miércoles, 8 de febrero de 2012

UN SOFÁ MODERNO, ACTUAL, DE PERFILES RECTOS.

 
Ni una sola vuelta, ni un solo trazo curvo, nada de perfiles suaves, ni de tallas ni de molduras, nada de muelles, ni de tapicería clásica.


Este modelo recuerda a una viga en H, los anchos brazos, de 22 centímetros, descienden como pilares hasta el piso, para terminar apoyándose en una patas de 3,5 centímetros de altura, pulimentadas pero de tan escasa altura que apenas quitan protagonismo a esa estructura en H.

El respaldo se monta por separado y, finalmente, se atornilla, una vez tapizado; esto permite un tapizado más pulcro y ajustado y, al tiempo, cierta comodidad si el acceso a las viviendas es estrecho o revirado.


También se puede fabricar con los brazos desmontables, de esta forma, una sola persona puede transportar el sofá sin ningún problema. Se tapiza utilizando técnicas de enfundado y se remata con unos enormes cojines, tanto en asiento como en el respaldo.

Los largueros, que formarán el respaldo, recién mecanizados en la universal.


martes, 7 de febrero de 2012

Y EL CAPRI YA ENSAMBLADO.

Y,  poco a poco, el sillón orejero va tomando forma, ahora sólo queda ensamblar los costados y montar las orejas.

Las costados, brazos y orejas recién mecanizados entre la famosa y siniestra tupi y la universal.


Las piezas junto a los respaldos y delanteros, listas para montar.

El Capri ya montado y bien sujeto con los gatos, los mismos que usaba mi padre y que han apretado varios miles de piezas entre butaquitas, pufs, banquetas, sillones, sofás, divanes, sillas, silloncitos.

El orejero a falta de pulimentar las patas, después llegará el turno del tapicero, de las telas, del hilo, de los rellenos, de las cinchas elásticas, del gusto y del mimo de sus manos.


Y justo cuando terminaba los tres orejeros, Joaquín me llamaba para confirmarme que la clienta había decidido colocar también un hermano mayor de los sillones, un sofá orejero de 1.60 m.
En la imagen se puede ver ya con las patas pulimentadas.

lunes, 6 de febrero de 2012

TAPIZADOS GÓMEZ



Julian y José son hermanos y abren su tapicería muy cerca de mi taller de esqueletaje, concretamente, en la calle Luis Lamarca, nº 35 de Valencia y responden los pedidos en este teléfono. 96 359 96 52.

Se formaron en el taller de Juan Vicente Comes y años después fueron capaces de abrir su propia tapicería.
Hoy les visito a pié, sin Duna, y lo primero que veo, nada más entrar, son los coloristas y divertidos pufs que hace José en sus ratos libres. No puedo evitar sonreir siempre que veo sus pantalones vaqueros convertidos en la piel de uno de esos pufs, a veces, también los tapiza con telas de saco, incluso, hace pequeños baulitos o cofres desde los que asoma esa simpática mascota.

Pero dentro me encuentro con algo más serio, un precioso y delicado tresillo de estilo isabelino, de sinuosas formas, esbelto y repleto de molduras y tallas. El sofá ya está desclavado y se muestra desnudo, esbelto, de finas líneas, ligero, grácil..., un estilo y unos esqueletajes muy distintos a los modelos actuales en los que la tapicería y los cojines enormes abundan.
 
En otro rincón de la tapicería descubro el sillón que aún muestra el relleno viejo con los agujeros que daban forma al acabado en capitoné.
Julián ignora mi presencia y yo tiro fotos, pero sonríe cuando le pido que pose para la eternidad. No quiere posar pero, al final, le convenzo amenazándole de hacerle una foto a la coronilla si no posa.
Sonríe algo tímido.
Julián y José no son de mucha cháchara, son trabajadores natos, personas que hacen las horas que hagan falta para que los encargos estén terminados en los plazos dados.

Julián y José fueron capaces de tapizar una rinconera que nadie, en España, podía hacer..., o éso fue lo que le dijeron a mi amiga Mariangeles, que cansada y derrotada de visitar tiendas y de encontrarse con las negativas de los comerciales, me preguntó si yo hacia sofás a medida.
- Mariangeles, ¿de qué crees que vivo....?.

