miércoles, 23 de enero de 2013

CARPINTERO, ESCRITOR Y MOTERO.



   - Hola…, -me saluda Gerardo Almenar y volviéndose hacia el cliente, añade- Éste es Pedro, mi carpintero, escritor, motero...
   - Que generoso eres, Gerardo.
   Acepto el apretón de manos de David, el cliente que había esperado en The Antiquer a que yo llegase a lomos de Duna, apenas unos minutos después de que Gerardo me hubiese llamado por teléfono.
   - Pedro, gracias por venir tan rápido, mira es que estábamos viendo esta cama de diseño y a mi me parece que tú la puedes hacer.
    Gerardo se gira hacia la pantalla de su mac y me señala la imagen.
   - Si, claro que la puedo hacer…, sin problemas.
   - ¡Fantástico!.
   La charla ha durado poco más, después me he puesto casco, he vuelto a montar en Duna y los escapes han resonado en la estrecha y céntrica calle de La Nave, a pocos pasos de El Corte Inglés, muy cerca de la calle de la Paz y abocada al Parterre, en pleno centro de Valencia.
   Durante unos segundos he dejado que Duna alborotase en la calle peatonal y he pensado en cómo ha cambiado mi vida en los últimos dos años; papá falleció junto a mi, en la misma habitación en la que sigo durmiendo, he escrito una novela, imagino que la primera y la última, ahora monto en una vieja custom y estoy aprendiendo sobre decoración, sobre el mueble de diseño, sobre piezas que ya son míticas. Estoy empezando a asomarme  otro mundo, al del diseño, el de los trabajos por encargo…, me estoy asomando a la modernidad, a otros ambientes en los que los criterios son radicalmente distintos a los que yo conocía y todo gracias a este blog y la ayuda de María.
   Duna sigue retumbando, como escuchando mis propios pensamientos, las sensaciones que me invaden al empezar a percibir el mundo y las emociones de una manera distinta, a través del casco y de la edad, de la percepción intensa de la muerte y  la vejez.
  Dejo caer las manos y busco el calor de los cilindros, de esa V que arde al relentí, enmedio de una atmósfera demasiado fría para una ciudad como Valencia. 
  Sonrío, bajo la visera y percibo el sonido de una forma distinta, suena el crujido de la caja de cambios y empiezo a rodar, ya bajo la luz de las farolas y sabiendo girar en las calles, trazando la amplia curva del túnel sin miedo; eso también ha cambiado, incluso, a veces, llego a creer que tengo algo de motero.

jueves, 17 de enero de 2013

TERESA M. DE GRACIA ES AEDESDECOR.


                                                                              
    Hace unas semanas, Julián y José, de Tapizados Gómez, me encargaron que copiara un silloncito muy sencillo y resultón, reducido, de líneas absolutamente rectas pero cómodo y funcional.
   - Es para Tere..., que está  decorando la habitación de una niña y como los padres tienen uno, quieren otro para la hija.
   Y Tere es AEDES DECOR , una joven decoradora criada entre cortinas, patrones, hilos y costuras, es la  hija de Julio Martínez, otro mosntruo del que ya he hablado alguna vez. Y aquí si que vale ese conocido refrán que reza de la siguiente guisa,  "de casta le viene al galgo...", y, desde luego, Teresa rinde justicia al dicho enseñándonos la habitación que decoró junto a a La Casita de Penelope; ellos pusieron los muebles y Tere el resto, la colcha, los cuadros, los estores, las telas de Harlequin, los cojines, el papel y como no, el silloncito de tela a rayas y con ruedas.



  En este caso, Tere ha trabajado colaborando con La Casita..., pero ya son bastantes años decorando por su cuenta, a veces lanzada a solas a vestir esas casas que siempre la miran desde sus paredes desnudas, desde sus ventanas sin cortinas ni estores, desde salones huerfanos de sofás y de sillones. Pero siempre contando con el apoyo de su padre y de su madre, de los hermanos Gómez y de mi mismo.
  Si queréis más trabajos de Tere, pasaros por su página en Facebook
 

viernes, 7 de diciembre de 2012

EAMES, PAUCHARD Y DAY, INSPIRAN A CAROLA.


