martes, 18 de febrero de 2014

UN POETEN PARA PACO.




  A Paco le gustó la idea que su Poeten protagonizase uno de mis post, le vi sonreir, quizás sorprendido, realmente tan solo se trataba de un sofacito para su dormitorio, pero creo que él también se había contagiado de mi entusiasmo, de hecho vino al taller y le hizo una foto al esqueletaje del que iba a ser su Poeten.
   - Mañana vendrán a por él los tapiceros y bueno, cuando quieras puedes pasarte a ver telas.
   - Tenía pensado algo en crudo, algo clarito para lo que es el sofá y un rojo o verde para el cojín.
   - ¿Y el color de las patas...? -le pregunté.
   - Oscuras..., bastante oscuras.
   - Espera que aquí tengo unas muestras.
   Y Paco volvió a sorprenderme cuando sus ojos se fijaron en una pata teñida de negro.
   - Me gusta ésa.
   - Ostras..., si te atreves si que podremos decir que será un autentico Poeten pata negra...,quedaría brutal con la tela en crudo.  
   Y en ese momento mis ojos destellaron y el post empezó a girar en torno a esa definición tan española, tan sabrosa y tan aromática pata negra..., pero hay veces que la creatividad sigue unos caminos que escapan a nuestra voluntad y a nuestro consciente. Tan imprevisible puede ser esa creatividad que a veces puede terminar surgiendo como una subita visión y es lo que finalmente ocurrió con el Poeten de Paco. Lo vi envuelto entre libros, lo vi observando sonriente a esas estanterías que atesoraban los mejores versos, las  novelas más interesantes, los ensayos más profundos y las memorias más intimas y sinceras. 


   El Poeten era un poeta, el Poeten era un sofá dulce y armonioso como el mejor de los versos, como la poesía más agradable y delicada...., el Poeten debería estar ahí por lo menos una vez en su vida, por eso paramos en una de las librerías más conocidas y antiguas de Valencia, frente a la Plaza de Toros y frente a la Estación del Norte.
  - Mira Poeten...., Librería Soriano, fundada en 1948 -murmuré- tú tienes algunos años más, eres de la quinta del 42..., a ver si nos dejan pasar y sabrás realmente lo que eres..., bueno, sabes que eres un poeta, aunque con esas patas negras eres el más rebelde de los poetas. 



   Y finalmente Chelo y Cristina nos dejaron entrar y sonrieron viendo como el Poeten contemplaba curioso y tímido, todo ese universo de libros..., incluso encontró uno en el que hablaban de su padre, de Finn Juhl, en ese momento se giró y me dijo.
   - ¿Me lo compras....?.


miércoles, 5 de febrero de 2014

FEATHERSTON, JUHL, WIKKELSO, WEGNER, SAARIÑEN, EAMES, JACOBSEN, BREUER, ZANUSSO.


 Recuerdo la serie de Frasier, recuerdo su salón a doble altura y el sillón reclinado y el puf a juego que presidía la parte alta, justo la que se asomaba a los ventanales, desde los que el delirante psiquiatra contemplaba la lluvia sobre Seattle.
  En aquella época veía la seríe y lo pasaba bien, pero desde hace algo más de un año sé algo más sobre ese decorado y sobre el apartamento de Frasier. Ahora sé que ese sillón giratorio tenía nombre y casi que una leyenda envolviéndolo, era la mítica Chaise Longue de los Eames.
  Y todo ocurrió desde que abrí este blog, a partir de ese momento descubrí que existían modelos que tenían nombre, prestigio y fama. He descubierto que aquellos diseñadores y que aquellos ebanistas que daban forma real a los bocetos y diseños, trabajaron en armonía y sintonía, dando como resultado unas obras que siguen gustando y atrayendo, que siguen teniendo alma y personalidad, pese al paso de las décadas y pese al tormentoso ir y venir de las modas y tendencias.


  Ahora mismo, soy capaz de ver esos modelos en los spot de televisión, soy capaz de reconocerlos en los escaparates o en las revistas y, a veces, los señalo excitado, presa de una curiosa emoción, casi con la emoción de un niño que se reencuentra con su mejor amigo tras el verano, cuando comienza el curso y los dos arden en deseos de contarse sus aventuras, aunque en mi caso no son aventuras lo que deseo contar, simplemente deseo narrar breves retazos de la historia que acompaña a esos modelos, como ocurrió hace unas semanas cuando descubrí unos sillones Wassily en el zaguan de la sede del PSOE en Valencia.
  Mi amiga no dudó en atravesar las puertas y en acercarse a ellos mientras yo dirigia una mirada entre nerviosa y azorada al hombre que atendía la recepción.
   - Eh, eh..., disculpe, pero es que hemos visto los sillones y... -traté de explicarme torpemente- es que, son de diseño y...
   - Tranquilo, hombre, tranquilo...., podeís mirar lo que querais.
   Pero yo no me pude callar y mi amiga ya se había sentado, sonreía plácidamente sentada sobre las cinchas negras de la mítica creacion de Breuer.