Unos días despues Mariangeles vino con un catálogo y con un boceto hecho por su pareja.

viernes, 3 de febrero de 2012

UN SILLON OREJERO LLAMADO CAPRI (1ª parte)


Este orejero siempre ha estado ahí, entre los modelos de mi padre, entre las plantillas suyas que heredé y que sigo usando. También es su letra, siempre elegante y con garra, de trazo firme.


Y pese al paso de los años se sigue vendiendo sin apenas variaciones, salvo que las pida el cliente, algo menos hondo, menos ancho, por ejemplo, para adaptarlo a un dormitorio o una persona de poca estatura. Incluso los acabados varían, se puede hacer para preparar un asiento de muelles independientes o para cincharlo con cincha elástica, para rematar con faldón o volante o con patas de madera vista tipo Chippendale o también llamadas de "pecho de paloma", como el que he estado haciendo estos días.
El orejero es algo parecido a un trono, es algo íntimo, un mueble para una sola persona, que le acoge y le invita a descansar, a meditar, a leer o a fumar un habano o una buena pipa, siempre bajo la luz cálida de una lámpara y junto a una mesilla sobre la que dejar la copa de buen vino y el libro con el que uno sueña y se evade mientras lee.
Pero todo empieza aquí, en mi taller de esqueletaje, entre mis manos y entre los tablones de haya que voy marcando para sacar esas patas Chippendale.
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Sobre esta cara hay que volver a marcar el perfil de la pata, se vuelve a cortar y ya está lista para lijar. Se obtienen dos perfiles, aquí en Valencia, a esta técnica se le llama "buchir y contrabuchir"


Cortando las consolas delanteras o reposabrazos.


Una vez preparadas las rebajo para recibir la pata Chippendale.


También he rebajado las patas, de esta forma se encolan y forman un solo conjunto bastante sólido que despues se verá reforzado con los costados y delanteros.


Los tres elementos de la consola listos para encolar. El taquito de madera suelto es el que dará la forma redonda al brazo.



Ya puede apreciar el conjunto montado sobre la pieza delantera, se ve también el taquito ya redondeado y junto a la consola, los travesaños que formarán el respaldo.

Aquí se aprecian las barras o pilastras de los respaldos con los suplementos de madera encolados, despues en la sierra de cinta se la dará una forma sinuosa que jugará con la oreja.


Respaldos y delanteros encolados.


miércoles, 1 de febrero de 2012

EL SOFÁ DE FRASIER, MI PSIQUIATRA FAVORITO.



El apartamento de Frasier destila calidez, la madera en un tono claro y acogedor inunda ese enorme salón y te acoge, contra el frío y la humedad de un Seattle que se asoma al gran salón a través de un enorme ventanal. Frente a él, Frasier reposa y toma sus vinos, toca el piano o se deja llevar por sus ensoñaciones, para éso utiliza una silla de reposo, de meditación, anatómica y ayudada por un puf realizado con partes metálicas y de madera laminada curvada.


A otro nivel, un poco inferior, se abre el salón, con su chimenea y ese gran sofá tapizado en tela marrón, de corte clásico, de reposabrazos redondos y de respaldo muy bajito. Es tan profundo que invita a sentarse muy adelantado, en posición de alerta, atento a la charla, a la discusión que muchas veces Frasier entabla con su padre, el policía retirado con una visión muy distinta a la de sus hijos, incluso su sillón de ver la televisión deja claro cual es su posición ante la vida, es un viejo reclinable, de tela basta y remendada y que comparte con Eddie.



El sofá es tan profundo que en su respaldo habitan multitud de pequeños cuadrantes, de pequeños cojines que ayudan a acomodarse en un sofá en el que es difícil apoyar los hombros o la cabeza…, pero que puede acogerte durante una siesta o durante una noche.
Y frente a la cocina, de manera sutil, el espacio para las comidas surge entre estanterías abiertas y dominado por unas sencillas sillas de patas despuntadas y de tapicería ligera.


No hay excesos en el luminoso apartamento, quizás la madera, omnipresente y como equilibrando ese mundo artificial de las urbes norteamericanas, como recordando que el hormigón y la luz de ese Seattle envuelto en brumas es algo poco natural…, pero siempre atrayente.