martes, 8 de abril de 2014

SOL, MADERA, ARMAZONES Y VIDA.



 Existe el amanecer gracias al sol, esas primeras luces siempre me arrancan una sonrisa, me susurran que estoy vivo y que los vampiros se han recluido entre las sombras. Poco a poco, esas primeras luces se convierten en una luz intensa y ardiente que a partir del medio día incide sobre los viejos y resecos portalones del taller de esqueletaje. 
  Las caras que dan a la calle tienen una curiosa piel, de un tono extraño que, ni es madera ni barniz, realmente es la resina que durante décadas supuró de entre las tablas soportando el sol, día tras día, y que ahora se ha endurecido, que ya no resbala y que ni se pega a la manos, que ya no desprende olor. 



   Sin embargo, la cara oculta, la que da al taller, mantiene su color original, ya algo oscurecido, pero sin costras ni resina petrificada... una curiosa dualidad, como si esos portalones representasen a alguien viejo pero de espíritu joven, como si fuesen capaces de envejecer a distinta velocidad, como si la mente no concibiese la decrepitud fisica o la fatiga de la piel y de los huesos.
   Viejos conocidos, el sol y la madera que se cubrió de resina para protegerse del fuego que a veces se enseñorea por el taller, buscando la cara oculta y vírgen de esos portalones, pero que se encuentra con otra madera que ha adquirido la forma de sillones o de sofás. En ese momento, los llena de una luz que me hipnotiza, me imagino que igual que hipnotiza al fotógrafo o al pintor... pero tiene su sentido, la luz y el calor es la vida.


miércoles, 2 de abril de 2014

JUTTA Y SU SILLA INALCANZABLE.


  La silla de Jutta no era para sentarse, era una silla para encaramarse sobre ella, para treparla, para rodearla, para dejar volar la inspiración.
    Era una silla para tumbarla, para danzar sobre ella en medio de un escenario y para reptar entre sus huecos. Una silla inalcanzable que retaría a las bailarinas que verían en ella un estimulante totem al que acercarse con coreografias surgidas de la emoción y de la sugestión. Un objeto cotidiano y común convertido en el foco de la creatividad y de la imaginación que debería de mover sus cuerpos a su alrededor, que debería invitarlas a acercarse a ella, preguntándose qué hacer, cómo tocarla, cómo rozarla o cómo hacerla bailar, a la silla misma, entre ellas.
   - Me gusta... -murmuró Jutta pasando sus manos por unas patas que se alzaban hasta 1.90, el respaldo seguía ascendiendo hasta unos vertigonosos 2.40 metros de altura - ¿me puedo subir...?, ¿aguantará...?.
   - Eh..., debería aguantar... -susurré pensando si los ocho tornillos soportarían a Jutta. La diseñadora norteamericana era alta y calzaba unas botas hasta las rodillas, sin tacón y, aún así, sus ojos quedaban a la altura de los míos- entonces... ¿te subes..?.
   Jutta sonrió excitada y yo sujeté con fuerza el enorme respaldo, bajo el tablero de 4 milímetros se escondían un entramado de travesaños que convertían ese respaldo en una especie de muro de carga que debería soportar todo el peso y las fuerzas laterales de las bailarinas y de Jutta.
  - Subo... -anunció, apoyando sus botas en la primera balda.
  La silla rechinó y ella asomó su cabeza.
  - Hace ruidos...
  - Tranquila, es normal... los barcos también hacen ruidos.
  Volvió a sonreir y volvía notar como Jutta se encaramaba y como escalaba hasta la cima, desde allí me lanzó una sonrisa que me hizo correr a por la reflex.

 
  - ¡No te muevas que voy a por la cámara..¡, pero bueno, ¿qué estoy diciendo, a donde coño va a ir...?
   - ¡Luego la sacamos a la calle... como haces con tus cosas...¡ - voceó desde las alturas.
   Jutta balanceaba las piernas y sonreía como una niña traviesa ante su panda de amigos, ninguno de ellos se había atrevido a subirse y ahora todos la adoraban y admiraban, incluso, el esqueletero la vió allí arriba satisfecha, contemplando la calle con los ojos de la diseñadora, de la creadora. Era una visión especial, una visión desde las alturas. Hasta esa tarde nunca nadie había visto la calle sentada desde una silla a casi dos metros de altura... Jutta veía así el mundo.



   - De niña llamaron a mi madre para que me sacara de la guardería... no podían impedir que me subiese a los árboles..., por cierto Pedro, ahora quiero hacerle algo a los pies o patas de la silla para que se balancee... para que se quede sola en el escenario, sin bailarinas... balanceándose.
  No dije nada, tan solo le hice fotos cuando Jutta empezó a calcular la curva del patín con la ayuda de las raíces cuadradas y de las fórmulas de trigonometría... aquello me superaba.

miércoles, 26 de marzo de 2014

RECUERDOS, PLANTILLAS Y OREJEROS.



