lunes, 21 de enero de 2013

QUIEN TIENE UN TAPICERO...,TIENE UN TESORO.



 Hubo un tiempo en el que los tapiceros se heredaban de madres a hijas. Era el tapicero quien confeccionaba y colgaba las cortinas de la casa, quien tapizaba las paredes o la puerta, quien vestía los sofás o las butacas tras complejas deliberaciones sobre tal o cual tela. Pero lo peor era cuando ellas trataban de implicar a los maridos, eso las madres, pues las hijas trataban de implicar a los novios..., en ese momento los maridos o novios desaparecían de casa disimuladamente o morían de aburrimiento cuando acompañaban a sus señoras a elegir las telas para los sofás, para los sillones o para las cortinas. Complejas y cansinas elecciones, más aún cuando, de vez en vez, ellas les pedían parecer a ellos, a los maridos o  novios, pero más que nada por invitarles a participar. Era cuestión de sonreir y afirmar con la cabeza rezando para que, por fin, se decidiesen por alguno de esos  muestrarios que se esparcían sobre la mesa de corte creando un auténtico cosmos de colores, texturas y dibujos.
  Hoy en día ya no se heredan los tapiceros..., corren otros tiempos en los que prima lo inmediato y lo impersonal, la moda de las marcas o de los centros comerciales suecos. Pero aún quedan personas de esas que heredaron al tapicero y que recurren a ellos, aunque hallan pasado 18 años desde que mi padre le hiciese los armazones o esqueletos que aquel tapicero vistió con las telas que ellos eligieron.
  Y de la misma forma que ya no se heredan a los tapiceros, las  casas tampoco se limpian como antes; ahora existen unos robots capaces de estar todo el día reptando por la casa, barriendo y absorviendo el polvo. Pero, a veces, esos ingenios serviles y dóciles tropiezan con sofás demasiados bajos y no pueden limpiar por abajo..., por eso llamaron al tapicero y por eso mi cliente me llamó 18 años después, insisto, es que son muchos años, será cosa de herencia.
   Los clientes deseaban subir las patas de los sofás para que el platillo reptante pudiese investigar el mundo que late bajo los sofás. Le sugerí una solución, los clientes aceptaron encantados y esta madrugada torneé los suplementos para las patas. 
                                                   
                                                       

lunes, 27 de agosto de 2012

AD, Architectural Digest, número 72. Septiembre 2012




Voy a confesar que el color de la portada de AD me ha hecho comprar la revista sin vacilar, ilusionado y animado por ese amarillo intenso, aderezado con titulares en rojos, verdes y negros que hablaban de lo mismo, del color y su influencia, hasta el punto de compararla con los efectos del popular Prozac.
Y siguiendo con las confesiones, ya en el Editorial, la directora de AD, Montse Cuesta, nos invita a fundirnos en los universos de color que nos prepara en este número que ya se asoma al otoño, puede que escapando de un verano caluroso y envuelto con la angustia de esa crisis, a la que la misma directora se refiere sin tapujos al titular el editorial con un titulo muy claro y directo.
“EL COLOR EN TIEMPOS DIFÍCILES”
Pero pese a esos tiempos difíciles o puede que impulsados por ellos, en las siguientes páginas me encuentro con un caudal inagotable de colores, de ideas, de muebles, objetos, salones, dormitorios,  habitaciones inundadas por esos colores que tanto influyen en nuestros estados de ánimo. Incluso, los animales encuentran su sitio en ese cosmos colorista que AD ha recreado para nosotros y podemos ver la cornamenta de un gamo colgada de una pared azul cobalto, casi como si fuese un cielo, el cielo de un paraíso en el que surgiese la vida animal, en la que un coatí y un ibis comparten silencio, junto a la mirada de Zaza, la mascota de Florian Seyd y Ueli Signer, en Amsterdam. 
Sin embargo, de entre todos esos animales, algunos disecados y otros hechos de resina, me quedo con esta maravillosa fotografía de mi amigo Goyo, de ARS NATURA. La impresionante cabeza de un rinoceronte blanco surgido tras décadas a la intemperie y de entre las manos de la propia naturaleza.



Verdes, rojos, anaranjados, azules, amarillos, rosados…, todos los tonos y gamas parecen tener un lugar de la mano de decoradoras y decoradores con gusto y con ánimos de renovar el presente con piezas del pasado, con estilos de otras épocas que, curiosamente, irrumpen en el nuevo siglo cargados de fuerza y expresión. Incluso, el peculiar tono de la piel, el tono de cuero tiene una página especial en la seccion Buscador AD titulado “Cuero quiero”, nos descubre la tienda A Fleur de peau, en pleno mercado de Las Pulgas, en Francia. Describen el mimo con que sus propietarios fabrican, tapizan y restauran la piel de los llamados sillones Club, siempre manteniéndose fieles a los estilos y tendencias que marcaron las modas de los años 20 a los 60.

