yo observaba una foto colgada en la pared.
    - ¿Quien es...?, ¿tu hija...?.
    - No, es la meua dona.... -ha contestado en un valenciano puro y dulce, lejos de las normalizaciones y de los academicismos artificiales que los burocratas de la lengua han impuesto por la fuerza- aixo es en el Senegal, en un viatge que varem fer per nostre conter.
   Francesc confiesa que le gusta observar a las otras culturas, sus costumbres, sus habitos..., de la misma forma que él conserva la querencia por los caballos de tiro y arrastre, entonces ha sido cuando le he encontrado el sentido al forcall que habia visto por uno de los rincones de la tapiceria. En ese momento he asociado los caballos a los arrozales que araban, que trillaban, que volteaban los fangos, que cargaban con la siega..., las esencias del campo valenciano, el tiro y el arrastre, la comunión plena entre el hombre y su tierra, entre el trabajo y el pan, entre el esfuerzo y la cosecha.




   De vuelta a Valencia he descubierto que necesitaba cambiar de aires, me he sentido bien y he sonreido al recordar cuando una muchaca risueña y simpatica ha saltado sobre el cuello de Francesc y lo ha envuelto a besos....., era una de hijas y me ha parecido conmovedor, la muchacha no ha tenido el menor reparo en abrir sus sentimientos y emociones ante un desconocido como yo.


  
 Información sobre las fotografias.
La preciosa foto del arrozal en Sueca es de   www.eduardonave.com 
Y las del tiro y arrastre de
 javibenedito.blogspot.com


12 comentarios:

  1. Casi se nota el viento que mece el arrozal. Alguna ves necesitamos una imagen un olor un color para volver a tiempos atrás y sentirnos como entonces.

    Un saludo

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    1. Dana, que comentario tan acertado, yo no era consciente de que necesitaba hacer esa visita y salir de mi rutina, fue breve pero me gusto.

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  2. Estás hecho todo un poeta Pedro. Que entrada mas bonita para remover los sentidos y dar un giro a los sueños.
    Saludos amigo

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    1. Clara,la que escribe poesia y reflexiones eres tu....., ¿ o es que esa partida de canicas no era poesia...?. Pues si clara, este post hablaba de un tapicero, pero de su interior y de sus sentimientos. De la tela y la madera, ya hablaremos otro día......., y un abrazo, Clara.

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  3. Cercanía, calor, humedad de campos de arroz, ironía, sudor, pasión, poesía en acción. Sólo falta por citar el almuerzo ;.) que seguro dará mucho que hablar. Y abandono ya está rima, que se me ha contagiado la poesía que tu post destila!

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    1. Desde luego, mira que sois "largas" las feminas que recalais por aquí..., claro que habia almuerzo, pero ,me volví justo cuando a Francesc le sonó el aviso en el movil, el "aviso del esmorsarrrrr....".
      Y nunca dejes de rimar, niñaaa.....¡¡¡¡¡¡

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  4. qué post más bonito !!

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    1. Gracias Carolineeeeee.......¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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  5. Lo has bordado Pedro.Texto,fotografías...he podido viajar por esos arrozales,hasta creo que me ha picado algún mosquito...aunque nos hemos quedado con las ganas de ver el taller.Quizás en otra ocasión...
    un abrazo

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    1. Oscar,escribí este post a "toro pasado",a parte la semana pasada fue muy dura,me arrastré como una culebra moribunda,ahora no es que las cosas hallan mejorado, pero me encuentro con algo mas de animos, bueno y por eso no hay fotos del taller,en este caso nave con maquina para enfundar cojines, con maquina para cinchar los sofás, con maquina para rellenar cojines y pesarlos, con taller de esqueletaje propio, con apartado de soldadura donde Francesc hace sus prototipos de patas metalicas...., este hombre es un crack..¡¡¡¡¡¡, por cierto, es muy tipico que cuando viajas a estas marismas regreses a casa con unos 5000 mosquitos estampados en el morro del coche, je, je, je.

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  6. Me encantó este post, Pedro. Las imágenes son espectaculares y el relato, como siempre, delicioso... Me quede con ganas de volver a visitar la Albufera y leer "La barraca" o volver a ver la película.
    Abrazos!

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    1. Marga, este post fue escrito "in extremis" al final de una semana aciaga y triste. La visita a Sueca valió la pena, conocer a Francesc y a su familia, valió la pena........., y si, esos ambientes hablan de novelas, de vidas, de barracas, de tierras robadas a La Albufera para cultivar..., esencia de esta tierra de la que me confesaste, estar enamorada.
      Beesooss..¡¡¡¡

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