Vientos de cambio, cambios de moda y cambios de mentalidad, cambios en la forma de ver la vida que llegan con los años...., susurra mi amiga Xelo Romero, como para animarme, aunque a veces parece que flote en la atmósfera que me rodea una calma aplastante y un silencio que me inquieta.
A veces me asomo a la calle desde el viejo taller de esqueletaje y la descubro casi desierta y demasiado tranquila, los niños hace tiempo que dejaron de jugar en ella y los vecinos se acinan en sus casas, la calle parece tierra de nadie, salvo cuando me animo y saco a la acera mis esqueletos, cuando expongo frente a la viejas puertas de mobila a esta familia tan vintage, tan elegante y tan retro. Incluso da la sensación de que ellos mismos han salido a la calle para llamar la atención, incluso parece que fuesen las mismas plantillas las que cobrasen vida propia desde las paredes, las que reptasen hasta los tablones para tomar las formas que hace decadas mi padre ya daba con sus manos.
Son las ideas las que salen del taller y que se muestran a la luz del amanecer como nunca antes se habia hecho, llegando como un viento fresco, como un aliento de esperanza, como la brisa que llegaba desde el mar trayendo el olor al salitre y a las especias de otras tierras y culturas. Eran vientos de cambio.


















