Durante unos instantes observo los modelos de las fotografías y puedo concluir que los he hecho todos y que los sigo haciendo. De vez en vez, los clientes vienen con alguna fotografía de esos sillones Club y a los pocos días ya tienen el esqueletaje, de la misma forma que en la revista me encuentro con un par de Chesters que también me son muy familiares, sigo viendo sus estructuras interiores de madera y no puedo dejar de murmurar por lo bajo.
- "Ésos los puedo hacer…"

Igual que muchas de las butacas y de los sofás que aparecen en AD, casi todos ellos vestidos con telas a tono con el lema de este mes, con tejidos coloristas, vivos, llenos de luz y reflejos, como la versión en azul de un sillón que recuerda mucho al Papa Bear de Hans Wegner.

Esta imagen pertenece al reportaje gráfico que ilustra un interesante artículo titulado "El rastro de Madrid renace"
Y como buena revista de decoración, AD, recoge la nueva tendencia en cabeceros, el clasicismo eternamente elegante del capitoné y las orejeras, en el modelo de la fotografia esas orejas se insinuan como dando pistas de por donde irá la estetica de los dormitorios.

viernes, 16 de marzo de 2012

EL MUEBLE, número 597.


Hace tiempo que descubrí de que manera tan intensa me     influían los colores, pero no sabía lo que el especialista, en cromoterapia, Mariano Bueno, cuenta en el número 597 de "El Mueble" sobre la influencia de los colores en el estado de ánimo.
" Hoy sabemos que tenemos fotoreceptores en toda la extensión de nuestra
piel, que perciben las ondas electromágneticas de la luz asociada a los colores..."
En el artículo se habla de esa capacidad de la luz y los colores para variar nuestro estado vital, nuestro humor pero, sobre todo, para poder modificar los ambientes de la casa, para lograr sensaciones agradables, de relax o descanso o un efecto contrario, vigorizante, animoso y vital.
Mariano Bueno aún da mas pistas sobre el por qué de esa importancia y yo, como es habitual, trato de explicarlo con la prehistoria, con la Evolución.
Los colores nos han acompañado desde siempre, pero alcanzaron su máxima importancia en el momento en que nuestra adaptación fue mermando los otros sentidos a favor del visual.
Los humanos podemos distinguir tal gama de colores que estamos sujetos a ellos psicológicamente, asociamos los días luminosos a la alegría, a las ganas de vivir y los días cubiertos como oscuros, como grises tristes y apagados. El verde intenso de la primavera invita a moverse, a reír, a correr, mientras que el ocre y el amarillo del otoño nos arranca una sonrisa melancólica y nos invita a recogernos dentro de las casas.
El artículo nos sigue ilustrando sobre cómo manejar esos tonos y acabados, nos dice cuales están marcando tendencia y hacia el final del reportaje nos expone una útil tabla en la que se nos explica cómo influyen en nuestro tono ideal, esos colores.
Pero El Mueble me reservaba otros artículos, otros reportajes y docenas de buenas fotografías que no he podido evitar comentar.
Observo el sofá y veo su armazón, éste es todo un clásico en tapicería, tengo clientes que lo bautizan como Ascot o Sendra y es una pieza elegante, ligera de líneas y con buena capacidad, sus brazos no son muy anchos y permiten unas holgadas plazas.
Una colorista rinconera, enfundada y con vivos rojos rematando cojines y la misma funda. Pagina 4.
Y en la página 2, una composición moderna, pura y sustentada por unas patas de acero cromado. La observo y también vislumbro su armazón, su esqueletaje, su hechura interior. Incluso me atrevo a idear como ensamblaría las patas en una estructura igual, o similar, hecha por mi. No sería difícil, una recalada en inglete entre asiento y consola de brazo y en su interior se remataría la tapicería y se encajaría la pata. Sí, se podría hacer, claro que sí.
Un cabecero clásico en capitoné y con orejas...¡¡¡, si, si. Hace unos meses hice uno para Sirna, una prestigiosa firma de decoración de Alcácer, en Valencia. Pero mi cabecero era bastante más audaz y airoso. Sus orejas se abrían hacia los lados y el copete declinaba, formando una vaguada que llenaba de movimiento y ligereza a un cabecero de más de dos metros y medio de longitud. Página 6.