martes, 12 de marzo de 2013

UNA RINCONERA KILOMETRICA PARA LA FERIA DE MILAN.


   
 Esta semana he trabajado un poco y durante unas horas me he sentido útil, bueno, realmente durante algunas horas del domingo, a veces me aburrro en casa y me bajo al taller. 
   Durante unas horas, me he olvidado de que cada día me parezco más a un galgo extenuado que persigue ciegamente a los recibos domiciliados y a las cuotas de la Seguridad Social..., ya no persigo liebres.
  Hace unas semanas me cortaron el móvil por falta de pago y la semana pasada viví un momento bochornoso ante los preciosos ojos azules de la interventora del banco. Quería hacer una transferencia de 33,85 euros para comprar mi propia novela y, en ese momento, fue cuando los ojos azules se volvieron hacia mi.
   - Pedro..., no podemos hacer la trasferencia, te falta dinero.
   Sentí como mis carrillos se encendían y suspiré, saqué un billete de 50 euros y se lo di.
   - ¿Con ésto llegamos...?.
   - Si, claro que si.
   Hice la transferencia y volví al taller preocupado, pensando en el dinero que me deben algunos clientes, pensando en las andanadas de recibos domiciliados que golpean la cuenta corriente y aterrorizado ante la posibilidad de que me cortasen la luz o el agua si me despistaba y si no lograba llegar a tiempo, si no corría como lo haría el mejor de los galgos, el mejor de los galgos de Paul.
   Cerré la puerta a mi espalda y continué con la rinconera, fui encolando los bloques para las barras del respaldo y después me hice un compás de madera y tracé la circunferencia del rincón, marqué el copete, el trasero y la doga para volver las telas. Todas curvas y todas con ensambles por la mitad.



  Recortaba el cartón curvo y, poco a poco, iba olvidando el momento ante esos ojos azules, que son testigos de como me he ido hundiendo lentamente durante esta crisis. Me olvidaba de los 18 euros que me había cobrado Telefónica por volver a activar el móvil y sonreía colocando las plantillas sobre el tablón. 
  Volvía a trabajar, volvía a sentirme útil, incluso la madera parecía sonreír, como deseando tomar la forma de esa rinconera kilométrica que ocuparía un stand en la Feria de Milán.

             
   - Nos vamos a Milán...-murrmuró una de las vetas que se alargaba sinuosa, casi con formas humanas, casi con formas femeninas. Aunque supe que todo era fruto de mi imaginación, las vetas no podían hablar..., aunque yo las escuchase.

sábado, 3 de noviembre de 2012

MADERA COMO CANELA FINA..., PARA UN SENCILLO ESQUELETAJE.


   Los pinos son casi como los hombres, crecen juntos pero son distintos entre si, algunos crecen en las umbrías, otros en las solanas. Unos soportan los vientos y otros viven en vertientes más relajadas o, simplemente, guarecidos entre el mismo pinar. Sus raíces se extienden bajo tierra, reptan a oscuras durante cien años y van alimentando a esos troncos que, al final, llegan a mis manos, desde las Landas francesas, ya aserrados y en forma de tablones que contemplo como a una legión de soldados mudos, fieles y entregados a mi voluntad.

   Están ahí y parece que me miran, yo también los miro y pensaba en ellos hace unas noches, me preguntaba que pasaría el día en el que no tuviese dinero para comprarlos y tantas preguntas me hacía que tardé en dormirme.
  Pero a la mañana siguiente  ellos seguían ahí, unos contra los otros, nobles y esperando a mis manos y a los dientes de la sierra, realmente no le tenían miedo, los tablones sabían que ése era su destino desde el momento en el que homo descubrió que podía hurgar en la tierra con unas de esas ramas desgajadas con forma de punta, desde que descubrió que podía controlar el fuego con la madera o desde que mató su primera presa con una lanza.
  Siempre tengo una mirada amiga para ellos y, normalmente, observo sus vetas, sus texturas y me atrevo a predecir como se comportarán, que pasará cuando empiece a aserrarlos, como doblarán, como garcearán o como se revirarán y si serán rebeldes o dóciles, si se dejarán hacer como hacemos nosotros entre los susurros y los besos de las personas a las que amamos. Nos dejamos amar, tocar y besar, acariciar y oler entre sonrisas y escalofríos, cruzando nuestras miradas completamente desnudos y entregados.
   Y el tablón se deja hacer con la sierra, se deja trepar y cepillar. Se deja medir, mientras mis ojos se deleitan con su cuerpo limpio de nudos, recto y noble, como la más olorosa de las especias, como canela fina, como el cuerpo más hermoso.

   No se queja y se deja recortar, taladrar y encolar, se deja apretar por los gatos y que la pistola neumática atraviese sus vetas con las enormes grapas, se deja atravesar como un crucificado que después muestra otra cara, otra faz, casi como una sonrisa en forma de un  sencillo esqueletaje, en forma de un sofá anónimo y sin nombre que nunca será un icono de la decoración, que nunca será famoso, pero que se dejará tapizar y vestir para reposar en algún salón, en alguna habitación, ya lejos de los bosques que le dieron la vida y de las brumas, de las lluvias y del sol de la primavera, de esa Naturaleza que le dió un alma pura y hermosa…, mientras fuera del taller, anochece y llueve.



domingo, 7 de octubre de 2012

LA IMAGEN, LOS PLANOS TAPIZADOS Y EL ESQUELETAJE DE UN SOFÁ.



   Una leve inquietud me suele invadir a la hora de interpretar los planos a escala 1/1 que me proporciona el cliente. Son planos que recreean el tapizado pero, en muchas ocasiones, lo que veo no me convence y me tiembla la mano a la hora de retocar esos planos por mi cuenta y riesgo; en esos momentos es cuando me encuentro solo y algo confuso, podría llamar por teléfono y consultar, pero no es tan fácil, se puede consultar una medida en concreto, pero no una sensación o una impresión, es difícil ponerse en la mente del cliente y adivinar lo que desea. 
  Al final, casi siempre, decido en soledad y, desde luego, a veces me equivoco, pero de momento los aciertos son mayores y espero que, este caso, si me he equivocado que sea por poco. 

                                       ¡Y que vetas tan preciosas atraviesan
                                  la  consolaaa...¡¡¡

                                      Y más vetas, más texturas, más vida..., 
                                 me encantan.