jueves, 20 de octubre de 2016

UN PAPA BEAR CHAIR VIENE A VERME.






         El delantero se arquea y las patas ligeramente cónicas se inclinan firmemente encastradas en la pieza a caja y espiga. Aprieto con el gato, sonrío cuando la cola blanca rebosa y después encajo la pieza entre los costados, también cajeados, de nuevo el gato las une y la cola vuelve a escapar entre las juntas.
      Me alejo unos pasos y siento un escalofrió... con ese detalle el Papa Bear se parece mas que nunca a la mítica pieza de Wegner. La siento mas digna, mas cercana, mas honesta y eso me hace sentir bien, me proporciona un placer difícil de explicar.

 
 
 

   Lo observo ya terminado y sigo envuelto en la magia, en el placer íntimo que me proporcionan sus formas, sus desproporciones, las mismas que me causaron repulsión cuando lo vi por primera vez. En aquel momento me pareció extremadamente feo, sin armonía, casi grotesco... se alejaba tanto de los sillones que fabricaba normalmente. No era un orejero clásico ni un sillón moderno de líneas rectas, era algo diferente, extraño, deforme... y desde luego, en aquel momento no podía ni imaginar que ese icono del vintage danés iba a inspirar una novela que se titularía "La decoradora".
  Y es curioso, de la misma forma que el monstruo da una lección de vida al muchacho, el Papa Bear apareció en mi vida para ayudarme a tratar de ser un mejor esqueletero.






 

jueves, 22 de septiembre de 2016

MECEDORA "VERTIGO" diseñada y fabricada por Pedro Bonache.






          Incluso la inmovilidad resulta dinámica cuando se observa  la Vértigo suspendida sobre sus patines, poderosos, sobredimensionados en la zona central y estrechos y valientes en sus extremos. Forman una especie de cuello de cisne o de extraño boomerang asimétrico que volaría de manera errática y que sin embargo consigue que la Vértigo se balancee sin puntales o patas traseras. 
   Inspirada en Panton y en Pearsall, la Vértigo resulta valiente, audaz, agresiva, distinta, casi inclasificable, alejada de las míticas Thonet y distinta a los diseños daneses apoyados en madera laminada. Quizás brusca de líneas, quizás tan distinta que resulta poco familiar... así es ella, la Vértigo de Pedro Bonache.
 

 
  

miércoles, 7 de septiembre de 2016

OREJERO VINTAGE MODELO "PROA"




  


 
 
 
 
           La brisa de levante peinando las crestas de las olas, creando como crines blanquecinas que se evaporan y que llenan la orilla de un aroma salobre, ancestral, natural y la proa de la barca de pesca, blanca y azul, con nombre de mujer, balanceándose sobre las misma olas que tenaces morirán contra la playa, a los pies de los bañistas, de los pescadores que observan el paso de la barca, azul y blanca, con las redes recogidas, regresando a puerto... y eso mismo piensa el esqueletero que concibe y fabrica el primer prototipo del Proa, por puro capricho, por el gozo de ver en madera algo que gravita en su mente.
   Un sillón que recuerda a la proa de un pesquero, también a la quilla que se hunde bajo las aguas.
  Un orejero de aires tardíos, viejos, de aires vintage y que recuerdan a los modelos daneses, de formas suaves, que hace un guiño con las aletas que rematan brazos y consolas, al estilo de los 50.
   El Proa se reclina audaz sobre una pata en voladizo que mira hacia algunos modelos nórdicos, se tumba como si fuese a encarar una gran ola... y el esqueletero sigue dejando volar la imaginación, lo ve tapizado de azul o blanco, lo ve con algún cordón perfilando sus líneas, de nuevo otro guiño a las maromas, a las estachas y a las jarcias. Azul como ese mar que enamora a las mujeres y blanco como las casitas de la costa, humildes, sencillas y siempre teniendo como huésped a la brisa, a la sal, al ambiente marino que inspira este orejero.
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 30 de agosto de 2016

ALGO MAS QUE ESQUELETAJES.






