miércoles, 5 de diciembre de 2012

¿LOS SOFÁS PUEDEN SENTIR NOSTALGIA...?.




   Cuando dejamos de soñar se puede decir que empezamos a morir, a dejar de imaginar, a dejar de sentir, a dejar de emocionarnos y a dejar de impregnar a los objetos con parte de nuestra vida y de nuestra energía.

  Yo aún sigo soñando, pero de la misma forma que sueño y me quedo en la inopia, a veces me veo envuelto en pesadillas que me aplastan y que me reducen a un ser casi miserable y del que empiezan a aflorar sus peores rincones.

  Y no, los sofás no sienten nostalgia, carecen de esas emociones que nos hacen tan humanos, tan apasionados o tan viscerales…, pero como se que debo seguir soñando, si no quiero acabar encerrado en mis pesadillas, volví a sonreír cuando vi que otro sofá hecho por mi padre regresaba al taller de manos de otro cliente. Aunque, cuando lo miré de cerca, vi que algunas de las marcas eran mías, las letras y las llamadas parecían tener mi trazo, mucho menos vistoso y artístico que las de mi padre, pero ahí estaban.

 - Vaya, parecen que los sofás tienen nostalgia de este taller –murmuré cuando me asomé a la  Caravelle de Ángel.

 - ¿No me digas que lo has hecho tú…?.

 - Yo o mi padre, es un Arizona, estuvo muy de moda hace unos diez años, hicimos bastantes.

 - Pues la clienta quiere otro pero de 1.90 y con el respaldo cinco centímetros mas bajo.


   Mi padre era meticuloso y amaba su trabajo, él si que era capaz de impregnar cualquier esqueleto, cualquier sofá, cualquier mueble que saliese de sus viejas manos. Era tan preciso que examinando las gastadas plantillas del Arizona, Ángel y yo descubrimos que ese sofá era un modelo especial para José Luis, un tapicero de Moncada que nos lo pedía con el reposabrazos cortado en media luna y más alto de respaldo.



   Satisfacer a la clienta fue fácil, las plantillas que hizo mi padre ahí estaban para que yo pudiese seguir trabajando, casi como si él aún estuviese por allí.

   Al día siguiente, se pasó por el taller Jesús, otro tapicero ya jubilado, un hombre alto, de barba blanca y elegante. Le conté la anécdota y me dijo, tocándome el hombro.

   - Ese es tu padre…, que desde arriba te sigue ayudando.