miércoles, 15 de febrero de 2012

JOAQUÍN MARTÍNEZ, UN TAPICERO DE LA VIEJA ESCUELA.

Duna y yo hemos callejeado por el centro de Valencia hasta parar frente a la tapicería de Joaquín Martínez Alabor, en la calle Grabador Selma, número 4, pero antes de apagar el motor he echado una mirada al escaparate y no he podido evitar recordar tiempos pasados, cuando Joaquín abría su taller en la misma calle Goya, a pocos metros de mi carpintería. Era habitual verme acercándole los sofás y muchas tardes me quedaba allí un ratito viendo como su hermano Rafa los tapizaba mientras me contaba anécdotas de cuando era aprendiz o de cuando montaba a caballo..., aunque realmente, la anecdota ecuestre siempre era la misma.

Y una vez dentro de la tienda-taller, Joaquín me recibe sonriendo y como siempre, rodeado de docenas de muestrarios de telas; ahí donde miro me encuentro con muestras y catálogos, con todo tipo de tejidos, telas, texturas. Desde tribales rafias hasta las clásicas chenillas o verduras, entre microfibras, polipieles, linos, rasos, estampados o lisos.

Joaquín era bueno en éso, en moverse para buscar telas exclusivas, distintas, diferentes y atractivas, aunque, a veces, los clientes prefieren acabados clásicos, colores sobrios y serios, como el precioso terciopelo con que han vestido a los Capris que monté la semana pasada. Así, con su nueva piel, el orejero cambia por completo y Joaquín sonríe satisfecho al observarlo, mientras me da la sensación que todos esos muestrarios nos miran como diciendo, "conmigo habría quedado mejor....".

El Capri mostrándose acogedor, cálido, blandito....., y eso que aún le falta el cojín del asiento; Duna y yo hemos llegado demasiado rápido.

La madera queda oculta, esperando a que dentro de unos años, el cliente decida cambiar de tela, cambiar de piel, cambiar de imágen..., quizás unos cinco años después, o puede que unos ocho años más tarde, aunque, a veces, la comodidad de los orejeros es tan duradera que llegan a alcanzar la mayoría de edad renovando su pelaje una y otra vez.

domingo, 12 de febrero de 2012

RESPONDIENDO A UN TAPICERO APASIONADO.


Es una pena no poder visitar a Tapestry durante una de esas mañanas que monto en Duna y me paseo. Zaragoza queda algo lejos para acercarse a tomar un café junto a un tapicero enamorado de su trabajo y aficionado a los blogs. 

"Sinapsis de un tapicero", así titula Tapestry su blog, un espacio virtual en el que nos enseña los secretos de un trabajo artesano y ancestral, no puedo evitar pensar en aquellas primeras vestimentas en piel, en aquellos primeros abrigos fuera de la protección de la piedra, armados con puntales de madera y piezas de cuero. Una prehistoria en la que fueron capaces de crear las primeras agujas perforadas de hueso o de marfíl.

Las que utiliza Tapestry son de metal, pero la habilidad está en sus manos y en su gusto, en el respeto profundo hacia su trabajo y en esa pasión que le hace sentirse orgulloso y digno de ser lo que es, tapicero.

Tapestry nos habla del punto escondido, del vivo o del doble vivo, de como tapizar unas sillas en piel después de "lidiar con el toro o con la vaca"..., como diría mi amigo. Nos habla de su oficio post tras post y responde a quien le pregunta, a quien duda, a quien necesita de su saber y de profesionalidad.

Y por cierto, Tapestry, tenía que contestarte al tema de la pata Chippendale y su remate. Es cierto que resulta complicado hacerlo bien, hay quien clavetea chinchetas y quien hace lo que tú, colocar esos cartoncitos para ganar espacio (los que usáis para tapizar a la inglesa) y así disimular las grapas por debajo.

