






Vestir las voluptuosas formas de mi versión del R-160 no iba a ser fácil; lograr que las telas se adaptaran a unas curvas exageradas y unas líneas sinuosas y audaces, iba a necesitar de paciencia y de ingenio.
Pero para éso estaba Jose Gómez, para echarle la misma imaginación e ingenio que usa cuando crea sus pufs, coloristas y casi delirantes, tan delirantes como los trazos curvilineos del R-160. También iba a necesitar de tesón y de horas de trabajo, de rellenos y de pruebas, pero para eso estaba Julián, el hermano de Jose, tapicero infatigable, inquieto y con una gran capacidad de trabajo.




Los hermanos Gómez me llamaron un par de veces para que les diese mi opinión. Al primer intento lo plantearon con un estilo clásico y después rectificamos, tratamos de lograr ese efecto cuenco o bañera que produce la tela cuando se ciñe a las curvas tan solo con costuras, sin desaparecer en ningun momento. En ese punto entraron en juego los botones y su presión sobre ese inmenso azul que robó la luminosidad del cielo mediterráneo, quizás para devolverlo a esos amaneceres brumosos que suelen velar los días del norte español.



Creo que el R-160 ha quedado fantástico, hipnotiza y por donde lo mires encuentras fluidez, armonía, equilibrio, curvas..., oficio y una tela mimada, casi pegada a unos volúmenes que parecen flotar sobre su cruceta de haya teñida de roble.Una réplica hecha en Valencia, en España..., una réplica hecha por los últimos artesanos de la tapicería y del esqueletaje; una pieza, verdaderamente, hermosa que no tiene nada que envidiar a las miles de réplicas que circulan por la red.