      Dejo que me rodeen y sonrío con el temporizador activado en el móvil... no hay nadie que me pueda hacer las fotos y ellos, pese a ser algo mas que esqueletajes no son capaces de manejarlo, por eso posan junto a mi, me rodean y alzan sus barbillas porque cada uno de ellos tiene un número y porque pese a ser todos una recreación del mítico R-160 de Grant Featherston son todos diferentes entre si, están hechos a mano, con sus imperfecciones, con sus pequeños desajustes, con sus leves garceas y con las formas que surgieron al tratar de imitar al modelo australiano, líneas que brotaron del problema de interpretación que suelo padecer.
 

 
 
   Seguimos posando y pienso muchas cosas, pienso en papá, cuando hablaba de su famoso modelo "Avión", jamás llegue a ver una de esas piezas y pienso en que yo acabaré igual, hablando de aquel sillón que quiso ser el R-160 y que terminó siendo un sillón con personalidad propia, diferente, que se llamó Paterson, Diablo e incluso Don Draper... un modelo que poco a poco me fueron copiando y que poco a poco fue ocupando hogares, e incluso hoteles, como estos ocho silloncitos que poco a poco se están convirtiendo en una pequeña leyenda.
    Y me imagino que cuando cuente que ese sillón lo "saqué" yo, mi interlocutor pensará, "Bonache ya está mayor, se le va la pinza...", pero como los tiempos han cambiado le podré contestar.
   - Búscalo en Internet y verás como está.
 
 
 
 

lunes, 8 de agosto de 2016

MIS TESOROS TAPIZADOS, MIS TESOROS ESCRITOS.



  





      Sentado en mi versión del Teddy Bear de Svend Skypper y leyendo una pagina abierta al azar de "La decoradora" siento que por fin tengo algo propio, algo mío nacido de entre mis manos y de mi imaginación.
 
                                                         
 

 
   Pipper y Bronni se acercan y el disparador automático los caza, Norton, nos observa desde la terraza, perezoso, ya mayor... y el medio galgo que inspiró tantas paginas prefiere permanecer a la sombra. Le observo y concluyo que ese es mi mundo, el entorno natural que me rodea, el chirrido de las cigarras y la espera silenciosa de las urracas que me observan, curiosas ante ese tesoro tapizado y ante esas hojas de papel repletas de mis delirios, de mis deseos, de mi pasión compartida.
       

miércoles, 3 de agosto de 2016

BUTACA MODELO "SOLO CAFE".







         La "Solo Café" alza sus reposabrazos y los recurva en una invitación a sentarse en ella, en un gesto que te incita a confiar en la acusada inclinación de su respaldo bajo pero cómodo, suficientemente envolvente como para facilitar el descanso mientras se saborea un café y se observa , mientras se aspira el aroma del torrefacto y se avivan los sentidos.
    - Dicen los expertos que precisamente el café torrefacto es el peor de todos los cafés..., pues se tuesta con azúcar
     - Lo se -admite el esqueletero sonriendo- pero es el que me gusta y el que me trae buenos recuerdos..., además solo bebo mi café, el que hago en una Oroley auténtica -sigue confesando el esqueletero.

 
 
 
    Las dos "Solo Café" escuchan la entrevista imaginaria del esqueletero y del observador... que en realidad son la misma persona, la única que habita en el viejo taller de esqueletaje.
    - Está diseñada para ocupar poco espacio, para poder poblar con ellas  en los bares de los hoteles, en los  salones  de los restaurantes y en las terrazas de las casas rurales... y para pedir una segunda taza de café, para sentir nostalgia de la pequeña butaca cuando los posos llenan la taza y hay que levantarse y reencontrarse con la realidad, con el peso de cuerpo sobre los huesos, con la barahúnda de la ciudad cuando se vuelve de las vacaciones, cuando la realidad te abruma mientras te alejas de la "Solo Café", con el sabor aun en tu garganta y con la sensación de que sentado en ella, la vida tenia otro sentido.