Lo ideal sería que el esqueletero (yo mismo), practicase una recalada de unos 3 milimetros por 3 milimetros justo por encima de la pata, la tela se podría rematar ahí y las grapas quedarían enterradas para siempre. También sería interesante probar rebajando un poquito de la pata para que la tela enrasara con el costado y con el delantero.

Y hablando de tachuelas, me he traído esta foto desde el blog de Tapestry..., así de bien clavetea el protagonista de este post.

viernes, 10 de febrero de 2012

UN SILLÓN WASSILY EN LA TAPICERÍA DE LOS HERMANOS PARDO


Esta mañana me he paseado con Duna, he llevado un bastidor de silla a Juan Vicente Comes y, después, me he pasado por la tapicería de Toni y Julio Pardo, dos hermanos que ya eran clientes de papá y que ahora atiendo yo.
Abren su pequeña exposición en la calle Literato Azorín de Valencia, en el número 27, (telf 963416226).
Nada más entrar me encuentro con una colorida composición, entre terciopelos morados y rojos, que visten a un sofá clásico y a un orejero del mismo estilo.



En la trastienda, Julio retapiza y restaura piezas pequeñas, sillitas o silloncitos rescatados de los años 70, piezas delicadas, que hay que trabajar con delicadeza y mimo.


Detalle del "clin" retirado de los sillones.
Se volverá a utlizar porque es un relleno de origen vegetal que dura bastante más que los rellenos actuales de goma espuma, a la vez que es transpirable, pero tiene algo en su contra, se necesitan manos hábiles para moldearlo. 

De nuevo, un sofá clásico esperando ser restaurado, sus patitas muestran las marcas del paso del tiempo, arañazos, pequeños golpes, cicatrices..., pero ahí están, delicadas, esbeltas, tan finas que aportan una ligereza y elegancia que van mas allá del tiempo y de las modas.
Después de charlar con Julio, vuelvo a montar en Duna y juntos rodamos hasta el taller, en la calle Pare Presentat, nº 10. De camino y cuando paramos en algun semaforo me encuentro con las miradas de algunos conductores que observan a Duna, a sus cromados, a sus galgos..., y me siento bien.
En el taller de tapicería me espera una sorpresa, allí, entre piezas de tela, entre bloques de goma espuma, entre acabados en capitoné, me encuentro con una pieza mítica del diseño de muebles, del llamado diseño industrial que predominó en los años veinte.



Aquí se puede apreciar uno de los secretos de este diseño genial; el asiento y el respaldo forman un ángulo recto, pero Breuer lo inclina todo en bloque hasta lograr que, nada más sentarte, te deslices hasta el respaldo. 

Un sillón Wassily espera ser restaurado, sus cinchas de piel, ya resecas y fatigadas, se han partido, el resto del armazón, en tubo de acero cromado, permanece intacto, inalterable, imperecedero. No obstante, la obra mas conocida de Marcel Breuer se lleva fabricando, ininterrumpidamente, desde el año 1926; algo, realmente, admirable.
 
 
En esta imagen se pueden apreciar dos conceptos, diametralmente, opuestos; acero y cinchas de piel contra un acabado también en piel, pero en capitoné, con planta de herradura, sin líneas rectas, con molduras y pulimentados en nogal. Junto a la butaca, el sillón de acero cromado, tan solo dos elementos, piel y metal, tecnología industrial capaz de curvar esos tubos. A su lado, un ejercicio de artesanía, de oficios ancestrales capaces de manejar la madera, los tintes, el hilo, la piel.

miércoles, 8 de febrero de 2012

UN SOFÁ MODERNO, ACTUAL, DE PERFILES RECTOS.

 
Ni una sola vuelta, ni un solo trazo curvo, nada de perfiles suaves, ni de tallas ni de molduras, nada de muelles, ni de tapicería clásica.


