martes, 1 de mayo de 2012

AMARGURA Y TRISTEZA ENTRE BALANCINES.



El cliente me trajo un viejo balancín, tapizado con polipiel verde y con bastantes agujeros de carcoma; lo tenía en el almacén y una clienta lo vió y lo encontró gracioso y cómodo. Me trajo la muestra y me pidió que le hiciera dos iguales.
No le puse muy buena cara, el balancín era de madera vista y ése no es mi fuerte, requiere usar haya, que es bastante cara, y luego dedicarle bastantes horas de lijado pero, al final, me convenció y empecé a sacar unas plantillas, a trocear los pesados tablones de haya y, después, a cortar en la sierra de cinta, para después empezar a lijar.

En la foto superior se puede ver el delantero encolado y, al mismo tiempo, forzado en una posición para corregir la llamada, en argot, garcea. Se trata de que las piezas no guardan una paralela perfecta entre ellas, por eso se encola forzando ese revirado.

Los balancines terminados, con los bastidores de respaldo y asiento sueltos. Estas piezas se tapizan por separado, facilita enormemente el acabado de los balancines y se aprovecha el tiempo que pasan en el pulimento.
Al cliente le gustaron y yo le comenté que los pondría en el blog, entonces me miró de medio lado y dijo.

 
- Joder, como te estas aprovechando de nosotros.

 
Me quedé perplejo, sin habla y recordé una frase que habia leído en el
face y que, más o menos, decía algo así, "antes de preguntarte si tienes una depresión, pregúntate si es que no estas rodeado de gilipollas...."

martes, 28 de febrero de 2012

TERCIOPELO NEGRO PARA LA COQUETA CHAISE LONGUE

Duna y yo visitamos la tapicería de Josep Avelino Devis, dejamos la urbe, el centro de Valencia y llegamos hasta Casas de Bárcena, un pueblecito típico de la huerta valenciana; los campos de tierra esponjosa y rica se abren a las mismas puertas del local y el ambiente se percibe despejado, fresco, con matices de otros tiempos y de otras formas de vida.


Pero quien me recibe no es Josep, es Manolo, su oficial, que se asoma cuando oye el sonido de Duna, me mira casi perplejo y mueve la cabeza asombrado ante la 535.
-¿Quién te ha tapizado el sillín...?.
- Pedrín..., tu aprendiz.
Manolo vuelve a cabecear..., Pedrín es mi sobrino y estuvo trabajando con él hace unos cuantos años, pero la juventud suele ser inquieta y, a veces, poco reflexiva. Pedrín se marchó de la tapicería y Manolo perdió el que podría ser uno de los últimos aprendices del oficio.
Mi llegada les sorprende a punto de almorzar, les pido que continúen y así lo hacen; la verdad es que estoy a punto de sentarme con ellos. Almuerzan en el mismo taller, sentados uno junto al otro, empresario y trabajador, compartiendo aceitunas, altramuces, unos sorbos de vino tinto.


De nuevo, contemplo una imagen de otro tiempo con la diferencia de que no hay chiquillos barriendo el taller o ayudando a desclavar, no hay jóvenes aprendiendo el oficio junto al oficial, que obra de trabajador y de maestro, al tiempo que produce y trasmite el conocimiento.
Pero todo cambia, y no vale aquello de que "tiempos pasados fueron mejores", fueron distintos, fueron otros tiempos.
Mientras almuerzan me dedicó a trastear y a echar unas fotos, aunque cuando me encuentro con la coqueta chaise longue me siento algo defraudado. Un terciopelo negro apaga sus líneas, casi que desluce sus formas redondas, suaves y agradables..., pero las manos de Manolo han hecho bien su trabajo, como siempre, y consigue que el capitoné del respaldo y del brazo den vida a ese negro que, de vez en vez, es capaz de reflejar algún brillo.

Me encanta como ha claveteado los tachones, los sigo con la mirada y agradezco el color, el pulimento en el remate del brazo, que añade algo de luz y contrasta, aunque sea ligeramente.

Antes
Después
Antes
Después
Y allí, entre piezas de goma espuma, entre esqueletaje esperando ser tapizado, entre máquinas de coser, descubro unas líneas retorcidas, enrevesadas, finas y elegantes, tiras de madera que trazan dibujos como en el aire, tan finos y delgados.

Una delicada mecedora esperando a las manos de Manolo, a su gusto, a su mimo...., en la tapicería de Josep Avelino Devis, en plena huerta, en la carretera vieja de Barcelona, nº 16, en Casas de Bárcena.