Eames, Pauchard, Day y muchos otros diseñadores y decoradores inspiran a Carola hasta convertir su tienda, llamada "El taller de Carola", como no podía ser de otra manera, en una pequeña joya que ilumina, desde sus enormes escaparates, el lento discurrir de la gente por la Calle Comedias, en pleno casco histórico de Valencia.
   Pese al frío, no he dudado en montar sobre Duna para visitar la tienda y, como siempre, he vuelto a sonreir, bajo el pasamontañas, al escuchar la resonancia de los escapes  cuando rodaba por los túneles del Paseo de la Pechina.  Poco después he dejado que la custom me llevase por la calle de La Paz hasta desviarme por Comedias y muy atento para no despistarme, pero la verdad es que ha sido fácil dar con la tienda. Destellaba desde la esquina, sus lámparas y apliques colgaban del techo y daban a los cristales unos tonos dorados preciosos.
  He atado a Duna con sus bridas y he entrado, ya con el casco en la mano, sonriendo y saludando a Carola y a Marga.
   - Eres... -ha dudado una mujer morena, joven y de melena lisa y dócil.
   - Pedro.
  - Pedro, si, pero no se si llamarte Bicipalo -ha bromeado Carola. 
   - Como quieras..., ains, no he podido evitar tocar a las Eames.
   - A las replicas -me apunta Carola mientras vuelvo a acercarme a esos dos iconos del diseño.


   Ha sido un momento muy especial, por fin, después de hartarme de verlas en las revistas de decoración las he podido ver en vivo; eran réplicas, pero se podía apreciar la armonía, la fluidez de las líneas, los acabados, la madera, el metal y la materia plástica en una mezcolanza elegante y hermosa, realmente como el universo de objetos con que Carola ha sembrado su sitio, su tienda, su taller. 
  Una tienda que rezumaba clase, esencia, gusto, dedicación y cuidado por el detalle. Sonaba un cd de Marga, un sonido que recordaba a los blues de Nueva Orleans, a esas voces de color que evocaban otros tiempos y otros ambientes.
   - Lo siento..., pero tengo que hacer fotos.
   - Pues hazlas.
  - Vale..., pero no os riáis porque las voy a hacer con ésto -he advertido mientras desenfundaba mi viejo Nokia de 2 megapixeles y enfocaba a un precioso mero.

 
      Uno de los rincones favoritos de Carola, me confiesa que le encanta esta silla de rejilla, sutilmente acolchada y que a mi me recuerda mucho a los diseños de Harry Bertoia.

 
    Y otra de las piezas que se llevan los ojos de la decoradora.

                                                  
  Y los relojes vistos desde la calle, a Carola le gusta tenerlos y exponerlos, es como si desease atrapar el tiempo, como si desease viajar en él, realmente un deseo que todos poseemos.


    Ha sido un rato agradable, pero la tienda tiene tirón y Carola tenía que trabajar en uno de los escaparates, al tiempo que varios clientes entraban y se sumergían en ese cosmos del que yo apenas si había capturado algunas imágenes y algunos muy buenos momentos de charla con ellas, con Carola y Marga.

P.D. Si queréis seguir explorando el universo de  Carola podéis hacerlo en su web
                    
                       www.eltallerdecarola.com

  En ella podréis ver muchas más fotos, y lo mejor, podréis leer sus post, seguro que después, si sois de Valencia os pasaréis por la Calle Comedias y os fijaréis en los escaparates del número 6.

jueves, 6 de septiembre de 2012

ICONOS TAPIZADOS DEL DISEÑO.


