martes, 4 de agosto de 2015

QUIZAS RECORDANDO.





         Mi hermana Rosalía posa sobre el sillón que cambió mi vida, sobre la estructura desnuda de mi versión del R-160 de Grant Featherston..., quizás esté recordando su niñez en el taller de esqueletaje, cuando realmente era la vivienda de mis padres.
  Yo también conservo retazos de recuerdos, aún bastante intensos. Recuerdo cuando subía a la diminuta terraza en la que el olor a caca de gato era tan intenso que aún no lo he podido olvidar, recuerdo la sorpresa que me invadía cuando descubría las caras ocultas de los edificios, observaba el ir y venir de los gatos sobre las uralitas y escuchaba las charlas de algunas vecinas que tendían la ropa en las galerías.
  No puedo olvidar las tardes en las que bajaba al taller y me dedicaba a cargar basquets de leña que después arrastraba con un carrito de rodamientos hasta el horno de leña del tío Pepe. El hornero tenía una cadera hundida y siempre se apoyaba en un tosco bastón, aún así manejaba la pala de panadero con habilidad. Recuerdo que me paga algunos duros y que en Fallas me los gastaba comprando petardos verdes..., eso lo recuerdo y también recuerdo que el mayor placer era cuando conseguía suficiente dinero para comprar un mazo entero de petardos verdes. Después llegaron los masclets, brutales y ensordecedores, demasiado violentos para mi..., y todo eso ocurría en el taller como centro de nuestras infancias y que curiosamente se ha convertido en el centro de mi vida,
   
    

jueves, 2 de julio de 2015

ESVER TAPIZADOS..., INSPIRACION Y COMPLICIDAD.


 

 

 

https://www.facebook.com/pages/Tapizados-Esver-Sl/212592322101145
Pinchando en la imagen iréis a la web de Esver Tapizados.

 
       
  - Dame una tarjeta que se la voy a dar a Juan Carlos, de Tapizados Esver, que me ha preguntado quien ha hecho estos sofás - dice Antonio, el maño, el transportista que acaba de cargar los esqueletajes que me ha encargado Jaime Fabra, a través de un conocido decorador que aún piensa que mantener aislados e incomunicados a los proveedores entre si, es la mejor estrategia para mantener su aura de poder y prestigio como decorador de renombre.
  Pero Antonio ya no está para tonterías, a punto de jubilarse y harto de chorradas y excentricidades, desvela el misterio y le da mi tarjeta a Juan Carlos Estruch. El tapicero de La Punta tarda poco en enviarme un mail pidiéndome unas rectificaciones para los siguientes sofás, adjunta un dibujo con las modificaciones y yo sonrío intuyendo que algo bueno estaba a punto de pasar..., y claro que pasa.


 

   Y ahora, algo mas de un año después de aquel primer contacto solo puedo decir que la aparición en mi vida de Juan Carlos y de Toni, de Esver Tapizados,  ha supuesto un autentico soplo de optimismo, de alegría y de entusiasmo.
  En Juan Carlos he descubierto una persona con empuje y con la mente abierta, honesto, integro, entregado, franco y noble. 

 
  Juan Carlos no dudó en cargar con el Alien para la sesión de fotos en los Jardines del Turia, no dudo en llevarme a las huertas abandonadas donde fotografiamos al chester en deconstrucción, consiguió aguantar la risa cuando me vió en cueros a través del objetivo de la Nikon y fue capaz de tapizar dos auténticos iconos del diseño, el Papa Bear y el Pelicano








  Con Juan Carlos estoy sintiendo lo que debieron sentir los diseñadores y ebanistas daneses, esos de los que tanto he hablado, el placer por el trabajo y por la creación de belleza y armonía, cooperando de manera intima y cómplice, dejando el dinero en un segundo plano y buscando tan solo la fluidez y la química, la interacción anhelada entre esqueletero y tapicero, trascendiendo a la fría y casi hostil relación entre clientes mediatizados por los costes y los beneficios, alcanzando un entendimiento que genera bienestar, satisfacción y serenidad, placer por el propio trabajo.


