Hace ya algunas semanas que José Castillo me había comentado algo sobre un viejo sofá cama-libro que los hermanos Gómez habían reciclado y retapizado con tela vaquera, bueno realmente con decenas de pantalones vaqueros, según Jose. Así que, esta mañana, me he acercado a verlos, dando un paseo desde mi taller de esqueletaje y después de haber salido a primera hora de la mañana a hacer 60 kilómetros con la bici de carretera.
Y José Castillo tenía razón cuando añadió que les había quedado muy resultón.
Allí estaba el viejo cama-libro, renovado y rejuvenecido, simpático, actual y casi vintage, ¿no...?.
Una vez allí no he podido evitar acribillarlo a fotos, pero especialmente por el contra, por esa parte trasera convertida en una especie de original estantería. José Gómez había cosido todos los bolsillos a ese lado oculto de los sofás y que, normalmente, no sirve para nada cuando van pegados a las paredes.
Pero las novedades no quedaban ahí, José también había experimentado con una silla realizada con tablero aglomerado recuperado, tapizado con arpillera y revestido con tubos de cartón.
Una nueva hornada de pufs no podía faltar, siempre a la vera de ese cama-libro en el que no he podido evitar sentarme, aunque la intención era tumbarme y entregarme a la llamada siesta del borrego.
¡Moskis...!, me acabo de dar cuenta de que no se me ven las piernas, igual es que Julián y José, como vestía con vaqueros me han cosido a la tela del cama-libro..., ¿estaré formando parte de él...?, ¿seré colcha o edredón...?, me temo que cuando acabe el invierno acabaré dentro de un armario hasta los siguientes fríos, pero para éso habrá que salir del armario....












