domingo, 2 de febrero de 2014

VIAJANDO CON CHESTER.



 Risto Mejide despierta odios y pasiones, puede caer muy mal o ser un tipo admirable, desde luego no deja indiferente a nadie, es implacable y casi dañino con esos aspirantes a artistas que pasan ante sus ojos y ante sus brutales críticas, les exije demasiado, les exije perfección cuando ejecutan números clásicos y originalidad cuando son capaces de crear.
   Pero en esta ocasión es el mismo Risto el que sale a la palestra con un programa de entrevistas, algo realmente poco original, sin embargo Risto trata de darle un aire diferente y se alía con un famoso personaje, alguien a quien conocemos todos los esqueleteros y tapiceros, Risto entrevistará sentado en un Chester que recorrerá nuestras carreteras, hasta dar con ese invitado. Lo curioso es que será ese mismo personaje el que decidirá el tapizado según sus gustos, finalmente el Chester se subastará y los beneficios se destinarán a una obra benefica...., como veís, no soy el unico que a veces cree ver vida en los sofás, en los esqueletajes y en las tapicerías.

miércoles, 20 de febrero de 2013

ANGEL Y FLOR, TAPICERO Y COSTURERA, UN MATRIMONIO BIEN HILVANADO.


                                                                            
 Después de hacer fotos a la chaise longue que susurraba a los jinetes, volví a montar en Duna y rodé hasta la tapicería de Ángel Zamora y de su mujer, Flor.
   Paré en la puerta y mientras estaba haciendo fotos a Duna, Ángel asomó por la puerta sonriendo y abriéndome las puertas de su local.
  Nada más entrar la mujer de Angel se acercó sonriendo.
  - Vaya, por fin nos conocemos..., soy Bonache.
 - Ya lo sé, ya..., pero no me has dejado tiempo a rematar los cojines de la chaise longue.  
  -  Es que me he pasado por Comes y me he dicho, me paso ya..., bueno y no te preocupes que en las tapicerías siempre hay algo que ver.
  - Ya lo creo..., -interviene Angel- y mira, aquí tienes las chaise longue, aún me falta poner los herrajes a los cojines del respaldo.

                                               
    La chaise longue parece mirarme y casi como preguntando si me gusta el traje que Flor y Ángel han tejido para ella, yo casi le respondo que el polipiel negro es poco lucidor, demasiado negro en medio de todos los colores que asoman desde los muestrarios.

                                           
- Mira ¿a qué no sabes que ésto...?-me pregunta señalando hacia dos estrechas butacas de madera vista.                                 
 - Jo..., yo diría que son como butacas de iglesia, ¿no...?.
 Y Ángel suelta una risa.
  - De iglesia también tengo ahí dentro..., pero éstas son dos viejas butacas del cine Rialto.
   - ¡Coño..! -exclamo y durante unas décimas de segundo los recuerdos se apelotonan en mi mente, recuerdo aquellas hileras de butacas abatibles, recuerdo el NO-DO, el especial sonido de las salas de cine, la gigantesca pantalla a color, la oscuridad  de la sala..., y también pienso en Marga, de EnAteneo. Imagino que viendo esas butacas se dispararía su imaginación y crearía un post brillante, ameno y genial sobre esa mítica sala.

                                                
   Ángel me invita a pasar al taller donde trabaja él, Flor lo hace en una salita de costura, entre la pequeña exposición y la tapicería en si misma. Se sienta sobre una graciosa y comoda silla setentera o vintage y continua cosiendo las cremalleras.
   - Esa silla es preciosa... -murmuro mientras la enfoco con el móvil. Flor sonríe tímida pero sigue manejando la máquina, encarando la cremallera, ayudando a su marido, trabajando con él, estando ahí como la mejor cómplice que uno pudiese encontrar, como la mejor compañía, como la visita más deseada.
  - Y es muy cómoda -me contesta ella, sonriendo y dándome el perfil.
                                                      
                                                                   
    Flor se queda ahí y Ángel me enseña el resto de la tapicería, allí me encuentro con un venerable reclinatorio y con un audaz sillón de diseño que me recuerda mucho al precioso diseño de las sillas Panton. No puedo evitar comparar las dos piezas, madera contra fibra, tallas contra tubos de acero cromado, comodidad contra sufrimiento, sueño y reposo contra confesiones y remordimientos. Son las esencias humanas reflejadas en sus muebles y en sus objetos, en la decoración, en las distintas formas de concebir la existencia y los entornos. 