Este modelo recuerda a una viga en H, los anchos brazos, de 22 centímetros, descienden como pilares hasta el piso, para terminar apoyándose en una patas de 3,5 centímetros de altura, pulimentadas pero de tan escasa altura que apenas quitan protagonismo a esa estructura en H.

El respaldo se monta por separado y, finalmente, se atornilla, una vez tapizado; esto permite un tapizado más pulcro y ajustado y, al tiempo, cierta comodidad si el acceso a las viviendas es estrecho o revirado.


También se puede fabricar con los brazos desmontables, de esta forma, una sola persona puede transportar el sofá sin ningún problema. Se tapiza utilizando técnicas de enfundado y se remata con unos enormes cojines, tanto en asiento como en el respaldo.

Los largueros, que formarán el respaldo, recién mecanizados en la universal.


martes, 7 de febrero de 2012

Y EL CAPRI YA ENSAMBLADO.

Y,  poco a poco, el sillón orejero va tomando forma, ahora sólo queda ensamblar los costados y montar las orejas.

Las costados, brazos y orejas recién mecanizados entre la famosa y siniestra tupi y la universal.


Las piezas junto a los respaldos y delanteros, listas para montar.

El Capri ya montado y bien sujeto con los gatos, los mismos que usaba mi padre y que han apretado varios miles de piezas entre butaquitas, pufs, banquetas, sillones, sofás, divanes, sillas, silloncitos.

El orejero a falta de pulimentar las patas, después llegará el turno del tapicero, de las telas, del hilo, de los rellenos, de las cinchas elásticas, del gusto y del mimo de sus manos.


Y justo cuando terminaba los tres orejeros, Joaquín me llamaba para confirmarme que la clienta había decidido colocar también un hermano mayor de los sillones, un sofá orejero de 1.60 m.
En la imagen se puede ver ya con las patas pulimentadas.

lunes, 6 de febrero de 2012

TAPIZADOS GÓMEZ



Julian y José son hermanos y abren su tapicería muy cerca de mi taller de esqueletaje, concretamente, en la calle Luis Lamarca, nº 35 de Valencia y responden los pedidos en este teléfono. 96 359 96 52.

Se formaron en el taller de Juan Vicente Comes y años después fueron capaces de abrir su propia tapicería.
Hoy les visito a pié, sin Duna, y lo primero que veo, nada más entrar, son los coloristas y divertidos pufs que hace José en sus ratos libres. No puedo evitar sonreir siempre que veo sus pantalones vaqueros convertidos en la piel de uno de esos pufs, a veces, también los tapiza con telas de saco, incluso, hace pequeños baulitos o cofres desde los que asoma esa simpática mascota.

Pero dentro me encuentro con algo más serio, un precioso y delicado tresillo de estilo isabelino, de sinuosas formas, esbelto y repleto de molduras y tallas. El sofá ya está desclavado y se muestra desnudo, esbelto, de finas líneas, ligero, grácil..., un estilo y unos esqueletajes muy distintos a los modelos actuales en los que la tapicería y los cojines enormes abundan.
 
En otro rincón de la tapicería descubro el sillón que aún muestra el relleno viejo con los agujeros que daban forma al acabado en capitoné.
Julián ignora mi presencia y yo tiro fotos, pero sonríe cuando le pido que pose para la eternidad. No quiere posar pero, al final, le convenzo amenazándole de hacerle una foto a la coronilla si no posa.
Sonríe algo tímido.
Julián y José no son de mucha cháchara, son trabajadores natos, personas que hacen las horas que hagan falta para que los encargos estén terminados en los plazos dados.

Julián y José fueron capaces de tapizar una rinconera que nadie, en España, podía hacer..., o éso fue lo que le dijeron a mi amiga Mariangeles, que cansada y derrotada de visitar tiendas y de encontrarse con las negativas de los comerciales, me preguntó si yo hacia sofás a medida.
- Mariangeles, ¿de qué crees que vivo....?.

Unos días despues Mariangeles vino con un catálogo y con un boceto hecho por su pareja.