A José Castillo le gusta el mar, siempre ha estado ligado a él, muchas veces pescando a fondo desde la orilla de la playa y, otras tantas, sumergido en sus aguas a pulmón, gozando de ese otro mundo y viviendo momentos inolvidables, hermosos y muy íntimos, en la soledad de la inmersión y con el único sustento de su propio pecho, de ese aire que, segundo a segundo, se va consumiendo y recordándole que no es un llobarro, recordándole que es un hombre y un tapicero, capaz de tapizar un bañera, un sillón reclinable o un precioso yate.
José me comenta que el tejido blanco que han utilizado para proteger el barco, es de tecnología punta, soporta perfectamente la agresiva interperie marina, protege los tapizados del barco contra el salitre y contra la insolación, contra la temperatura que se puede llegar a alcanzar al permanecer todo el año amarrado.
También me comenta que el sistema de anclaje es de lo mejor del mercado, sencillo de asegurar y de liberar, pero inamovible por cualquier circunstancia accidental una vez trabado; se llama Tenax y, obviamente, es inoxidable, como las grapas que han usado para tapizar los paneles de la cabina de cubierta.
José Castillo mirando a la cámara que maneja Jorge, su hermano..., y casi que se puede apreciar un moreno de piel que recuerda mucho al bronceado marino.



























