jueves, 21 de abril de 2016

"LA DECORADORA", la novela ya terminada.




                                                        

                                                      "LA DECORADORA" (pinchar en el titulo para descargar la novela gratuitamente)

                  Casi un año despues de comenzar a escribirla, la novela está terminada, os la podeis descargar gratuitamente visitando el enlace. Y en fin, Rosalia, la modelo de la imagen, es mi hermana, pero bien podría pasar por Sara, la decoradora, para eso deberia estar reposando en un "Papa Bear", pero todo es cuestion de  leer, de imaginar y de sentir.


   




                 

jueves, 31 de marzo de 2016

UN BELLO EMBRION... DE BUTACA.



     


 
  Así la veo, como el embrión de una bonita butaca, como el embrión rescatado de algún glaciar del norte de Europa, como el embrión de una nueva época, de una nueva forma de sentir mi trabajo, mi oficio.
    La contemplo en el viejo cauce del rio Turia, rodeada de césped, de hierba húmeda, bajo el sol, entre las sombras de las melias o junto a las altas palmeras. La contemplo en esa forma embrionaria, desnuda..., aunque realmente el embrión siempre es mental, es cuando piensas en como hacerla, es cuando la recreas en la imaginación, hasta que llega un momento en el que esas imágenes creadas en la oscuridad del cerebro toman forma sobre el cartón para después ganar volumen y cuerpo en el pino.
 

 
 
 
 
 
   La sigo observando y disfruto de este entorno en el que los mirlos corretean sobre las praderas buscando insectos y lombrices y en el que pronto las golondrinas volaran a un palmo de altura sobre esos mismos prados, sorteando los arboles y arrancándome sonrisas.
   Y la butaca disfruta del paseo, del sol de la tarde, de un sol primaveral que mueve la vida, aquí abajo, en el viejo cauce del Turia y en nosotros mismos.... pero tenemos que volver al taller, ahí donde ellas vieron la vida por primera vez.
 

 
   
    

jueves, 17 de marzo de 2016

SIGMUND FREUD Y EL SILLON ANTROPOMORFO.









   
 
   - Doctor Freud, no le entiendo, le acabo de diagnosticar un cáncer de paladar y se dispone a encender ese cigarro... creo que eso no le va a beneficiar, de hecho me atrevería a decir que el cáncer se lo ha causado el propio tabaco.
     El psicoanalista se encogió de hombros y arqueó las cejas, se arrellanó en la butaca y prendió el pitillo.
    -  Es una teoría interesante, lo que me molesta es no saber que causa estas degeneraciones del cuerpo..., si ese mal estuviese en nuestra mente me podría curar por mi mismo -respondió Sigmund Freud, aspirando al humo y dejándolo escapar frente al rostro del especialista.
   Su rostro se difuminó envuelto en la nube de humo que siempre había acompañado al neurólogo durante sus investigaciones, durante sus polémicas conferencias o durante esos momentos en los que se tumbaba en el mismo diván en el que lo hacían sus pacientes.
   Giraba la cabeza lentamente hasta encontrarse con la peculiar silueta de su sillón antropomorfo y sonreía al recordar las reticencias del ebanista al que se lo encargó, recordaba la expresión de asco y sorpresa de aquel artesano que continuamente negaba con la cabeza y recordaba también la expresión aterrada del tapicero que lo forró con piel.
   - Lléveselo ya que me espanta a los clientes -llegó a decirle cuando terminó de clavar la ultima tachuela.

 
 
   Y el sillón le observaba, erguido, con sus brazos separados y con la piel ya vieja, impregnada con su olor, con el sudor y aún caliente, pero enfriándose poco a poco .
    Freud asintió, le habló al sillón como le hablaban sus pacientes, dio otra calada y sintió como toda su garganta ardía..., el cáncer continuaba devorándole el paladar, las células se destruían a si mismas, mientras las experiencias y los traumas reprimidos de la infancia observaban impotentes como aquellas células lo destruían todo, mientras el psicoanalista perdía el control de su psique envuelto en las sobredosis de morfina, dejó de percibir ese fuego que carbonizaba su garganta y la oscuridad engulló sus recuerdos para siempre.
    El sillón quedó allí..., tras su escritorio, hasta que Antonio Ferrer se fijó en él y nos pidió que lo devolviésemos a la vida.
 
 


  
  
 
 
 
 

viernes, 11 de marzo de 2016

91 Model de Svend Skypper.



 

 
 
      Recuerda tanto al Papa Bear de Wegner que casi me atrevo a asegurar que este modelo surge a la sombra del venerable oso y a la sombra de la modestia parece que diseña Svend Skypper, apenas veo diseños suyos por la red, pero los que hay rezuman una personalidad propia sugerente y atractiva, muy danesa, muy especial. Unos conceptos estéticos y unas hechuras, tanto en tapicerías como en esqueletajes, muy diferentes a las del resto de Europa. Acabados y perfiles que no terminan de cuajar en el gran publico y que deja estas creaciones en el olvido, aunque en los últimos años la moda vintage las está recuperando..., afortunadamente.
 

