lunes, 11 de febrero de 2013

CAPITONE Y PIEL, UN MATRIMONIO FELIZ.

  
Los sillones, de vuelta a casa del cliente tras el viaje de bodas.
                                                 

 Hace ya tiempo que no paso por la tapiceria de Jose Castillo , pero poco importa, Jose hace fotos de algunos de sus tapizados y me las envia y justamente hoy me ha enviado las fotos de uno de sus ultimos trabajos, pero esta vez no se trata ni de un yate ni de una funcional y angulosa bancada de restaurante. Se trata de dos sillones de estilo que han celebrado algo así como sus bodas de plata, volviendo a casarse, volviendo a unirse en un matrimonio feliz, el del capitocon la piel natural.
  Y he dicho justamente porque hace unas semanas Tapestry nos iniciaba en el mundo del capitoné y poco a poco nos iba desvelando los secretos de esos rombos, de esos pliegues y de esos botones que llevan mas de cién años casados con la piel natural.


¿Quien se atreve a decir que de ahí surgirán unos armoniosos rombos...?, solo es una piel arrugada y agujereada, ¿o no...?.

Y lentamente va tomando forma y las arrugas se vuelven hermosas.
                                                   



 

jueves, 7 de febrero de 2013

TODO EL MUNDO AMA LAS CHAISE LONGUES.



  Es curioso, el martes, Ángel Zamora me pedía una chaise longue para su sobrina, de la misma forma que, hace unas semanas, Pepe Valencia me pedía otra chaise longue para sustituir al orejero de su hija.
  Ayer mismo empecé a hacerla, justo después de volver de mi curiosa entrevista de trabajo. Me costó arrancar, me costó encender las luces y empezar a trabajar. Hay veces que se me hace extraño dejar las teclas, después de escribir un post, y cambiarlas por la madera, por la maza, por la grapadora..., pero la sobrina de Ángel quería esa chaise longue  y yo necesitaba trabajar, necesitaba sentirme útil.
  Esta mañana ya le he terminado y Ángel ya se la ha llevado, le he dicho que me llame cuando la tenga hecha.
    - Llámame y de paso te hago un reportaje de la tapicería.
    - Vale, yo creo que para el miércoles ya la tendré.
    - Lo dicho, llámame.  

                                                                        

miércoles, 6 de febrero de 2013

SOY ESQUELETERO Y BUSCO TRABAJO.



                                                                              

  Esta tarde he ido a buscar trabajo, he cerrado el taller y he conducido la ranchera hacia Albal, un población muy cercana a Valencia y con bastante tradición mueblista.
  He conducido sin gps y sin haber memorizado antes la ruta, siguiendo los paneles informativos de la autovía, rodando sobre un asfalto sin apenas tráfico y desviando mis ojos durante unos instantes hacia una enorme central eléctrica. Me han llamado la atención las gigantescas torres de conducción eléctrica, sucediéndose una tras otra y enlazándose por gruesos cables que se combaban, ligeramente, entre torre y torre. Me he imaginado a la corriente eléctrica llegando a las ciudades, a los pueblos, a los polígonos y a esa fábrica de esqueletaje que he descubierto al mirar a mi izquierda, por encima del quitameidos.
  He sonreído satisfecho, mi intuición no me ha fallado y después de salir de la autopista he sido capaz de llegar hasta la misma puerta de la fábrica, aunque  las dudas han surgido cuando a través del telefonillo me han preguntado a quien buscaba. No sabía como presentarme.
   - Vengo de parte de Plácido, de maderas Hispania.... -he respondido.
 Durante unos instantes el telefonillo ha estado crugiendo y mumurando y después ha zumbado la cerradura, al otro lado me esperaba Vicente Nadal, vestido con el guardapolvos y destilando el mismo olor que emana de mi, oliendo a madera.
  La entrevista ha sido breve, no habrá llegado ni a cinco minutos, pero han sido sufientes para dejarle claras mis intenciones y para que Vicente me enseñara algo de la fábrica y uno de sus controles númericos.
  - Desde Navidad a ahora han venido unos cuantos tapiceros, pero son pequeños y yo no les puedo atender -me confesaba Vicente. 
  - Vaya, pues esos son mis clientes..., talleres pequeños que piden pocas cantidades.
  -Muy bien, pues déjame tu número de teléfono y cuando vuelva alguno de ellos, te lo envío.
  - De acuerdo y lo mismo le digo, yo suelo hacer prototipos para grandes series, la próxima vez hablaré de usted.
  Pese a la brevedad he salido contento de la fugaz entrevista, quizás porque manejando ese control númerico he visto algo que me ha hecho sonreír y que me ha hecho pensar que Vicente Nadal es una persona abierta a las nuevas ideas y a los nuevos tiempos.
  Golpeando con la maza y encajando la pieza, una oficial preparaba las piezas en el control numérico con energía y brío, con semblante serio y concentrada. Su negra melena, perfectamente recortada a la altura de las suaves mandíbulas, se balanceaba graciosamente y el serrín ni osaba a posarse entre sus cabellos...., o eso he creído yo.

viernes, 1 de febrero de 2013

EL SOFÁ QUE NO SUPE HACER.