"Chester y Bañera abierto o cerrado"…, recuerdo haber escuchado esas palabras a mi padre, al viejo ebanista, ya desde pequeño, cuando bajaba por las tardes a la carpintería a jugar con mis amigos. Andaría yo por los nueve o diez años…, aún me quedaba mucha vida por delante y ahora, casi 40 años después de que yo escuchase a mi padre hablar de Chesters o de Bañeras abiertos o cerrados, los sigo fabricando y los sigo viendo fotografiados en las revistas de decoración, junto a otros modelos que he descubierto ahora y que han resultado ser auténticos iconos del diseño, como la silla CH 24 de Hans Wegner,  el sillón Wassily,  las sillas de los hermanos Eames,  la silla de Verner Panton, el sillón Egg de Arne Jacobsen,  los sillones Acapulco o como el australiano R-160 de Grant Featherston.
Las sillas más vistas de los hermanos Eames, junto a la Longue Chair, obviamente.
Y abajo, las sinuosas y excitantes linea de la silla de Verner Panton


Predominan las sillas, quizás porque son muebles con los que se tiene un contacto directo, porque son muebles que percibes, directamente, sobre tu piel y que inducen al descanso, a la ensoñación o a la charla, al intercambio de miradas, a las tertulias, a saborear unos licores o un buen café, espeso, denso y fuerte, como a mi me gusta. No obstante, ese primer icono del mueble tapizado, el sofá Chesterfield no nació con esa intención, todo parece indicar que fue encargado por el cuarto conde de Chesterfield a un ebanista con la premisa de que el modelo no admitiese posturas poco decorosas al sentarse.
Concebido para decorar los salones de los exclusivistas clubes ingleses del siglo XIX, el encargo del conde tomó forma en un sofá de respaldos y reposabrazos al mismo nivel, sin inclinaciones en la riñonera y tapizado en capitoné.
Hoy en día el Chesterfield se sigue fabricando y versionando y, necesariamente, ya no se viste con ese capitoné con el que nació y casi que es una pena. El capitoné es una auténtica obra de arte, algo bello y que atrae la mirada hacia esas decenas de botones que deforman los rellenos, la piel o las telas de una manera armoniosa y hermosa. Pero es posible que al mundo de la tapicería también haya llegado la maldición de la inmediatez, de la premura enfermiza o de la asepsia de las líneas rectas y aparentemente puras.
Las líneas redondeadas seguirán llenando de calor y pasión al Chesterfield, seguirán recordando al útero materno o a su propia leche como lo hace el sillón Egg o las envolventes formas del R-160 de Grant Featherston, que tuve el placer de replicar.

Mi versión en un precioso azul del R-160.

Arriba, sillón Egg, de Arne Jacobsen.
 
Pero como el diseño es innovar, explorar y romper moldes…, llegó el metal, el acero, las resinas, las fibras de vidrio, los plásticos y dieron forma a creaciones y a modelos que hoy en día se siguen fabricando y vendiendo con éxito.
Marcel Breuer y su Wassily.


El sillón Wassily, de Marcel Breuer es mi favorito, quizás porque me he podido sentar en uno de ellos y sentir su comodidad, su especial forma de acogerte. Cuando te sientas en un Wassily te deslizas sobre las cinchas de piel hacia el respaldo, es como si el sillón cobrase vida…, y contraponiendo la madera y la pita, al acero curvado y a las cinchas de piel, me encuentro con otro modelo de silla que protagoniza muchos de los salones que aparecen fotografiados en las revistas de decoración, es la silla CH 24 o silla Wishbone. Realmente, esta silla representa algo mas que un diseño acertado, es el fruto de algo que hoy en día se está perdiendo, es el fruto de la colaboración, del trabajo en equipo de una manera sincera y auténtica, sin clasismos de por medio.
La CH 24 surgió de la mente creativa de Hans Wegner y de las manos hábiles y magistrales de Karl Hansen, el ebanista que fabricó los más de 500 modelos de sillas que ideaba la mente de Wegner.

Es posible que el éxito, mas allá de las ventas o de la popularidad, radica en esa colaboración, en la unión íntima entre las personas, en el calor humano, en la ilusión.
Puede que esté empezando a divagar, pero no me imagino a Hans Wegner enviando retales de papel a Karl Hansen, sin apenas medidas y con el esbozo de alguna de esas 500 sillas, para luego decirle.
- ¡¡¡Pero que mierda me has hecho…!!!.
¿O será que eso me ha ocurrido demasiadas veces….?.
Es triste pero, por lo menos, en el entorno en el que yo trabajo no se percibe esa dignidad, ese amor o ese orgullo por la creación, por cada pieza que se fabrica…, puede que porque también escuchamos demasiadas veces frases como esta.
- ¿Y de eso que me vas a cobrar…?.
- ¿ De eso….?, ¿qué es eso…?

domingo, 5 de agosto de 2012

NUEVO ESTILO, NÚMERO 413, AGOSTO.