   El lunes sentí miedo cuando la universal empezó a hacer un ruido raro, enseguida me vino el recuerdo de cuando se gripaban los rodamientos del eje principal. 
   Aquello suponía una especie de gran parada y, entre papá y yo, lográbamos cambiar los rodamientos, pero papá ya no estaba y yo, sólo, me sentía incapaz de cambiarlos. Probé a mover el eje con la mano y lo noté como trabado, entonces se me ocurríó comprobar algunas de las poleas de arrastre y descubrí que estaban a punto de romperse. Cambié las tres poleas, engrasé los rodamientos y desapareció el ruido, pero el olor de la grasa quedó en mis manos, recordándome, una y otra vez, a él, a papá, durante ese día entero que duraba la gran parada.
  Y al día siguiente, ya mucho más relajado,  salí a hacer los 60 kilómetros de siempre, con la bici de carretera, deseando llegar a ese campo abandonado de naranjos para comerme un par de sus deliciosas, dulces y jugosas, naranjas.
  Mientras las pelaba observaba las flores del azahar y las nuevas hojas de un verde oscuro, limpio y sano, lleno de vida.  El viento arreciaba y con el móvil apagado y guarecido tras sus ramas, me sentía solo en el mundo, era de nuevo Neville, comiendo de lo que daba la tiera, bebiendo agua cogida de una fuente y lavándome las manos con esa misma agua. En ese momento, un recuerdo ha surgido de no sé donde y he visto a mi padre cuando se lavaba las manos al final de las jornadas de pesca en el Perellonet.
    - Échame agua, Pedrín -me pedía, mientras yo vertía de la botella.
  Después me lavaba yo y regresábamos a casa en el Seat 124, por la noche llegaba a soñar con el suro y en cómo se hundía cuando picaban las llisas, de manera sutil y delicada.
   Despues de regresar a la realidad, he pedaleado hasta casa y a última hora de la tarde una peculiar luz se ha asomado por el taller, me ha recordado a la luz que lo inundaba antes de que el barrio creciese y las viviendas se alzaran deteniendo la luz del sol.


   Ha sido una imagen del pasado y del presente, el taller, sus tablones y las plantillas colgando de las fatigadas paredes, el dibujo de un orejero en papel, después dibujadas en cartón y, finalmente, sobre la madera.


  Con el sacabocados he hecho los agujeros en las nuevas plantillas, las he unido con un cordel y el nuevo orejero ha quedado colgado junto a las decenas de modelos que reposan, casi eternamente, hasta que alguien vuelve a acordarse de ellos.
  Es curioso, papá cubrió estas paredes con sus plantillas y la historia se repite, ahora voy colgando, poco a poco, las mías, dejando un registro de las modas y de las tendencias de cada época, de cada década, de los deseos de las personas.  
    

viernes, 21 de marzo de 2014

VILMUPA Y TONINO, EL DECORADOR Y SU MUNDO.





 Duna volvía a llevarme hasta la calle Grabador Esteve de Valencia, recordé nuestra placentera visita a Sedere y decidí entrar cuando pasé por la puerta, saludé a Bea y a Diana y, ya que estaba allí,  les sugerí la idea de hacerles un Papa Bear.
   - Será un icono más para esta galería de famosos.
  No les pareció mala idea, charlamos un rato y me despedí.
  - Tengo que tomar medidas de un sillón en una tienda que se llama Vilmupa.
  - La tienes casi enfrente -me dijo Bea- en el número 16.
  - Perfecto..., venga, nos vamos viendo.
  Salí de Sederé y enseguida descubrí el escaparate de Vilmupa, también su peculiar entrada. La tienda no se abría a la calle, ocupaba un bajo anexo al edificio y se accedía por él, por el portal.
   Me asomé y enseguida me encontré con Tonino.
   - Hola, soy Pedro, me envía Comes para ver el sillón y el sofá.
   - Ah, perfecto, pasa, pasa..., soy Tonino..., bueno, mira, ése es el sillón y aquí tienes el sofá.
   - Ya, ya... -murmuré asintiendo y mirando a mi alrededor; la tienda me había dejado sorprendido y en lo último en que pensé fue en tomar las medidas del sillón y del sofá.
   - ¿Te importa que eche un vistazo a la tienda...?.
   - Claro que no, hombre.
   Sonreí y comencé a curiosear entre todo aquel mobiliario que recordaba a otros tiempos y a otras épocas, todo allí tenia el aire vintage tan de moda, desde las lamparas hasta las sillas, reconocí la silla Y de Wegner y algunas versiones de las Eames, junto con varias Rennes y con algunos silloncitos de estilo lacados en blancos.
  -Tonino.., tengo un blog y me gusta hacer reportajes a los tapiceros y las tiendas de decoración..., ¿puedo venir otro día ha hacerte un reportaje para mi blog...?.
   - Pues..., claro hombre.
   Sonréi y cuando volví a Vilmupa lo hice con la cámara  colgada del cuello y contemplándola a través del objetivo de la reflex, encuadre a encuadre, buscando rincones atractivos y encontrando a un maniquí que posaban sobre los muestrarios o un sillón, de un azul aterciopelado que descansaba junto a unas viejas maletas, puede que olvidadas por algún viajero que decidió quedarse allí, entre aquellos muebles o que cambiase de opinión y decidiese embarcarse en el velero rumbo a las Filipinas, para volver después con ese recuerdo, con ese enorme coleóptero, que me recordó a los escarabajos rinoceronte que me gustaba observar de niño en las noches estivales o al único ciervo volante que vi en mi vida, allí en la Sierra Calderona, también durante aquella infancia pasada entre pinares y escorpiones.  

