sábado, 13 de julio de 2013

UN TALLER DE ESQUELETAJE ATRAPADO EN EL TIEMPO.






   Jose Castillo, de Tapizados Castillo vino al taller a mediados de semana, necesitaba restaurar dos silloncitos monísimos y muy vintage.
  - Joer, yo ahora tengo faena -protesté- pero  ahí tienes la mesa, la cola y la pistola..., hala, haztelo tu mismo.
  Y volví a mi trabajo, en la sierra de cinta pero sin perderle de vista y acercandome cada dos por tres para ayudarle a colocar los gatos o para apuntar alguna pieza.
  - Macho, yo no se como te las apañas tu solo... -murmuró Jose.






  Arrugué el ceño y durante unos segundos se detuvo el tiempo..., para luego retroceder y para despertar con una oleada de recuerdos y emociones, de momentos vividos hacía décadas y de otros presentes y muy cercanos en ese mismo tiempo.
   Era el mismo taller de esqueletaje que habia conocido y vivido el deambular de los vecinos del barrio y las visitas de los jubilados o de los curiosos. Era el mismo taller en el que habian llegado a trabajar mas de cuatro operarios bajo la batuta de papá. 
  Recuerdo a Miguel, un joven que conduciá un Mini color azul cielo y que tocaba en una banda, mi padre le dejaba que ensañara con su saxofón en el taller durante la hora de la comida. Recuerdo que era atractivo y que a mis hermanas les gustaba dejarse caer por el taller cuando él estaba. Por norma, los lunes llegaba tarde, la banda animaba las verbenas y trasnochaba demasiado.
  Recuerdo los almuerzos en la bodega Goya cuando en la calle abrían un montón de pequeños talleres, desde carpinterias hasta dos talleres de reparación de automoviles, también un tostadero de café que llenaba la calle y el barrio con ese fuerte aroma, un empresa que fabricaba juguetes, una fundición que me fascinaba con el color naranja del hierro al rojo vivo, un taller de curtidos, un ultramarinos regentado por el tío Cipriano, un hombre al que le tenía miedo....., ahora solo queda la vieja carpinteria y Robert Neville dentro de ella, fuera, en mi calle solo hay mutantes, como Chema, que sale de su laboratorio dental para venir a fumar al taller, a cambio yo le visito cuando tengo calor y me aprovecho de su aire acondicionado, observo como hace dentaduras y le pregunto si no conoce a alguna dentista casadera que me saque de la penuria economica, a cambio yo haria las tareas de casa y cubriría sus necesidades maritales del sabado noche. Entonces Chema se rie y me dice.






   - ¡¡¡ Estas todo loco...!!! - vocifera mientras una luz hipnotica escapa de su cerebro.
   Entonces me vuelvo al taller y me encuentro con Pepe, apoyado en su bastón y observando extrañado los portalones cerrados. Esas viejas y resecas puertas no pueden estar cerradas, de ellas salen los ruidos de mis maquinas  y mis maldiciones cuando me equivoco.
   - Por las mañanas me tranquiliza escuchar el ruido de la cepilladora...., eso quiere decir que todo es normal -me confesó Pepe una vez.
  Y otras veces alguna silueta se recorta a contraluz y yo tardo en reconocerla, pero esos recuerdos de la infancia aún guardan rostros, imagenes, sonidos y olores.
   - ¿Eres el hijo de Pedro...? -pregunta temeroso ese hombre al que ya he reconocido, era el repartidor del butano del barrio. Recuerdo que era un hombre vivaz, simpatico, sonriente. Un hombre que cargaba las bombonas de butano entre canticos y sonsonetes y que era capaz de hablar a voces con las vecinas que desde los balcones le pedían el gas. El alzaba la cabeza, sonreia y subía las escaleras sin perder la sonrisa.
   - No sabes lo que me alegra verte aquí...., no reconozco nada del barrio, no queda nada y ya no hay gente almorzando en el bar...., joder, como se pierde todo, pero si a veces juntabamos dos mesas.
   - De aquella época ya no queda nada...., ni mi padre.
  - Que mal me sabe....,  pero la carpinteria está igual, no te puedes imaginar la alegria que me ha dado encontrarte con las puertas abiertas.
    Si..., solo quedo yo...., Soy Leyenda...., pienso sin llegar a pronunciar en voz alta mis palabras.
  En ese momento, otra silueta ocupa el hueco de los portalones, es alguien uniformado que vocea sin llegar a entrar.
     - ¡Sal Neville, sal.....!
   - ¿Que te pasa, Pedro....? -se inquieta Jose Castillo- te has quedado emparrado.
     - Mira papá, mariposas.................


5 comentarios:

  1. Tus post son novelas con un principio y un final. Las historias del barrio, el olor a café, el "butanero", el taller dental de Chema (fijaté que es algo que me hubiera gustado hacer), el bar del almuerzo... Todo se convierte por un instante en un capítulo que nos atrapa de lleno y nos despista de cualquier otra cosa que no sea la historia que nos cuentas. ¡Fantástico!
    Abrazos Pedro

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    1. Clara, muchas gracias por tus palabras, mientras lo escribía recordé aquel post tuyo en el que también nos hablabas de tu infancia...., siempre son historias que nos demuestran que el tiempo va pasando, que vamos creciendo y que nuestras vidas se van llenando con esas experiencias.
      Otro abrazo para ti, Clara.

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  2. A lo largo de la vida vamos acumulando recuerdos de forma selectiva y subjetiva y los consideramos nuestro tesoro. A veces, tenemos la tendencia de pensar que “Todo tiempo pasado fue mejor” pero en realidad, las cosas menos buenas, felizmente, las echamos al olvido.
    Con el paso del tiempo, cambian los sitios, las personas, los conceptos, todo... y permanentemente perdemos o ganamos relaciones, experiencias, ilusiones,… Es el curso natural de la vida.
    Abrazos!!

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  3. Así es Marga, la Vida es como cuentas en tu comentario, pero a veces que hay cosas buenas que el tiempo borra, cosas que los tiempos modernos o actuales nos presentan como mejores y realmente no lo son,las modas y las tendencias cambian, pero el alma y las esencias humanas no...., besosssss Marga...¡¡¡¡¡

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