                                                                                            
   Pero en estas viejas tapicerías,en estos viejos talleres siempre hay algo más, siempre hay trabajos que quedaron olvidados, telas que en su día estuvieron de moda, por eso Ángel me enseña un viejo sofá de estilo Isabelino lacado en blanco, que reposa mudo y aún desnudo, esperando el día en el que alguien le mire y diga..., "lo quiero".                                               
                                           
  Por cierto, Ángel y Flor tienen su tienda-taller en la calle Marino Albesa de Valencia y responden al telefono 963301902..., en ese barrio ya casi que se puede oler el mar y la playa, desde allí, la Avenida del Puerto corre presurosa hacia él, hacia el gran azul.

viernes, 15 de febrero de 2013

LA CHAISE LONGUE QUE SUSURRABA A LOS JINETES.


                                          

Juan Vicente Comes me pidió ayer unas piezas de madera y unas tiras de chapa para restaurar una chaise longue que estaban retapizando.
  - Pásate a verla que te gustará la tela, es muy original.

Y la verdad es que me apetecía montar en Duna, pasearme por la city y sentir este sol regalado. He rodado con calma y percibiendo como, en cada semáforo, el sonido del v-twin iba variando, como cada vez sonaba más acompasado y más cadencioso, quizás por eso he girado con ganas el puño del gas cuando se ha encendido la luz verde, ha sido como si espolease a un potro ansioso por dejar atrás el coche de la policía municipal que me había estado siguiendo por toda la Avenida del Cid.
He sentido el tirón del la vieja 535 y el túnel me ha engullido en medio de un delicioso vértigo.

lunes, 21 de enero de 2013

QUIEN TIENE UN TAPICERO...,TIENE UN TESORO.



 Hubo un tiempo en el que los tapiceros se heredaban de madres a hijas. Era el tapicero quien confeccionaba y colgaba las cortinas de la casa, quien tapizaba las paredes o la puerta, quien vestía los sofás o las butacas tras complejas deliberaciones sobre tal o cual tela. Pero lo peor era cuando ellas trataban de implicar a los maridos, eso las madres, pues las hijas trataban de implicar a los novios..., en ese momento los maridos o novios desaparecían de casa disimuladamente o morían de aburrimiento cuando acompañaban a sus señoras a elegir las telas para los sofás, para los sillones o para las cortinas. Complejas y cansinas elecciones, más aún cuando, de vez en vez, ellas les pedían parecer a ellos, a los maridos o  novios, pero más que nada por invitarles a participar. Era cuestión de sonreir y afirmar con la cabeza rezando para que, por fin, se decidiesen por alguno de esos  muestrarios que se esparcían sobre la mesa de corte creando un auténtico cosmos de colores, texturas y dibujos.
  Hoy en día ya no se heredan los tapiceros..., corren otros tiempos en los que prima lo inmediato y lo impersonal, la moda de las marcas o de los centros comerciales suecos. Pero aún quedan personas de esas que heredaron al tapicero y que recurren a ellos, aunque hallan pasado 18 años desde que mi padre le hiciese los armazones o esqueletos que aquel tapicero vistió con las telas que ellos eligieron.
  Y de la misma forma que ya no se heredan a los tapiceros, las  casas tampoco se limpian como antes; ahora existen unos robots capaces de estar todo el día reptando por la casa, barriendo y absorviendo el polvo. Pero, a veces, esos ingenios serviles y dóciles tropiezan con sofás demasiados bajos y no pueden limpiar por abajo..., por eso llamaron al tapicero y por eso mi cliente me llamó 18 años después, insisto, es que son muchos años, será cosa de herencia.
   Los clientes deseaban subir las patas de los sofás para que el platillo reptante pudiese investigar el mundo que late bajo los sofás. Le sugerí una solución, los clientes aceptaron encantados y esta madrugada torneé los suplementos para las patas. 
                                                   
                                                       

jueves, 17 de enero de 2013

TERESA M. DE GRACIA ES AEDESDECOR.


