viernes, 5 de junio de 2015

ENTRE WEGNER Y THONET..., UNAS SILLAS PRECIOSAS.




   
    
 
 
 
  Sin tallas, sin molduras, sin torneados, madera lisa, moldeada, revirada y ensamblada que se extiende, que vuela y que gira prolongándose hacia las manos de quien se siente en ellas.
 
 
 
 
 

 
 
 
   Me parece ver una especie de vertebra, creo ver una pieza orgánica que resulta excitante y que atrae como si formase parte de mi propio cuerpo, como una proyección de nuestra naturaleza que da forma a una sillas esbeltas y fascinantes que aparecen ante mis ojos como el diseño en el que habrían coincidido Wegner y Thonet.
 
 
 

 
 
 
   Las descubro en la tapicería de Juan Vicente Comes, escondidas entre rollos de fibra, entre restos de goma espuma, entre sillones que esperan ser retapizados..., y mis ojos se abren desmesuradamente, mi imaginación se dispara y durante unos segundos creo que estoy ante dos The Chair, pero pronto descubro su liviano armazón metálico, sutil, fino, elegante y que se inspira en las patas de la 14 de Thonet, creando una silla preciosa, altiva, oriental, anónima pero llena de estilo y elegancia, tan ágil como una bailarina y tan equilibrada que invita a contemplarla sin sentarse.
 

 

 
  

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