 
Pero el viajero debió tocar tierra algo más lejos y decidió cambiar ese velero por una Harley con la que recorrió parte de esa mítica Ruta 66, después se asomó a las frías tierras de Alaska y  se topó con ese oso polar que terminó allí, donde olvidó esas maletas, en Vilmupa, en ese mundo que Tonino había creado para él y para sus clientes, como retazos de ese viaje imaginario, como si aquel viajero le hubiese contado a su vuelta todas sus vivencias, todos los recuerdos de ese viaje que terminaría dejando allí, en su local, en su tienda en su propia su creación, junto a esas maletas que volvió a dejar olvidadas.




     - Vaya...., este oso me trae recuerdos..., bueno Tonino, te tengo que preguntar por el nombre, ¿por qué Vilmupa...?
   Tonino sonrió, se encendíó un pitillo, después de salir a la calle, y respondíó.
   - Bueno, es un nombre compuesto, Vil de mi apellido Vila, Mu, del apellido de mi mujer, Muñoz, P de la inicial de mi hija Paula y la A, de mi hijo Antonio.
   - Me gusta..., o sea que Vilmupa sois todos, toda tu familia.
   - Pues si...., y ya van diez años de Vilmupa.
   - Guay..., y que sean diez más.

martes, 18 de marzo de 2014

EL ESQUELETERO QUE ADMIRÓ A GRANT FEATHERSTON.



http://www.bubok.es/libros/232071/EL-ESQUELETERO-QUE-ADMIRO-A-GRANT-FEATHERSTON
Pinchando aquí podreis comprar un ejemplar o descargaroslo.


    Me apetecía escribir este librito, esta breve semblanza de mi vida laboral, porque en los últimos dos años han ocurrido cosas que me han sorprendido gratamente, momentos felices y emotivos, pese a esta crisis que me sigue mordiendo con saña.
  En este librito hablo de mi infancia, de como visitaba a mi padre en el taller de esqueletaje y de como crecí junto a él, de como le acompañé en los ultimos años de su vida y de como la crisis me dejó casi arruinado, impotente y desconcertado.
  No sabía donde buscar trabajo ni como, me hundía, sentía el aliento del lobo en la nuca y ya me daba por vencido..., hasta que María Hernández me sugirió que abriese un blog sobre mi trabajo.
   Aquel fue uno de los mejores consejos que darían en mi vida y con la ayuda de María abrí este blog y, lentamente, mi vida fue cambiando,empecé a tomar decisiones y a creer en mis ideas..., algunas de las cuales he decidido contar en "El esqueletero que admiró a Grant Featherston" y que ahora publico en Bubok para que a quien le apetezca la pueda comprar o descargar, gratuitamente. 
Espero que os guste.


   Por cierto, este genial fotomontaje es obra de ella...., de María.

domingo, 2 de marzo de 2014

UN OSO EN LOS JARDINES DEL RIO TURIA.


    Recuerdo el día en el que María me envió un enlace para que viese como Hans Wegner promocionaba su Papa Bear, a principios de los años cincuenta. En el enlace, se le podía ver sentado en su oso particular, domesticado y dulzón, acogedor y cálido. Wegner parecía un adolescente inquieto y se sentaba de medio lado o colgaba una pierna por encima del reposabrazos..., venía a decirnos que dentro del Papa Bear te podías sentar como te daba la gana, bien erguido, para leer atentamente, o repantigado, cruzado o como abrazado a las garras del bonachón plantígrado.


  También recuerdo una serie de fotos del Papa Bear dejado caer en medio de un frondoso bosque, podría ser un espeso hayedo o un bosque de fresnos, de arces o de robles..., todas maderas nobles que aquellos diseñadores daneses no vacilaron en usar para dar forma y volumenes a sus diseños.
    Aquella imagen me impactó y finalmente decidí cargar con uno de los osos, después de dormirlo con un dardo, y bajarlo a los jardines del río Turia.


  Lo que me rodeaba no era un hayedo, ni un bosque interminable de coníferas, era una pequeña umbría en la que los olivos alzaban sus ramas libres de podas, incluso recordaban al amplio copete del Papa Bear. Me fijé en los retorcidos troncos y en las ricas texturas de una corteza que escondía una hermosa madera.
   Decidí que ese era el lugar, entre viejos olivos que observarían al Papa Bear como a un turista de piel blanca y ojos azules llegado del frío norte de Europa, de la misma forma que el oso se preguntaría qué árbol era ése que también le miraba como los ojos de un anciano milenario.