miércoles, 7 de diciembre de 2016

SILLON TOPOLINO, EN COMPAÑIA DE MIS RECUERDOS.





 

    Los recuerdos son a veces la única compañía en el taller de esqueletaje, cuando los viejos portones de madera me aíslan de la calle y del mundo. Surgen cuando descuelgo las plantillas hechas por mi padre del sillón de orejas Topolino, todo un icono de la tapicería valenciana que ocupaba viviendas humildes, de salitas recogidas y pequeñas. Un orejero bajito y de reposabrazos que declinan, perdiendo altura hacia unas barras que buscan las patas traseras con un acusado giro, con una media vuelta que se convertía en la seña de identidad del pequeño sillón, un sillón de otra época, un sillón que me recuerda a mi padre, a mi infancia y que me hace preguntarme si esos recuerdos son reales, si realmente una vez fui niño, si mi padre vivió realmente. La inmediatez, el momento, el ya… eso es la realidad, siempre tuve 50 años y las arrugas siempre serpentearon entre mis manos o en mi rostro... eso es lo que siento.

 

    “Tirada de brazos delante, detrás a escuadra…” escribe mi padre, oigo su voz respondiendo a la pregunta que solo suena en mi mente, ¿estos brazos como irán…? me parecen ver sus manos retorciendo el hilo de palomar o escribiendo sobre el cartón que se ha impregnado del serrín posado en el durante más de una década. Con su caligrafia vigorosa y elegante, intensa, meticulosa, con garra, con una energía que incluso calentaba los pomos de la “universal”, yo sentía ese calor en mis manos cuando él se apartaba y me decía.
    - Ya has visto como lo hago, hazlo tu.
   Entonces es cuando sentía ese calor, cuando sujetaba los pomos de baquelita para mover las palancas que desplazaban el carro de la broca solidaria al eje de la máquina… y ahora mismo creo percibir esa intensidad, esa pasión en las plantillas, solo papá pudo hacerlas, entonces el pasado es real, los recuerdos son realidades pasadas, vividas, aunque nuestra mente se centre en el ya, en el presente, en cada minuto, en cada inspiración.

  

 
 



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