 

 
   La semana pasada Juan Carlos y yo pedaleamos juntos por la Calderona, de la misma forma que hace años mi padre, Jose Castillo, sus hijos, mis sobrinos y yo fuimos a pescar a la marjal de Almenara..., vida mas allá del taller de esqueletaje o de la tapicería, de la tienda en la que siempre se encontrará la atención de Ana, la mujer de Juan Carlos o  de Ana, la esposa de Toni...., la familia que da vida a Esver Tapizados y que también me la está dando a mi.
   - Me parece que Juan Carlos y tu habéis sintonizado bien -afirma el maño mientras cargamos tres sofás más en su furgoneta.
   Sonrío y afirmo con la cabeza mientras recreo los momentos en los que el tapicero se sienta sobre algunos de mis esqueletos y habla..., yo busco otro armazón y me siento, noto como las barras sin tapizar se clavan en mi espalda y escucho al hombre que poco a poco deja de ser tapicero y que termia confesando que a veces no entiende lo que ocurre a su alrededor. Juan Carlos gesticula y niega con la cabeza, se queda callado y me mira.
    - Con lo fácil que es sonreír un par de veces al día, coño -termina lamentándose
   - Yo tampoco entiendo muchas de las cosas que pasan..., pero trato de que esas cosas no me hagan mala sangre y ni que me hagan cambiar a peor..., me gusta pensar que poco a poco me estoy rodeando de personas autenticas, de personas a las que vale la pena tener cerca y con las que estoy creciendo como persona y como esqueletero..., la vida es demasiado corta como para estar de mala hostia y tocando los huevos a la gente día y noche.
  Juan Carlos sonríe y se aferra a los reposabrazos del sillón desnudo.
   - Esto habrá que tapizarlo, ¿no...?.
  - Pues si, porque tengo las barras del sillón clavadas en la espalda.
  Cae la tarde y se escucha la conversación de dos amigos en el viejo taller de esqueletaje, se asoman vecinos y saludan sorprendidos al verlos sentados sobre los esqueletajes sin tapizar.
  





 
 
  

lunes, 29 de junio de 2015

GIRA Y GIRA EL OREJERO.



  
 

 
   Gira y gira...., y el esqueletero ríe  como un niño que ve girar a la peonza cuando por primera vez consigue hacerla bailar con el latigazo ensayado mil veces, hasta que por fin, la peonza danza, da vueltas sobre si misma como las da el armazón. El niño rie como rien los niños desnudos de Sorolla, cuando saltan sobre las olas, cuando corren junto a los pescadores, cuando juegan ante los ojos del pintor que solo ve belleza, pureza, inocencia...., el estado perdido del adulto que ya no tolera la desnudez ni la imaginación, por eso le llaman loco y se ríen de él, de ese que ve a su sillón como la peonza del niño que girara hasta que se haga hombre, en ese momento caerá de lado y el hombre se olvidará de ella.
   El esqueletero ríe y llega a creer que el sillón gira por si mismo, como dotado de vida propia. Gira sobre si mismo y clama su belleza y su hermosura, niega su espalda, niega las caras ocultas, las sombras demasiado oscuras.

 Y el esqueletero siente el vértigo de quien crea una minucia, de quien en su intimidad decide que no habrá madera, no habrán patas que le aprisionen y prueba con el metal, con el rodamiento que insufla vida al modelo sin nombre y sin venta, al modelo que rie como un niño sin importarle su futuro, se rie del momento y lo goza.

 

 

jueves, 25 de junio de 2015

CHESTER EN DECONSTRUCCION, HOMBRES EN CONSTRUCCIÓN.



    

 


 La madera ya no está oculta, la madera ya no está  vestida pero tampoco es madera vista, tampoco es el esqueletaje tapizado, forrado, revestido de telas y colores, ceñido con costuras, con puntadas cortas y pretas, no hay otra forma de trabajar, por eso las mano del tapicero no saben deconstruir, o no quieren deconstruir al Chesterfield, al mas noble de entre los muebles tapizados, ese que fue encargado por un conde ingles, un sofá de club, un sofá regio y grave, testigo de las trascedentes charlas en los exclusivos clubes, frecuentados por lores y nobles de moral intachable y al tiempo inconfesable.