Nuevo Estilo viste su portada de agosto mirando a las plácidas costas mallorquinas desde la terraza de una casa de ensueño, los vasos azules y la tapicería del mismo color parecen salpicaduras de ese Mediterráneo, de ese pedazo de mar cargado de historia y de vida. Pero en este número no solo nos muestra esta casa, bautizada en la misma portada como casa oasis; en las páginas interiores nos invitan a visitar más casas de ensueño, nos invitan a asomarnos a miradores que se vuelcan de nuevo sobre las aguas del Mare Nostrum, en las que predominan los blancos y los azules, en las que predomina el movimiento, el ir y venir de las olas o el trasiego subacuático de las corrientes marinas. Pero una vez dentro de este sueño de casa, no termina de gustarme la decoración, exceso de blancos, ausencia de tonos cálidos y, sobre todo, ausencia de algo que relacione la abundancia de vida del mar y su diversidad biológica con esa misma decoración, pero bueno, éso es una cuestión de gustos y los míos son algo raritos.


Incluso la piscina resulta contradictoria en una vivienda a orillas del mar o puede que ese mismo mar se halla convertido en el fondo...., en otra pieza de la decoración.

Sin embargo, en otra de esas casas descubro el lado extremo, todo piedra, todo sobriedad orgánica, todo esencia como reza el titulo del artículo. Su pétrea fachada me gusta, a mi es la que más me gusta, insisto, quizás por esa abundancia de piedra, quizás por esos jardines en bancales retenidos por muretes de más piedra encajada, quizás porque las aberturas de la fachada mantienen viva la esencia de esta casa y su funcionalidad básica de palomar y establo.



En su interior, la piedra vuelve a llenar todo lo que podemos ver, asoma la viguería de madera pero el material básico, el material de la tierra, está omnipresente y a mi me llega a recordar los pasillos de un monasterio o a sus propias celdillas. La decoración es casi tan sobria como la piedra, como los imponentes muros que nos rodean y nos envuelven, ni siquiera hay armarios en la cocina y los útiles cuelgan de una placa métalica, que trata de aligerar esa maciza dominancia de la piedra, realmente es un guiño a la pulcritud y limpieza que debe de reinar en una cocina.



En el exterior, apenas si hay cobertura que nos proteja del sol, los centenarios olivos transplantados necesitarán de otros cien años para poder cobijarnos bajo su sombra y de nuevo, los muretes fraccionan los espacios y unas tumbonas de madera invitan a reposar junto a una piscina serena y envuelta por los guijarros y la eterna piedra.




Quizás esta casa desentona con el resto de los contenidos de la revista, con las casas burbujas plantadas en mitad de los bosques o con todas las sutilezas decorativas que nos muestra entre sus páginas, desde la pureza del córvido que decoraba el salón de la Eames House hasta la recreación en arce sin pulimentar de los hermanos Boroullec, de esa misma pieza.


Pero como el oficio deforma la mirada, no puedo evitar fijarme en los tapizados de este número estival y ya en la sección Verlo y Quererlo, descubro dos piezas interesantes, un sofá de los años 50, diseñado por Bengt Ruda y, justo en la página anterior, una silla que me recuerda muchísimo a la serie Contour de Grant Featherston, esa cruceta inferior y las líneas fluidas vuelven a llevarnos a la década de los cincuenta.



Y otro articulo interesante ha sido la reseña biográfica de Joe Colombo, según describe Ana Isabel Hernández, “Fue un visionario, un creador sin parangón que siempre miró hacia el futuro…”, y leyendo este magnífico artículo descubres que siempre han existido personas que se adelantaron demasiado a su tiempo. Colombo se obsesionaba con la multifuncionalidad y creaba ambientes tan futuristas y prácticos que solo podían surgir de una mente inquieta y que veía los entornos de una forma especial, diferente, única.