lunes, 29 de junio de 2015

GIRA Y GIRA EL OREJERO.



  
 

 
   Gira y gira...., y el esqueletero ríe  como un niño que ve girar a la peonza cuando por primera vez consigue hacerla bailar con el latigazo ensayado mil veces, hasta que por fin, la peonza danza, da vueltas sobre si misma como las da el armazón. El niño rie como rien los niños desnudos de Sorolla, cuando saltan sobre las olas, cuando corren junto a los pescadores, cuando juegan ante los ojos del pintor que solo ve belleza, pureza, inocencia...., el estado perdido del adulto que ya no tolera la desnudez ni la imaginación, por eso le llaman loco y se ríen de él, de ese que ve a su sillón como la peonza del niño que girara hasta que se haga hombre, en ese momento caerá de lado y el hombre se olvidará de ella.
   El esqueletero ríe y llega a creer que el sillón gira por si mismo, como dotado de vida propia. Gira sobre si mismo y clama su belleza y su hermosura, niega su espalda, niega las caras ocultas, las sombras demasiado oscuras.

 Y el esqueletero siente el vértigo de quien crea una minucia, de quien en su intimidad decide que no habrá madera, no habrán patas que le aprisionen y prueba con el metal, con el rodamiento que insufla vida al modelo sin nombre y sin venta, al modelo que rie como un niño sin importarle su futuro, se rie del momento y lo goza.

 

 

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