  Ya han pasado más de seis años, pero recuerdo aquel día en el que visité las instalaciones de Vidal Grau en Bétera. Iba recomendado como un buen esqueletero, como un buen profesional, pero la verdad es que en aquel lujoso vestíbulo me sentí como un auténtico patán de barrio.
  En medio de toda aquella decoración repleta de pan de oro, de cromados, de muebles recargados y lujosos, de muebles diseñados expresamente para millonarios extravagantes y para jeques caprichosos..., inmerso en aquella opulencia me invadió la angustia y el miedo escénico. Me desmoroné antes de saltar al cuadrilatero. Salí tambaleandome y cuando Jose Luis, el gerente, me enseñó el prototipo que yo tenía que reproducir, me fuí a la lona.
  Recuerdo aquel sofá, sus lineas redondeadas y su platabanda en capìtoné que corría por el delantero, que subia a los brazos y que se reviraba como una helice buscando el copete, el respaldo a dos alturas. Recuerdo su comoda sentada, envolvente, acogedora y aquellas patas en forma de garra y cubiertas de plata. 

Este es uno de los sofás que no me atreví a hacer, pero cuidado,
 el que se ve de frente tiene delante unas mesa centro que confunde el diseño de las patas.
                                               
    Si ese modelo era dificil aún esperaba un segundo sofá, de aquel modelo recuerdo que remataba el respaldo con una enorme peineta de resina cubierta de pan de oro, la pieza encajaba y se ajustaba a sus lineas curvas y se integraba como si surgiese de las mismas entrañas del sofá.
  Jose Luis me explicó que esos prototipos los habian hechos en la misma fabrica, pero que no podían satisfacer el pedido ya en firme y que necesitaban de la ayuda de un esqueletero..., por eso Gonzalo Alvarez me recomendó.
  Aquel momento fue duro, tragué saliba y le dije.
  - Mira Jose Luis, voy a ser sincero, no me veo capaz de satisfacer este pedido, mi taller es pequeño y yo trabajo solo..., y estos sofás llevan muchas horas de trabajo.
  -Si que llevan horas, si..., eso ya lo hemos comprobado.
  Eché una ultima mirada a los sofás y volví a mirar a Jose Luis.
  - Como te he dicho antes, yo no te los puedo hacer, pero conozco a alguien que podrá servirtelos, es una persona muy capaz y le voy a llamar ahora mismo.
  Salí de allí cabizbajo y triste, en aquellos momentos sentía que habia defraudado a Gonzalo Alvarez, un amigo y cliente que habia dado la cara por mi. Se que le llamé y le expliqué lo que habia pasado, después llamé a un esqueletero industrial para el que habia trabajo alguna vez.
  - Bonache, me acabas de hacer un puente de plata -me repondió- hace años que quiero entrar a trabajar para Vidal Grau.
  - Pues ya estas dentro.
  Al día siguiente apareció allí con su camión, cargó los dos sofás y se los llevó a su nave. Se que sirvieron el pedido, pero también se que aquel puente de plata casi se convirtió en un paseo sobre el abismo.
  Ya por entonces, Vidal Grau ya estaba tocada y dejaba un rastro de humo negro como los de aquellos cazas de la Segunda Guerra Mundial que eran alcanzados por el fuego antiaereo o por los cazas enemigos. Se podía seguir el agónico vuelo de aquellos aviones por ese rastro negro y lúgubre, mi padre me lo habia contado alguna vez. 
  Papá vivió la Guerra Civil de niño, y me dijo que a veces veían a esos biplanos volar entre las nubecillas negras que provocaban los proyectiles explosivos de las baterias antiaereas republicanas, a veces los alcanzaban y terminaban precipitandose envueltos en aquel inquietante zumbido que cesaba cuando se destrozaban contra la tierra..., algo parecido a lo que me he encontrado al visitar de nuevo la fabrica de Vidal Grau.


                                               

 De ese lujo me impresionó en su momento..., no quedaba nada y ahora la desolación vuelve a impresionarme, seis años después. Veo esas solitarias palmeras, emergiendo entre el océano de cascotes y me da la sensación de que ha sido una especie de sunami lo que ha asolado la fabrica.

                                                
    Pisando sobre la escombrera descubro algunos de los moldes que se utilizaban para verter la resina, algunas carpetas que en su momento contenían las fotografias de aquellos catalogos fastuosos y espectaculares. 





                                               
                                                    

 Descubro algunos restos de telefonos, las carcasas vacias de algunos ordenadores, molduras plateadas, tableros curvados y bastidores tapizados de asientos. Dunas de fibra de vidrío y un cosmos de uralitas rotas, resquebrajadas, vencidas desde unos techos que ya no existen.


                                                    

                                                     
      

                                                                                                  

                                               


 Ya no queda nada de Vidal Grau y las hierbas crecen entre las grietas de sus muros caídos, otros, los que permanecen en pie muestran los grafitis de quienes ocuparon las naves antes de ser demolidas.

                                                

  El viento vuelve a soplar racheado al atardecer y las montañas azules de la Calderona observan mi paseo entre los escombros, desde sus cumbres contemplaron como se colocó el primer ladrillo, la primera piedra de un imperio desaparecido, mientras ellas permanecen ahi, observando la vida de homo, viendolo morir y viendolo nacer.