 
 


viernes, 4 de marzo de 2016

UN SILLON DE REVISTA.






      
 
  Apenas si tardo unos segundos en reconocerlo pero aún así me pregunto ¿es él...? parece la primera versión del R-160, ancho, de respaldo bajo, de amplias orejeras y reposabrazos rasos. Observo las patas, el cuadradillo superior y entonces no tengo dudas, es él y ese armazón lo he hecho yo.
  Me siento halagado y contemplándolo en la revista lo encuentro diferente al modelo australiano, lo encuentro con otro aire, con personalidad propia,  con la impronta de mi diseño, de mi replica.
   Continuo mirándolo y reflexionando, tratando de asimilar lo que ese sillón ha influido en mi vida..., sonrío y paso la pagina, pero vuelvo atrás y continuo sonriendo..., que chulos están los flamencos, aunque hubiese preferido canguros..., y sonrío un poco mas.
  

viernes, 26 de febrero de 2016

OREJERO BASCULANTE EN ROJO Y NEGRO.







 
     

  Ya estaba en La Casa... en la casa que mi amiga Joa compró en Sot de Ferrer, sus anteriores dueños lo dejaron allí junto con algunas cosas mas y en él y junto a la estufa de sus abuelos pasó mi amiga su primer invierno, con las cumbres de la Calderona al otro lado de las ventanas y con la chimenea ardiendo, quemando troncos de carrasca, y pedazos de pino y haya traídos desde el taller de esqueletaje. Unas llamas danzantes, coreografías ardientes y vivaces sobre un escenario de brasas, frente a la vieja estufa de gas, tan anciana como el basculante tapizado en polipiel rojo y negro.
    - Mis abuelos ya se calentaban con esta estufa, pero solo encendían una placa para no gastar mucho gas, era un salto alucinante, del brasero a la estufa. Pasaban largos ratos mirando la placa, sentados en las sillas de enea..., ¿sabes Pedro...?, mis abuelos nunca compraron un sofá -me cuenta Joa, mientras alimenta la chimenea, mientras la anciana estufa, ronca con sus tres placas encendidas y yo vuelvo mis ojos hacia el viejo basculante, una auténtica rareza, una especie de endemismo que solo se hizo en la Comunidad Valenciana.
  Y dejo volar la imaginación, me pregunto a quien se le ocurriría la idea de colocar unas hilera de muelles de tapicería en la parte trasera del sillón para convertirlo en algo parecido a un balancín.
   - A mi marido le cuesta levantarse... a mi señora le gustan los balancines pero se marea si se mueven mucho... es que los asientos de muelles son muy caros... y los de cinchas muy duros.
   El tapicero se preocupó por  esos clientes, les prometió que les llamaría en unos días y llegada la hora de cerrar, el aprendiz se marchó, pero él se quedó, cerró las puertas de la tapicería, sujetó entre sus encallecidos dedos uno de los muelles que usaban para los asientos elásticos y miró a su alrededor, observó los asientos preparados con cincha reciclada de neumáticos y los preparados con yute... pero no vio nada más, continuó observando y descubrió al aprendiz esperando tras la puerta de cristal.
   - ¿Se te a olvidado algo...? -preguntó, abriendo la puerta.
   - No se me ha olvidado nada, Don Luís..., pero es que he estado pensando toda la tarde en eso que le han dicho los clientes.
   - Ya me he dado cuenta, has tenido que desclavar los bastidores y volver a hacerlos.
   - Si, eso es verdad..., pensaba en otra cosa y se me ha ocurrido algo.
   - ¿Qué se te ha ocurrido...?
   - ¿Y si ponemos  atrás muelles en vez de patas...? ¿Qué pasaría...? -respondió el aprendiz, quitándose el chaquetón de pana, que había usado su padre antes que él y agachándose junto al esqueleto de un orejero.
   Cogió cuatro muelles, los alineó sobre el trasero y apoyó el armazón lentamente, presionó un poco y el orejero basculó hacia atrás. Apretó un poco más y uno de los muelles se comprimió de lado hasta deformarse y salir rebotado hacia el tapicero, que se había agachado junto a su aprendiz.
   - ¡Cojones..! -exclamó apartando la cara y esquivando el muelle- ¡en vez de aprender, pierdes el oficio...! vete para casa que aún me sacaras un ojo con tus inventos de bombero.
  El aprendiz agachó la cabeza, se abrigó de nuevo con el chaquetón, abrió la puerta, pero se detuvo al escuchar la voz de don Luis
   - ¿Dónde te crees que vas, chaval...? los muelles habrá que atarlos para que no salgan volando, ¿no...?
  Observo el orejero tapizado en rojo y negro y sonrío, escucho a la vieja estufa roncar, las brasas fluctúan, ya no hay bailarinas que se contorsionan y fuera de La Casa ya ha caído la noche.