 

  En ese momento, volví a vacilar y terminé volviendo a mirar al recepcionista y señalando a los sillones con el dedo, al tiempo que le explicaba que el sillón era un icono del diseño. Le conté como su creador se había inspirado en el manillar curvo de una bicicleta de la época, es decir, de los años treinta y que, desde entonces, ese sillón no había dejado de fabricarse. Recuerdo que el recepcionista asentía escuchando mi improvisada charla, pero lo mejor, es que pude percibir como el hombre empezaba a ver los sillones de otra manera, los empezaba a apreciar y creo que empezó a sentirse orgulloso de que esas piezas cromadas y negras le hiciesen compañía en el zaguan.
  Aquella misma tarde descubrimos un modelo de Zanusso en una centrica tienda de Valencia y una pareja de sillones Swan en un restaurante  de la calle San Vicente..., y recuerdo que me sentí bien señalando y contando la historia de esas piezas, lo poco que sabía sobre ellas pero que era suficiente para aportarles algo de vida a los ojos de mi amiga y para amenizar ese momento tras el cristal.
 Y puede que por ese deseo de contar historias, decidí poner el cartelito pegado al copete de nuestro Poeten, para que todos los viandantes supiesen un poco más sobre ese armazón que durante dos días posó desnudo en la tapicería de los hermanos Gómez, junto a una réplica de la famosa número 45 también de Juhl.
   Muy pocas veces se había dado  esa casualidad, que en una tapicería coincidiesen dos auténticos ejemplos de diseño magistral, como el Poeten y la 45, ambos de Juhl..., el barrio y el mundo debían saberlo y yo deseé contarlo.


lunes, 4 de marzo de 2013

FINN JUHL EN MI TALLER DE ESQUELETAJE.

Finn Juhl posando junto a su especial número 45,
 se puede ver el delantero, ligeramente curvado,
 y el estrecho cojín del asiento.

  Miriam se asomó al taller tan respetuosa y sonriente como siempre.
   - Pedro..., ¿vas ha estar un rato más...? -me preguntó y yo sonreí ilusionado porque sabía lo que me iba a proponer- es que así te bajo la silla.
 Continué sonriendo excitado y afirmé con la cabeza.
   - Claro que te espero, venga, bájala que me muero de ganas de verla y de tocarla.
 Al ratito, ella y su chico aparecieron por el taller y colocamos la número 45 de Finn Juhl encima de la mesa, cabeceé satisfecho y toqué la magnifica pieza, la mitica pieza del diseñador danés, una pieza que parecía ser de hueso, liviana, sencilla pero al tiempo rezumando diseño e imaginación desde cada una de sus estilizadas líneas. 

                                             
  Por fin tenía un icono del diseño en el viejo taller de esqueletaje, por fin podía observarla con detalle y calma, podía mirarla y remirarla buscando algún golpe de punzón, alguna numeración, alguna etiqueta que acreditara que tea en el taller una auténtica número 45. 
   Hubo un momento en el que pensé que podía ser original, la hechura de una sola pieza del reposabrazos me llenó de esperanzas, pero, después de documentarme por la red, descubrí que no era original, pero eso si, era una magnífica réplica, anónima, sin firmas, pero llena de dignidad y de buen hacer. 
  Rápidamente le hice una primera sesión de fotos y le envié la primera de ellas a Kat, de El jardin de los Muffins, enseguida noté como la decoradora catalana se entusiasmaba tanto como yo, aunque ella no la tuviese al alcance de la mano.

La réplica de la 45 de Juhl a las puertas del taller
En esta imagen se puede observar el ensamble
en inglete entre la pata delantera y el reposabrazos.
    Ese ebanista desconocido replicó la Juhl en haya y ensamblando la pata delantera y el reposabrazos en inglete, ahí estaba la diferencia principal. Finn Juhl la había concebido uniéndola a 45 grados, igualando las paredes y alojando en su interior un grueso mechón, así la pieza se estilizaba, aportando elegancia y gracia sin perder consistencia.
   Quizás por eso estas piezas tengan tanta personalidad, Juhl no las concebía como muebles únicamente, mezclaba en ellas las influencias escultoóricas de algunas amistades y el resultado eran asientos flotantes que se distanciaban de la estructura de madera, eran formas sinuosas, casi flexibles, como tendones elásticos que eran capaces de volverse rígidos cuando alguien decidía sentarse en esas creaciones casi oníricas. Por cierto, Juhl no habría podido convertir sus sueños en realidad si no hubiese encontrado a un ebanista capaz de entenderle y de creer en esa forma de crear y diseñar..., pero lo encontró y las creaciones de ambos se siguen vendiendo y fascinando a quienes las poseen.
  Juhl recreaba dos piezas independientes, la tela y los rellenos por un lado y el esqueleto de madera vista por otro e incluso cuando diseñaba piezas completamente tapizadas, no perdía esa pureza de líneas, esa estrechez, esa divina delgadez que a mi también me hipnotiza.

La "silla del cacique" en unos colores y con un tapiazado orgánico, antropológico, tribal.
Silla modelo Pelícano, inconfundible.
La número 45 en mis colores favoritos.
Y el conocido modelo Poeten de Juhl junto a su Pelícano.