 
 
 
 
 
   Nadie puede deconstruir un Chesterfield, nadie puede desnudar a un lord ingles públicamente, por eso al tapicero le cuesta tapizarlo así, como de malas maneras, dejando al aire los nudos de los tiros, mostrando las tripas, la gloria y la arpillera, los refuerzos oxidados y los gabarrotes..., pero el tapicero deconstruye y se reconstruye a si mismo, evoluciona y escucha al cliente, trata de asimilar su gusto por lo deconstruido, por lo que demanda una parte del mercado que no puede esperar y que cree que la inmediatez de internet se puede aplicar a un mueble, a un sillón, a un hacer artesano.



 
  El tapicero crece y descubre que con sus manos puede satisfacerle, descubre que hay un camino extraño que serpentea entre lo viejo y entre lo inacabado que puede ser hermoso, se sorprende de que imitando la vejez y la fatiga hace feliz al cliente que ya no tiene tiempo de comprar un Chester para dejarlo envejecer, no tiene mas remedio que deconstruirlo para venerarlo, para verle sus tripas, quizás para buscar algo entre lo de fuera y lo de dentro, a medio camino entre lo que vemos y lo que imaginamos...., y tapiceros y esqueleteros crecen, se desnudan.....


 
 

 
....... se despojan de las ropas demasiado pesadas, de las vendas de los ojos y echan a caminar por los nuevos caminos, por las estrechas sendas que la crisis ha dejado libre de escombros porque quien no siga esa senda que se retuerce entre cadáveres terminará siendo mas de uno de esos cadáveres..., como esos que se descubren en el horizonte, envueltos en aparente grandeza, en aparente vistosidad pero alzados sobre la soberbia y la estupidez, sobre la estafa y el saqueo a un pueblo con su verdadera identidad quemada, abandonada, reducida a huertas olvidadas y a alquerías ocupadas en las que ya no se habla castellano ni valenciano.


 
  

lunes, 15 de junio de 2015

SENTIMIENTOS, RECUERDOS, MADERA FATIGADA.



    
 
 
 
 No conozco a la clienta, pero no debe ser joven, debe ser mayor, con años, algunos menos que el armazón que ha llevado al tapicero para retapizar. Pero la madera guarda casi tantos recuerdos como la mujer, los recuerdos de las grapas, de las tachas, de los gabarrotes, de las telas que lo vistieron, de las personas que se sentaron en él, que rieron y lloraron, que leyeron novelas y que tomaron café, porque es un sofá de salita o de recibidor, sin madera vista y sin estilo de rey o de reina, una pieza humilde y callada, que escuchó el rumor de la lluvia y las voces bajas de las confesiones, de los susurros, después las toses y el quejido de la vejez, el lamento silencioso.
   El tiempo pasado, la piel ya marchita, como la propia madera fatigada, pero digna, con hechuras de ebanista, con porte, con un final honesto, extenuado, yaciendo como venerables restos de vidas pasadas.
 



 
 
 
 
 

viernes, 5 de junio de 2015

ENTRE WEGNER Y THONET..., UNAS SILLAS PRECIOSAS.




   
    
 
 
 
  Sin tallas, sin molduras, sin torneados, madera lisa, moldeada, revirada y ensamblada que se extiende, que vuela y que gira prolongándose hacia las manos de quien se siente en ellas.
 
 
 
 
 

 
 
 
   Me parece ver una especie de vertebra, creo ver una pieza orgánica que resulta excitante y que atrae como si formase parte de mi propio cuerpo, como una proyección de nuestra naturaleza que da forma a una sillas esbeltas y fascinantes que aparecen ante mis ojos como el diseño en el que habrían coincidido Wegner y Thonet.
 
 
 

 
 
 
   Las descubro en la tapicería de Juan Vicente Comes, escondidas entre rollos de fibra, entre restos de goma espuma, entre sillones que esperan ser retapizados..., y mis ojos se abren desmesuradamente, mi imaginación se dispara y durante unos segundos creo que estoy ante dos The Chair, pero pronto descubro su liviano armazón metálico, sutil, fino, elegante y que se inspira en las patas de la 14 de Thonet, creando una silla preciosa, altiva, oriental, anónima pero llena de estilo y elegancia, tan ágil como una bailarina y tan equilibrada que invita a contemplarla sin sentarse.