                                                                              
    Hace unas semanas, Julián y José, de Tapizados Gómez, me encargaron que copiara un silloncito muy sencillo y resultón, reducido, de líneas absolutamente rectas pero cómodo y funcional.
   - Es para Tere..., que está  decorando la habitación de una niña y como los padres tienen uno, quieren otro para la hija.
   Y Tere es AEDES DECOR , una joven decoradora criada entre cortinas, patrones, hilos y costuras, es la  hija de Julio Martínez, otro mosntruo del que ya he hablado alguna vez. Y aquí si que vale ese conocido refrán que reza de la siguiente guisa,  "de casta le viene al galgo...", y, desde luego, Teresa rinde justicia al dicho enseñándonos la habitación que decoró junto a a La Casita de Penelope; ellos pusieron los muebles y Tere el resto, la colcha, los cuadros, los estores, las telas de Harlequin, los cojines, el papel y como no, el silloncito de tela a rayas y con ruedas.



  En este caso, Tere ha trabajado colaborando con La Casita..., pero ya son bastantes años decorando por su cuenta, a veces lanzada a solas a vestir esas casas que siempre la miran desde sus paredes desnudas, desde sus ventanas sin cortinas ni estores, desde salones huerfanos de sofás y de sillones. Pero siempre contando con el apoyo de su padre y de su madre, de los hermanos Gómez y de mi mismo.
  Si queréis más trabajos de Tere, pasaros por su página en Facebook
 

jueves, 10 de enero de 2013

EL TOPOLINO QUE MIRABA HACIA LA CALLE.


        
                                                      
Me puedo imaginar la expresión del tapicero, cuando vió que el cliente se giraba hacia él con el rostro sombrio y decía, después de mirar hacia la ventana:

  - Es que, aquí sentado no puedo ver la calle..., lo quiero más alto. 

Y es que el Topolino es un orejero pequeño, reducido pero muy acogedor, es un orejero con una altura de asiento normal y que cabe en cualquier sitio, en una salita o en un rinconcito del dormitorio. A veces, he llegado a pensar que era el orejero que compraba la gente que llegaba a la ciudad desde el campo, gente de talla menuda y trabajadora, que con el tiempo adquirían sus pisos en la ciudad y los amueblaban, poco a poco, con mimo y cariño, sin ostentación pero con mucha dignidad. 
   - Es que no puedo ver la calle... -repitió el cliente- lo quiero más alto.
No había más que hablar, pero hubiese sido interesante hablar antes de encargar el Topolino, se habría podido hacer otro modelo de sentada más alta y no habría hecho falta, traer el silloncito, recién tapizado y aún por estrenar, a la vieja carpintería para que le cambiase las patas.

El Topolino ya con sus nuevas patas,
esas con las que ya se podrá asomar a la calle.
   
Lo que cuelga a la izquierda, es el forro inferior,
después de pulimentar las patas,se volverá a reponer.
                                      
  Doy por sentado que el cliente podrá  ver la calle, el trasiego de los vecinos, el deambular de los perros y el circular lento y al tiempo desesperado de los conductores buscando aparcamiento..., pero, posiblemente, yo no cobre ni la hora de trabajo, ni las patas nuevas, puede que el pulimentador no cobre su trabajo y, casi seguro que, mi cliente no le podrá cobrar los tres portes..., porque a veces, los talleres pequeños y humildes también cumplimos con las garantías como Ikea o El Corte Inglés...., pero sin tanto bombo y platillo.